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Viernes, 4 de marzo de 2011

PANTALLA PLANA

Sangre en los ojos

Está de regreso desde hace tres semanas el más gentil asesino serial de malvados. Es decir, Dexter en su quinta temporada, luego del shockeante final de la cuarta, con su esposa desangrada en la bañera y el bebé llorando sobre el piso enrojecido. Cada final de capítulo puede dejarte con palpitaciones, ahora con el protagonista en vías de humanizarse y tratando de hacerse cargo de su niñito Harrison.

 Por Moira Soto

Cuando ya parecía que nada podría a superar el horror abismal del final de la temporada 4, con Dexter que llegaba sonriente a su casa después de recibir un tierno mensaje de su esposa Rita y nada más abrir la puerta de calle, escuchaba el llanto desesperado de su bebé Harrrison... Escaleras arriba, en el cuarto de baño inundado de sangre, el policía especializado en hematíes ajenos se topaba con la escena originaria de todos esos traumas de la primera infancia que marcaron su destino de asesino serial de asesinos: en el piso, empapado en la sangre de su madre, el niñito gimoteando; en la bañera, sumergido en el agua enrojecida, el cadáver de Rita (a quien Dexter suponía de paseo en Orlando). Descacharrante desenlace que dejó a los/as cada vez más numerosos/as fans de esta serie propiamente con el corazón en la boca. “Ambos nacimos ensangrentados”, decía la voz en off del pensamiento de Dexter al tomar en brazos a Harrison. “Pensé que podía cambiar lo que soy y mantener a salvo a mi familia. Pero no importa lo que haga...”

Bueno, han de saber ustedes que la serie sigue superando sus propias marcas –de suspenso insoportable, de truculencia estilizada, de empatía creciente con el protagonista y con casi todos los personajes secundarios–- después de asistir al ya clásico prólogo ritual presente en el arranque de cada capítulo de todas las temporada, donde el sangrar y el cortar, tan propios del trabajo (oficial y extraoficial) de Dexter, son aludidos por la picadura del mosquito, la afeitada, las incisiones en el bife, la naranja, el huevo frito. Ese preludio que siempre es un placer volver a ver, introito perfecto a las palpitaciones que vuelve a causar este exterminador de seres despreciables, este policía experto en analizar la sangre en la escena del crimen, que niño todavía descubrió su pulsión de matar seres vivos. Pulsión incontrolable que su padre adoptivo, Harry, también policía, orientó hacia la supresión de criminales que evadían la justicia. El progenitor ya ha muerto pero su fantasma sigue acompañando al hijo en momentos cruciales y bajándole línea.

Acaso no haga falta recordarles a los/as amantes de la serie que Dexter, de manera gradual y verosímil, se fue humanizando a través las cuatro seasons previas, en buena medida gracias a la influencia de la dulce (a veces empalagosa) Rita, pero sobre todo, a la cercanía de los niños, primero los dos hijos de ella y luego el bebé propio. Paulatinamente, el frío e indolente Dexter comienza a experimentar emociones que desconocía, cada vez más consustanciado con sus roles domésticos, sin dejar de atender sus tareas en la policía, sin dejar de matar cuando la ocasión lo amerita.

En la cuarta temporada, el seductoramente ambiguo protagonista tuvo que vérselas con Trinity, un brutal asesino actuado con impecable maestría por John Lithgow, capaz de frizarte la sangre incluso en pleno verano porteño. Porque si bien en esta serie se vieron personajes de maldad concentrada, ninguno tan perturbador como Trinity, el malvadísimo que mata de a tres por vez, y que justamente –todas las sospechas nos llevan a él– desangró a la rubia Rita seccionándole diestramente la arteria femoral. Obvio que Dexter se la tenía jurada a Trinity desde antes, pero algo pasó que no pudo liquidarlo a tiempo. No por azar, entonces, en el comienzo de esta nueva entrega que arranca justo donde cerraba la cuarta, cuando un policía le pregunta al consternado Dexter qué pasó, este dice: “Fui yo”. En otras palabras, no eliminó a tiempo a Trinity, el desalmado que mata por mera crueldad. Dexter, en cambio, ha matado a 67 personas –sí, él lleva la cuenta porque es muy minucioso para todo– pero cumpliendo la regla básica de papá Harry: “Nunca lastimes a un inocente”.

La verdad sea dicha, con Dexter no se gana para sustos. Pero nadie hubiera imaginado en la primera temporada que este hombre guapo y atlético, de semisonrisa de Mona Lisa, iba a casarse, tener hijos, ser buen padre, quedarse viudo por muerte violenta de su cónyuge y ahora, en plena quinta entrega, a cargo de un niñito que aun toma mamadera, haciendo su laburo de siempre y teniendo –porque se trata de un deber moral dentro de su lógica– que cargarse de una buena vez al tremendo Trinity (que sabemos que no aparecerá en persona porque John Lithgow no figura en el reparto). Claro que cuenta con el hombro solidario de su hermana Deb y la buena onda de sus inefables compañeros. Pero sobre todo, Dexter cuenta con reservas internas que él mismo desconoce: fue tocante verlo dar su discurso en la ceremonia fúnebre de la desangrada Rita, sinceramente compungido. Este domingo va el capítulo 5, con Dexter entrampado en un serio dilema: ¿matar o no a la chica que supo liberar de un miserable serial killer, pero que –-ay, recórcholis– ha sido testigo de la escena ritual de ese crimen?

Dexter, los domingos a las 18 y a las 24, los lunes a las 22 por Cityvibe

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