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Viernes, 18 de marzo de 2011

RESCATES

La adelantada

Precursora del expresionismo, introductora en Alemania de la obra de Cézanne, primera artista mujer que realizó autorretratos desnuda, Paula Modersohn-Becker protagoniza una excelente muestra sobre el grupo Worpswede, presentada por el Instituto Goethe y el Museo de Arte Decorativo.

 Por Moira Soto

La vida breve, intensa y siempre desafiante de la artista alemana Paula Modersohn-Becker, a poco más de un siglo de su temprana muerte a los 31, conmueve sobre todo por la forma en que encarna palmariamente el dilema, el agobiante tironeo que sufrían –que aún sufren en menor escala– las mujeres entre su responsabilidad como amas de casa –esposas y madres– y la realización de una vocación extrahogareña. La propia Paula escribió alguna vez sobre su “ambición masculina”: a tal punto estaban anclados los estereotipos a fines de XIX, comienzos del XX que una chica de espíritu libre, creativa, capaz de viajar sola a Londres y París e incluso alentada en sus intereses artísticos por sus padres, se sentía angustiada por tener que dividirse entre los quehaceres domésticos y sus actividades plásticas.

Por una amarguísima ironía del destino, hacia 1905, Paula, cuando ya había decidido separarse de su marido Otto Modersohn, acepta la reconciliación cuando él va a buscarla a París, queda embarazada, regresa en marzo al hogar en Worpswede, nace Matilde el 2 de noviembre de 1906 en un parto complicado y unos días después muere la artista... En la exposición que se ofrece actualmente en el Museo de Arte Decorativo hay una tocante foto de Paula Modersohn-Becker en la cama, la mirada alucinada, ya en otra parte, la bebita llorando a su lado...

En esta muestra están colgados algunos de los más bellos grabados y dibujos (se calcula que fueron más de mil), pero ninguna de sus 750 pinturas. En cambio, aparte de la serie de fotografías, figuran obras de varios artistas del círculo de Worpswede, que Paula frecuentó, superando en logros a su maestro Fritz Meckensen y luego a su propio marido Otto Modersohn, quien sin embargo subestimaba cortésmente las búsquedas vanguardistas de su mujer, precursora del expresionismo en su última etapa. Es interesante, entonces, poder comparar, en el lapso de los últimos 10 años de trabajo de la artista, los avances osados de Paula, sus importantes aportes al arte moderno, dejando atrás a sus colegas varones, prudentemente conservadores.

Primera mujer artista a la que se le consagró un museo (en su Bremen natal), Modersohn-Becker fue también la primera en su oficio que se pintó y dibujó a sí misma –reiteradamente– desnuda. Aunque la hermosa pintura de Paula embarazada tomándose el vientre desnudo (1906) no esté en la exposición, sí pueden apreciarse las carbonillas de la misma época: los desnudos femeninos, De pie, Sentado, Vistiéndose, Los brazos cruzados atrás, De espaldas (en la ilustración, 1906). Asimismo, obras precoces pero de refinada y personal plasticidad como La cuidadora de gansos (1899), Arbol desnudo delante de un paisaje (1900), Anciana sentada (1899). La mujer con el ganso (1902) es un sugestivo grabado que da cuenta de la evolución de la creadora si se lo confronta con Mujer ciega con talle (de 1899). Paula Modersohn-Becker también retrata a niños, sin idealizarlos, lejos de la belleza convencional ella ve otra cosa en esas cabezas de gran tamaño, serias, ensimismadas, de pequeños campesinos. Entre otros temas infantiles, tenemos la enigmática carbonilla Cabeza de niña/ Amanita Muscaria. En el poema que le dedicó, “Réquiem para una amiga”, apuntó Rainer Maria Rilke: “Y así como frutos contemplabas a las mujeres/y a los niños (...) Y por último te veías a ti misma como un fruto/ te quitabas tus ropas...”.

La artista alemana tuvo la oportunidad de estudiar dibujo y pintura desde los 12 en una estadía en Londres, aunque también hizo más tarde el curso de institutriz a pedido de su padre (culto y de cabeza abierta pero que no creía que el arte fuese apropiado para que una chica se ganara la vida). A los 20, cursó en la Asociación de Artistas Berlinesas, donde se despertó su simpatía por el naciente movimiento de las mujeres. Logró viajar varias veces a París, donde se bebió todas las muestras en galerías y museos que pudo abarcar, apasionándose con Gauguin, Cézanne, el arte japonés y el egipcio, Van Gogh, la escultura de Rodin, artistas que se filtran entre múltiples influencias... Cuando estaba por casarse con Otto Modersohn, sus padres presionaron para que hiciera un curso de cocina en Berlín, pero Paula se hartó y abandonó (“es bueno liberarse de situaciones que te quitan el aire”, le escribió a una amiga). La pintora de mirada siempre pensativa en las fotos y en los autorretratos tuvo el presentimiento de que iba a morir joven y dejó constancia en su diario. Aunque a los pocos días se desdecía: “Que esto dure mucho. Estoy fuerte, plena de vida”.

Paula Modersohn-Becker y los artistas de Worpswede, en el Museo Nacional de Arte Decorativo, avenida del Libertador 1902, de martes a domingos de 14 a 19, con opción a visitas guiadas, hasta el domingo 3 de abril.

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