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Viernes, 20 de mayo de 2011

Joan Rivers no se rinde

La zarpada humorista que destruye reputaciones de presuntas celebrities elegantes los martes en el programa Fashion Police aparece también a comienzos de junio en un documental que la retrata crudamente, A Piece of Work, premiado en Sundace.

 Por Moira Soto

No es porque ahora tiene 77, nada que perder y entonces se desboca malévolamente en la tele y puede mostrarse increíblemente incorrecta y procaz en los escenarios. Para nada: Joan Rivers empezó muy joven a dar la nota insolente, allá por los años ‘50, cuando el vocablo sexo era casi una palabrota y el aborto un tema absolutamente tabú. Es verdad que esta referente indiscutible de las comediantes norteamericanas con letra propia tuvo antecedentes en ese género humorístico –el show unipersonal o con rol protagónico, en la escena o en la TV– tan dignos de rescate como la legendaria Moms Mably (1894-1975) y más tarde Phyllis Diller (1917, aún vivita y actuando cada tanto). La primera, sobre todo, una pionera que –-negra, mujer, lesbiana– convirtió una infancia y una adolescencia terribles en humor y generosidad. Figura descollante del chitlin circuit (vodevil negro), primera mujer en aparecer sobre las tablas del Apollo Theatre en 1939, coronada por la prensa como “The Funniest Woman of the World” en 1950, Mably cantaba, bailaba y actuaba sus lesbian stand-up routines. Adorada por el público afro, protectora de sus colegas morenos/as del espectáculo: de ahí ese apodo de Moms, que quizá también se lo ganó tratando a sus espectadores/as de children...

También es cierto que paralelamente a Rivers empezaron a descollar cómicas irresistibles como Lucille Ball o Lily Tomlin, entre otras. Pero ninguna tan zarpada como esta señora judía (née Molinsky en 1933, felizmente casada, hasta su suicidio, con el productor y escritor Edgar Rosenberg). Capaz de mandar por la TV de los ‘60 la siguiente insinuación: “Tengo una amiga de 32 que acaba de casarse y ya lleva 14 apendicectomías. Creo que me entienden, siempre viajando a Puerto Rico...” Y asimismo, decir hace poco en un pub: “A cierta edad se caen las tetas, también las vaginas. Me desperté una mañana y me sorprendí: ¿Por qué mis chinelas están grises y peludas?”. Desde luego, JR ha influido en comediantes como Whoopi Golberg, Wanda Sykes y Kathy Griffin (quien dice de su modelo: “La primera vez que la vi no podía creer toda la basura que salía de su boca, era tan shocking y tan graciosa. Ninguna mujer decía esas cosas en un show. Si no fuera por Joan, yo no estaría haciendo esto”).

Desde hace unos años comentarista insidiosa de la ropa que llevan las celebrities en la alfombra roja, también conductora del programa Fashion Police, que se puede ver por la señal E!, Joan Rivers protagoniza un premiado documental que se estrenó hace poco en HBO y se vuelve a pasar en junio, A Piece of Work (Un año en la vida de una –semi– leyenda). Un film donde, como de costumbre, JR se burla sin piedad de sí misma, de sus múltiples cirugías, de su edad (75 en el comienzo del rodaje), de los bajones de su carrera. Siempre con una vitalidad arrolladora, acepta hacer un show en el interior del país, estar en el aeropuerto a la 1 de la madrugada, mientras sigue apuntando chistes que van a parar a los incontables cajoncitos de su archivo. Aparte, se da tiempo para escribir libros, obviamente chistosos. El último, Men Are Stupid... and They Like Big Boobs, en cuya portada la autora aparece empuñando sus armas favoritas: los pinceles para maquillarse (“siento escalofríos cuando me veo sin pintura, me miro en el espejo: ¿quién es esa persona?”).

Joan Rivers se hizo a sí misma –con ayuda de dermatólogos y cirujanos, claro– sin escuchar los consejos de quienes le decían que estaba pisando terreno peligroso. E incluso ahora, con más libertades en el mundo del show unipersonal, sigue provocando. Aunque se lleva de maravillas con su nieto de 10, hijo de su hija Melissa, dice a cámara que lo suyo no es hablar cosas tiernas y bonitas sobre los niños. De hecho, sostiene en un espectáculo reciente: “La única niña que me hubiera gustado habría sido Helen Keller, porque no hablaba”. Ahí salta un espectador: “No es gracioso.” “Ah, ¿no?”, retruca ella. “No, si tienes un hijo sordo”, dice el tipo. Y ella no se arredra: “Yo tuve una madre sorda. Y dejame decirte, estúpido, de qué va la comedia: es para reírse de todo, y así poder lidiar con lo peor...”. Al salir del teatro confiesa la diva: “Me dio pena el hombre del niño sordo, pero probablemente lo ayudé, hizo un poco de catarsis y no se lo toma tan a la tremenda”.

Y en su programa Fashion Police, donde tiene varios columnistas (a veces participa Melissa) se solaza con comentarios de esta guisa, que no desdeñan el humor negro: “Ya sé que a las lesbianas les gusta la jardinería, pero esto es demasiado” (a propósito de un vestido muy floreado de Cinthia Nixon); “¿Qué edad tiene Cher? La misma que yo: 106”; “Menos mal que su padre no la ahogó por ser niña” (refiriéndose a una preciosa actriz china).

A Piece of Work, sábado 4/6 a las 11.45; lunes 6/6 a las 16.30; lunes 13/6 a las 22, por HBO Fashion Police, los martes a las 21.30 por E!

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