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Viernes, 20 de mayo de 2011

Yo soy, yo fui, yo seré: el despertar de Rosa

Dos propuestas teatrales le rinden homenaje a la periodista, escritora y militante revolucionaria Rosa Luxemburgo.

 Por Sonia Jaroslavsky

Acaso crezca desde el suelo, escrita por Sergio Sabater y Ana Rodríguez Arana y dirigida también por el primero, está inspirada en Descripción de un cuadro del dramaturgo y escritor alemán Heiner Müller y en retazos de la vida de la revolucionaria alemana Rosa Luxemburgo. Interpretada por Pablo Bossi, Pablo Garrido, Héctor Raubert, Ana Rodríguez Arana y Patricia Carbonari, la pieza –que por subtítulo se nombra “Biografía ilustrada en un cuadro anónimo”– despliega la biografía de Rosa, “que vuelve de entre los muertos para morir de nuevo, como la mujer del cuadro, como los revolucionarios de todos los tiempos”.

En Acaso crezca desde el suelo, Rosa, muerta, se hace presente como una máscara: “La máscara de la muerte, la máscara de la revolución; una y la misma máscara”. Sergio Sabater y Ana Rodríguez Arana cuentan que hace años se habían acercado a la biografía de la revolucionaria alemana Rosa Luxemburgo: “Teníamos materiales escénicos y una amplia recopilación de los hechos de su vida y de sus cartas. Al poco tiempo de trabajar sobre la obra de Müller, comprendimos que esa mujer que vuelve de entre los muertos en su obra podía ser –para nosotros– una transparencia alegórica de Rosa, el emblema de la revolución. Es que la revolución para Rosa Luxemburgo no muere sino que vuelve una y otra vez: fue, es y será. Por eso, la mujer –representante de todas las víctimas– que sale de su sepulcro, que resucita creciendo desde el suelo, lleva colgado de su cuello un librillo individual en el que se narra una biografía; la vida de Luxemburgo entregada a la revolución y su trágica muerte a manos de un teniente del ejército alemán, transparencia del hombre del cuadro, quien encarna a su vez la figura del victimario”.

Sabater cuenta que el interés por Luxemburgo tiene que ver con que es un personaje al que admiran por su coherencia y su convicción, por la profundidad de sus ideas y su fuerte espíritu libertario, “pero democrático, refractario a todo dogmatismo –incluido el centralismo democrático y la concepción leninista del partido–. Una luchadora y teórica original a la que quisimos rescatar del olvido. De la persona de Rosa nos interesó rescatar fundamentalmente su compromiso y honestidad, y su trágica muerte. Siempre nos interesó su costado humano, alejado de todo automatismo. Su apertura al arte y a la vida en todas sus formas. Su posibilidad de disfrutar de la naturaleza –su amor por los pájaros y las plantas– y de las cosas bellas de la existencia. Por otra parte, el texto de Müller nos habla de la historia y de su rotación maquinal de muerte y violencia. La descripción del cuadro se trama con el relato cíclico de un asesinato que retorna una y otra vez. Eso nos permitió relacionarlo con la lucha revolucionaria –que encarna Rosa de modo emblemático–, que de alguna manera siempre retorna como retorna el sojuzgamiento y la opresión”.

El acercamiento a la vida de Rosa Luxemburgo por parte de Alejandra Aristegui, actriz y directora de la obra que lleva el nombre de la militante revolucionaria y se puede ver en el Teatro Artefacto, llegó de la mano de un pequeño libro titulado Cartas de amor de Rosa Luxemburgo que su padre le había regalado diciéndole “esto es una joyita”. “Era su correspondencia desde jovencita hasta sus últimos días en la cárcel –cuenta Aristegui–. La dimensión poética y política de esos textos me llevó a pensar en la posibilidad de un espectáculo teatral inspirado en Rosa, en su grandeza de espíritu, en su aporte a las teorías revolucionarias. Porque, además, ella quedó casi invisibilizada en la historia y, peor aun, se puso el acento en sus ‘errores’ más que en sus aportes, algo francamente injusto. A través de mi investigación, creció mi admiración por la tenaz originalidad de su pensamiento, por su coherencia de ideas y su vida personal. Ella fue capaz de poner por escrito sus reflexiones en el mismo momento en que se desarrollaban grandes acontecimientos históricos, como la Primera Guerra. Rosa fue una de las pocas personas en oponerse, comprendiendo el sentido criminal y de depuración que tenía esta ‘gran conflagración’; cuestionó y denunció el riesgo en que podía caer el Partido Socialdemócrata Alemán (‘reforma o revolución’). Por otro lado, nunca dejó de conectarse con la vida, el arte, la naturaleza en todas sus manifestaciones. Aplico a Rosa lo que ella dice de Goethe: ‘La universalidad de sus intereses me hicieron ver que estaba ante una personalidad que forjaba su singularidad y llevaba a la acción su pensamiento, ejerciendo su derecho de estar en el mundo’.”

Los textos que funcionaron como disparadores para el trabajo de Aristegui fueron Poder y desaparición de Pilar Calveiro, sobre las experiencias militantes y sobre la cárcel y las torturas: “En ese texto, Calveiro describe los recursos que utilizaron las mujeres para resistir en situaciones atroces. En las cárceles cada vez más alejadas adonde la mandaban mientras se desarrollaba la guerra, Rosa se conectaba con los crepúsculos y las tormentas, cantaba para los pájaros, los conocía a cada uno, armaba herbarios con las pequeñas hojitas que podía encontrar, sostenía una ininterrumpida correspondencia con sus amigas... Vivía el amor con absoluta libertad, pero sin alardear. No le fue fácil sostenerse, tenía una salud precaria, era renga, polaca, judía, mujer. Así fue que tomé la decisión de crear un espectáculo que la acercara al público, que ayudara a conocerla, a estimarla en sus distintas facetas, a través de situaciones representativas de su vida, bajo la forma de recuerdos que la asaltan en el último trayecto, hacia su asesinato y desaparición en el río. Descubrí que Rosa Luxemburgo era el nombre de guerra de Pirí Lugones y de Néstor Perlongher, y de directores de cine de festivales de Diversa. Relacioné su pasar por la vida con una frase de Foucault: ‘Desarrollen su legítima extrañeza’. Ella constantemente vuelve a la palabra ‘autenticidad’ y a la lucha permanente que ese concepto implica: forjar en palabras y en actos las propias convicciones humanistas e internacionalistas”.

Acaso crezca desde el suelo, sábados a las 21.30 en el Patio de Actores, Lerma 568. Tel.: 4772-9732. Entradas: $ 40 (desc. a est. y jub.: $ 25).

Rosa Luxemburgo, sábados a las 21 en el Teatro del Artefacto, Sarandí 760. Tel.: 4308-3353. Entradas: $ 30.

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