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Viernes, 4 de noviembre de 2011

ADIOS > FANNY EDELMAN, 1911-2011

La bruja mayor

 Por Claudia Korol

Cuando Fanny cuenta la historia, cuando la pinta, cuando la piensa, cuando la siente, cuando la vive... dibuja la trama de un telar de revoluciones inconclusas, de rebeliones derrotadas, de socialismos intentados, de guerras antifascistas, y batallas anticoloniales ganadas. Ella borda la estrella de un mundo soñado en clave de solidaridad. Pinta el convulsionado siglo XX, empujando sus bordes hasta la primera década de este siglo XXI. Fanny corre los límites de lo que se cree posible, hasta vivir con activa lucidez sus cien años.

Fanny guarda la memoria en su cuerpo. Un siglo de insurrecciones, de pasiones, de pueblos en marcha, deja marcas en su piel, enciende luceros en su rostro, transita su sangre alborotada, sombrea sus deslumbrantes ojos grises, se mezcla en su pelo blanco.

Yo la miro partir incrédula. La saludo sin pensar que puede ser la última vez, con un hasta siempre apurado. De todos modos, envuelvo con cuidado su mirada en el lugar de los amores perdidos. La duelo en la madrugada rebelde de noviembre. Una lágrima me derrumba... pero no caigo, no puedo caer... Fanny me dice que no tenemos derecho a detener la marcha. Que quedan tantos dolores en el camino, tantas injusticias a nuestro alrededor, tanta belleza para descubrir, tantas experiencias para compartir. El llanto que se escapa, dibuja su ausencia en un pañuelo blanco, en un pañuelo lila, en un pañuelo verde, en un pañuelo arco iris, en un pañuelo rojo.

Ella se despide serena. Siento su abrazo. Presiento su inquietud por la Cuba amada, por la resistencia hondureña, por las mujeres colombianas. “Hay muchas tareas para realizar”, me dice en un hilito de voz que se va apagando con el siglo. Fanny cultiva la rosa blanca de la amistad en todos los continentes. Fanny organiza a las mujeres, nos enseña, nos pregunta, nos escucha. Fanny marcha en las Brigadas Internacionales junto a la España republicana. Fanny anima campañas solidarias con la Revolución Cubana, con el Chile de Allende, con la Nicaragua sandinista. Fanny dispara ternura en ráfaga contra las dictaduras del continente. Fanny denuncia los crímenes imperialistas en un tiempo de guerra, invasiones, masacres. Duele Afganistán, duele Irak, duele Libia.

Fanny baila en el cielo rojo que abriga los mundos que se creyeron nuevos, junto a las esperanzas que sirven de refugio a muchos pueblos. Comunista desde sus 20 años, cumplió 100 sin perder la vista, la curiosidad, ni la capacidad de asombro. Muchos años después, Fanny se reconoce en la enredadera feminista, volviéndose puente para el encuentro entre marxistas y feministas, tratando de ayudar a saltar los abismos entre las distintas luchas.

Fanny está partiendo. La bruja mayor, la madrina de nuestras aventuras internacionalistas. La que nos enseñó a caminar el mundo por su margen izquierda, reconociendo las huellas de otras mujeres, y pisando junto a ellas para no equivocar el rumbo. Una huella de mujer junto a otras huellas de mujeres del pueblo que enfrentan en las plazas, en las casas y en las camas, la globalización patriarcal, colonialista y capitalista. Una huella de mujer, paso a paso con las huellas diversas de travestis, lesbianas, gays... a quienes Fanny unió su andar, cuando comprendió que la libertad es una sola y debe ser para todas y todos, la misma.

Fanny recita a sus poetas amados: Pablo Neruda, Raúl González Tuñón, Antonio Machado, Nazim Hikmet, José Martí, Paul Eluard, Cesar Vallejo. De poesías hace sus discursos porque sabe que las palabras y las acciones más duras son las que no pierden la ternura jamás.

Fanny se divierte cuando se le cuenta alguna aventura reciente. Es cómplice necesaria de las andanzas solidarias. Es el lazo que no se afloja, aun cuando las diferencias se vuelven grandes, creando distancias significativas. Ella sigue hablando en voz baja, tratando de entender y de ser entendida, respetando, sosteniendo el diálogo, esperando siempre reiniciar la charla. Ella enseña la humildad con la misma naturalidad con la que habla de su paso por Vietnam. Ella enseña que el coraje no se grita ni se declama. Ella se burla de los homenajes pomposos, cuando cruza el umbral de los ochenta.

Fanny enciende una sonrisa hablando de sus nietos y bisnietos... Como las abuelas y bisabuelas, trata de regalarles lo mejor que puede: intenta dejarles un mundo mejor.

Fanny está partiendo, enamorada de todas las revoluciones que sepamos concretar. No lleva maleta para el viaje. Sólo su vida apasionada, rebelde, insumisa, extensa, sabia. Veo a Fanny volar con su escoba embrujada de revoluciones. Fanny, la brigadista, la comunista, la feminista, la bruja mayor, la madrina nuestra, la camarada. La saludo de pie sobre su huella. Un temblor me sacude el alma si es que existe. Siento todavía su abrazo suave en mi espalda, su sonrisa en mi mirada, su ternura aleteando en mi rebeldía.

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