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Viernes, 3 de mayo de 2013

HUMOR GRAFICO

Ojo de pez... ón

La ilustradora Agustina Guerrero le pone voz y figura a la Volátil, una mujer que desgrana el día a día con las tetas al viento.

 Por Laura Rosso

La Volátil está sentada y tiene arriba de su cabeza un gran nudo, como si fuera un problema o una preocupación, lo mira, rompe el nudo –que es como un ovillo– y lo empieza a desenredar; cuando le queda sólo un hilo lo usa para saltar a la soga.

Contar esta viñeta puede servir de ejemplo para conocer a Agustina Guerrero, autora y alter ego de la Volátil. Porque algo parecido le sucedió a ella misma. Hace un año, volvió a su casa y se encontró con que le habían robado todo. Desde los cuadros de las paredes hasta sus anillitos y, por supuesto, la computadora, herramienta principal para su trabajo. “Me encontré desnuda”, recuerda esta ilustradora argentina, treintañera y con casi doce años vividos en Cataluña. “Fui directo al viejo ordenador”, dice. Y ahí estaba, como esperándola, la Volátil. Ese fue su nacimiento, o mejor dicho, su renacer. Le hizo una página en Facebook (Diario de una Volátil) y en menos de un año alcanzó más de 182.000 seguidores.

La Volátil puede mostrarse poética, graciosa, exagerada o enamorada, como cuando deshoja una margarita (“me quiere mucho, poquito, nada”) y termina con el “¡nada!”. Entonces se pregunta: “¿Eh? ¡¿Nada?!” y empieza a romper toda la flor hasta llegar al tallo y conseguir el “¡Me quiere mucho!”. “Lo que más me gusta es destacar situaciones cotidianas. Eso es lo que atrapa. La Volátil habla en voz alta de sexo, de lavar los platos, de la ropa, del rollo en la panza... (‘Ante todo seguridad, con este flotador seguro que no me hundo.’) ‘Esto me pasa a mí, esto yo lo hago’, me dicen muchas mujeres cuando me escriben.”

El ojo observador de Agustina también puede convertir a la Volátil en una cowgirl que llega a su casa y avisa con un “¡Hola, ya llegué!” e inmediatamente después se saca y revolea el corpiño cual lazo de doma, para liberar las tetas.

“La mayoría de los días son muy rutinarios, te levantás, te duchás, vas a trabajar. A mí la Volátil me hizo ser mucho más observadora de esos momentos y me ayudó a conocerme más. No sé si tengo tanta imaginación, creo que las cosas están ahí y hay que darles la vueltita. No estoy inventando nada, no es ciencia ficción. Es trabajo. La viñeta tiene un proceso y detrás de la que queda hay muchas otras que fueron eliminadas. Pero es fascinante.”

Queda claro que Agustina no le va a dar los laureles a la inspiración. El material con el que trabaja surge de afinar la mirada y tornarse detallista. “La Volátil es mucho más maja, que yo –dice, y se ríe–, ella la tiene más clara, es más lanzada, menos tímida, dice lo que yo no me animo a decir.” De hecho habla de esa duchita (muy) relajante con espuma y autotoqueteo. “Me gusta que no tenga vergüenza, como en la viñeta que se llama Me confieso, donde habla de la masturbación o de que frente al espejo juega a la star con el secador de pelo.”

Un puñado de sus favoritas

Sobre la Volátil hay un enorme globo de pensamiento y adentro una lamparita muy chiquita. La Volátil dice: “Y quién te dice, a lo mejor se le da por crecer”. Agustina sostiene que “a las ideas, si les das espacio y esperanza pueden crecer y ser grandes. Enormes”.

Para el Día de la Lucha Contra el Cáncer de Mama dibujó muchos, muchísimos pezones, grandes, medianos y más chicos. Esa ilustración fue censurada en Facebook. “No sólo me censuraron, sino que me mandaron al calabozo virtual: no pude usar el Facebook por una semana. ¿Qué hice mal? Evidentemente les molestan los pezones.” Ahora y a modo de burla inventó distintos “tapatetas”: manzanas pecadoras, manitos, corazones y hasta morcillas, para poder seguir subiendo a la volátil a la red social más famosa. Y en su blog se da el gusto de quitarlos.

guerreroagustina.blogspot.com.ar

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