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Viernes, 17 de mayo de 2013

RESCATES > ELBA BERON 1930-1994

La voz rea

 Por Marisa Avigliano

“Yo no duermo de cansada sino por estar contigo y cada vez que sueño y cada vez que sueño... ¡ay! es otra vida que vivo”, canta Elba, con Troilo y Goyeneche. La canción hecha en tiempo de tango se llama “Coplas” y es la número diez del disco que comparten. En la foto de la tapa ella abre los ojos más de lo que puede y apenas sonríe como si la escena robada fuera hoja de un álbum de casamiento y ella fuera la novia, claro. Elba está en el medio de los dos machos tangueros, uno de cada brazo. Tiene un vestido con pintitas y un aplique en el pecho –o parece un aplique– que revive esas guardas hechas con el merengue de las tortas. Está a la moda.

No hay mujeres en los discos de Troilo (alguna que otra dibujada en la caricatura y después sólo Nelly Vázquez) así que ahí está Elba posando en estreno eterno. Hasta ella, ninguna mujer había sido la voz de una orquesta estable tan trascendente como era la orquesta de Aníbal Troilo. Sólo Elba. Parece que Pichuco la escuchó cantar su “¿Y a mí qué?” (la letra y la puesta en escena eran de Cátulo Castillo) en una versión de Caramelos surtidos, el sainete que Enrique Santos Discépolo había estrenado en el Teatro Nacional con Tito Lusiardo en julio de 1931. Verla bastó para preferirla, no tardó entonces en elegirla para reemplazar a un hombre (Angel Cárdenas) y para cantar con otro. Ese otro era Goyeneche.

Elba nació el último día del año de mil novecientos treinta en Zárate. Como el papá era compositor, cantor y guitarrista criollo, sus hijos y los de Antonia Iglesias también cantaban, cosas de familia. El primer dúo lo formaron los hermanos varones (José y Raúl) y en 1946 cuando Elba –que ya había cantado guitarra en mano temas camperos– tenía 15 y Rosita 13, les tocó el turno a las chicas. Convertidas en “figuras estelares” de las confiterías en boga y de los programas de radio El Mundo y Belgrano, las hermanas Berón cantaron juntas durante diez años hasta que Rosita se fue a Colombia para acompañar a su marido –Roberto Resquín, un jugador de fútbol–. Entonces, Elba fue solista. Feroz en una de esas letras quejumbrosas no exentas de dramatismo, es también feroz en los reclamos encendidos en silencio de cálculo por asfixia de sílabas en “Medias Blancas”: “Vos querés que me vista con medias blancas/ que me ponga cadenas por todos lados/ que me mande unas botas bien charoladas/ que camine a lo macho bien balanceado y que use la mini hasta el ombligo y que me pinte una estrella en la nariz...” . La voz rea del tango que algunos acoplan con la de Sofía Bozán, la del timbre como una extinción de hogueras en la madrugada de pie, estuvo unos años con Troilo (con él grabó además “¿Y a mí qué?”, “Desencuentro” y “Cachirliando”) y otros sola adueñándose de un repertorio gauchesco hasta que volvió la voz aguda de Rosita. Juntas abrieron en los años setenta una tanguería en San Telmo bautizada con el único nombre que querían volver a usar, las hermanas Berón ahora tenían casa donde cantaban zambas, chacareras y milongas, un show propio y la visita de amigos, como Paco Jamandreu, todos los fines de semana. Pero el boliche de las hermanitas no se quedó solo en Buenos Aires, también abrieron uno para los veranos de Mar del Plata, postales patrias del amor traslúcido en las que cantaban Camino de Salta o Baioncito Chacarero acompañadas por Paquito, el hijo de Elba, cuando la noche marina avalaba trayectos, digresiones y veleidades morenas.

Elba murió a los 63 años, el 5 de marzo de 1994; Rosita, en agosto de 2001.

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