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Viernes, 24 de mayo de 2013

ESCENAS

La trata al teatro

Alma (de cuando dejó de ser Victoria y empezó a ser Alma) aborda la historia de una mujer del interior que viene a la gran ciudad con la intención de prosperar y cae en una red de trata que le quitará todo.

 Por Sonia Jaroslavsky

Alma es la otra cara de Victoria. Alma es la que no olvida que es y fue Victoria. Es la que se “reinventa” para sobrevivir, la que juega a la rayuela del tiempo para contar sin perder la integridad. La historia comienza cuando se sube al tren y se despide de su madre y su hermana menor (como tantas chicas del interior y de países limítrofes) y les promete volver en Navidad y enviar dinero para que el resto de la familia también pueda salir de ese pueblo –que no nombra– donde no hay trabajo. Con un nudo en la garganta y con un papelito donde tiene escrita una dirección emprende el largo viaje para llegar a Paraguay al 2700 (pleno Barrio Norte) y buscar a la señora Delia, quien la espera para emplearla en servicio doméstico. A posteriori, la señora fallece, y Victoria se traslada a otra dirección recomendada para un trabajo por el hijo de la señora. Un tal Dani le pide que se ponga un nombre artístico y ella, ilusionada, se nombrará Alma. Paso siguiente se produce una feroz violación por parte de este hombre, el mismo que la prostituirá y esclavizará. A continuación la viñeta de una Alma adulta. Se la ve con un hijo –que no sabe de cuál de tantos hombres será– que llora porque sus compañeros de la escuela lo molestan diciéndole que tiene una madre prostituta. Alma le miente, le dice que es enfermera y que cuida a una señora, por eso trabaja a esas horas de la noche. Alma adulta pasa a enseñar el trabajo a otras jóvenes: “el agua siempre limpia”; “anotá cada vez que lo hacés: si tu vida depende de un agujero, mejor contar cada agujero”; “cantá para dentro una canción que te guste mucho”. Para finalizar, la escena de Alma vieja que no pudo escapar; espera la muerte sin miedo. Alma –en tanto espectáculo– es un unipersonal que intenta la franqueza, el encuentro, la comunión entre el escenario y la platea planteando preguntas. Alma es poética y cruda a la vez con una puesta despojada donde todo el peso está en la actuación de Lorena Széleky, también directora junto con Armando Saire. Existe un desdoblamiento entre el personaje narradora y el personaje Victoria-Alma, a modo de distanciamiento brechtiano que permite romper con la cuarta pared, tomar distancia, con el intento de que el espectador reflexione. El corte es abrupto, pasan de una escena de juego o de violación al relato de la narradora, quien mira e interpela al público. Széleky explica que en su proceso creativo se nutrió de diversos materiales: “Hace años conocí en un viaje al norte a una chica, una Alma que me contaba sus deseos de venir a Buenos Aires a prosperar. Yo le decía que para qué, que era mejor en donde ella estaba..., que le sería difícil poder adaptarse, etc.... Obviamente, esa chica estuvo presente en esto que hacemos, tanto como la obra de Brecht El Alma buena de SeChuan, la novela María de los Placeres de Gabriel García Márquez, la película La profesión de Irina Palm de Sam Garbarski y tantas otras cosas de lo cotidiano, de las crónicas policiales y recortes periodísticos sobre el caso de Marita Verón”. La directora, entusiasmada por los caminos que está haciendo el espectáculo que se presenta en el Teatro Vera Vera, cuenta que también han salido con Alma a realizar funciones en la cárcel de mujeres de Ezeiza, en el marco del proyecto que lleva adelante el actor Lito Cruz, experiencia teatral donde las espectadoras han podido hacer catarsis al tiempo que distanciarse para repensarse a partir de esta propuesta. Alma. Sábados, a las 21 hs. Vera Vera Teatro. Vera 108. $ 50. Reservas: 4854-3655.

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