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Viernes, 31 de octubre de 2003

RESISTENCIAS

Soy Rebelde

El Belladona es el primero y único festival de rock de mujeres que se sostiene de manera completamente independiente desde 1997. Ni completamente punk ni del todo feminista, este encuentro de chicas rebeldes combina lo uno y lo otro con el ánimo de “proveer arte conspirativo y agitar el entorno en el que nos encontramos”. A continuación la voz de la principal agitadora, Patricia Pietrafesa, auténtica enciclopedia viviente del punk nacional.


Patricia Pietrafesa se enteró de lo que era el punk por la revista Pelo, en 1983. Después leyó en Crónica algo de los Sex Pistols, y quedó shockeada: era lo que estaba esperando. “Empecé a buscar desesperadamente cualquier cosa que dijera ‘punk’. En esas épocas oscuras era difícil conseguir algo, estaba todo oculto, tapado.” Después se enteró de que había punks argentinos, y al principio le daba miedo ir a los recitales, porque pensaba que eran chicos malos. “Me acuerdo de un show de Violadores y Los Laxantes en Vinicious, año ‘83. Yo estaba en el público y le tenía miedo a Marcelo Poca Vida porque él tenía un aspecto temible. Se dio vuelta, me pidió un cigarrillo, y casi me muero de espanto.” Pocos años después, Patricia estaba tocando con el temible Poca Vida (y el Gitano) en Cadáveres de Niños (después Cadáveres), una de las bandas más influyentes de garage-killer-punk de la escena argentina. Pero al principio se fue involucrando de a poco. “El mismo año fui a ver a Los Baraja en el Teatro de la Piedad y cayó la policía a suspender el concierto. Estaban Laxantes, Violadores, todos, y nos pusimos a cantar Police & Thieves. Fue muy emocionante.”
Veinte años después, Patricia es un archivo viviente del punk argentino y sus derivados, y la mujer más inquieta de la escena. Desde 1997 organiza junto a su banda She Devils el Belladona, primer y único festival de rock de mujeres con continuidad que convoca a bandas de chicas pero también, según los volantes, a “vegetarianas, carnívoras, satánicas, brujas, anarquistas, nihilistas, viejas, jóvenes, queer, rebeldes multiformes” y ofrece, además de música, feria, literatura, discos, pinturas, contactos, fotos, ropa, contrainformación y sobre todo, ideas.

Mujeres rebeldes
Patricia toca el bajo y canta en She Devils, la banda de garage-punk-rock-pop y la acompañan Pilar Arrese (guitarra) e Inés Laurencena (batería superpoderosa). Hace poco dejó el grupo el baterista Lucio “Lula” Adamo pero la separación se llevó a cabo en condiciones inmejorables: Lula sigue ayudando en cada Belladona, todavía es parte de los festivales y queda detrás del mostrador vendiendo fanzines, pins y remeras o pasando música. “Los festivales Belladona –explica Patricia– son una situación planteada como lugar de expresión para mujeres que realicen actividades artísticas. Las voces en las bandas tienen que ser de mujeres: nuestro interés es proveer arte conspirativo y agitar el entorno en el que nos encontramos, con bajos recursos, bajo presupuesto y altísimo grado de interés y motivación.” El primer Belladona se hizo el último día de abril de 1997 para celebrar la noche de Walpurgis, y distanciarse de la fecha tradicional femenina del 8 de marzo. Los primeros años (1998-01) fueron shows acústicos para que se desarrollaran mejor las otras actividades (lecturas, baile, feria de ropa y fanzines), al principio en un club de Once, después en el auditorio de FM La Tribu; ahora se hacen casi siempre en El Dorado, uno por cada estación del año, y por lo general son festivales eléctricos. Ya van por el número quince, pero el del pasado domingo 26 de octubre fue el último, según Patricia, con las características hasta aquí planteadas. “Me gustaría no tocar y organizar mejor, traer a alguien de Brasil, hacer más movida. En el verano seguro lo hacemos en Mar del Plata, y en Chile hay chicas que tienen ganas de involucrarse: por ahí el año que viene lo hacemos trasandino. Belladona tiene que seguir, pero también tiene que cambiar. Hay que buscarle otra vuelta, algo más situacionista. Ya se me ocurrirá.”
El domingo pasado, Belladona estuvo de lo más diverso. Hubo dibujos y objetos de Florencia Carle, una muestra plástica de Mabel B. Montes, fotos de Emma K, presentación del fanzine maldito domingo gris de Nadia, imágenes luminosas de Carolina; faltaron las Tatoo Doll, que en los últimos festivales participaron con body art extremo. Bailó Blanca Rizzo, tocó el bandoneón Marina Bandoneón y las bandas de rock fueron Estoy Confundida, The Brainerds (veinteañeras punk de Uruguay), Tributo a Misfits y las She Devils. Marina hace siete años que toca el bandoneón, es discípula de Charly García, está filmando un documental con el director venezolano Alejandro Saderman y llevó a su hija Alatiel al festival; la nena se la pasó bailando. “Mi impulso es punk más allá del instrumento”, dice Marina, que toca el bandoneón vestida de negro, con borceguíes y alfileres de gancho colgando del cuello. “Me siento identificada con el género, empecé a tocar como empiezan las bandas punk, sin tener la menor idea. Es genial porque te permite llevar a cabo tu rebeldía con la música más primitiva, la que sale del corazón. Y el público de punk es muy respetuoso: no tengo problemas de subir con el bandoneón después de una banda que tocó a todo volumen. Son personas abiertas, mucho más que los tangueros: siempre algún malevo te subestima porque sos una papusa.” Marina está tratando de armar un disco, y además toca con una banda de punk-hip hop, Rey Momo. Este fue su primer Belladona.
Las uruguayas Brainerds y las Tributo a Misfits son veteranas del Belladona: ya tocaron por lo menos en dos oportunidades. Brenda, la guitarrista de Tributo, una chica escultural que en vivo pela una voz de ultratumba que asusta, fue integrante de la única banda de death metal totalmente femenina de América latina, Sarcástica. Tiene 27 años, y desde los 14 toca en bandas de mujeres; tuvo un grupo que se llamaba Que te Nazca Muertito. Ella y Loli, la bajista, son fans de Misfits y tocan las canciones de su banda favorita por diversión, como catarsis, por placer. Loli es una autogestionada que vende comida vegetariana, vive en Longchamps y tiene una nena de cinco años: “Compartimos ideas con las chicas de She Devils respecto del rol que tiene la mujer. Yo laburé en grupos de mujeres como Rajada, trabajando el género, tengo una militancia”.
Hay varias mujeres militantes involucradas en Belladona, pero la política no es un tema central en los encuentros, más allá del gesto claramente político que implica abrir un espacio de expresión. Para Loli, es normal: “Estamos en un ámbito re-machista, incluso acá. El machismo está arraigado hasta en nosotras”. Patricia prefiere no llamar a Belladona un “festipunk feminista”, como suelen simplificar los medios. “No es festipunk porque no es ése el único estilo que aparece, y no es feminista: es solamente un recital. Ser feminista es otra cosa, es algo más serio, esto es diversión y expresión, es demasiado llamarlo feminista: tendría que tener otra carga de más responsabilidad. Belladona es una situación que se da, que tiene puntos de contacto con el feminismo, pero es un recital. Si hubiera un verdadero planteamiento feminista, no sé cuántos se lo bancarían.”
En el 2002, Belladona editó su primer CD que refleja el espíritu del festival, un compilado de catorce bandas y solistas mujeres muy diversas en versiones acústicas: Kim, Mujercitas Terror, Panorámica, Annie Hall, She Devils, Pasto a las fieras, Virginia, Paula K., Acephala, Bambolinas,Lunatica Groove, Fémina, Tender y Choque Generacional. Es el primer CD argentino de rock completamente femenino, el primero grabado y producido por mujeres (Pilar y Patricia), con diseño y arte de Irene Schnabel (guitarra en Bambolinas, la banda “paralela” de Patricia), mezclado y masterizado por Inés (baterista de She Devils) en sus Horror Studios y lanzado por un sello de mujeres, Grrr Records (el de las Devils). Lo presentaron en un megafestival en Cemento: se quedaron con $18 pesos para cada una, sin cubrir los gastos. Poco les importa. Escribe Pilar en el booklet del Belladona (el disco): “En otro momento creímos que el 8 de marzo era una fecha importante, que era una reivindicación a la voz oculta y oscurecida de las mujeres, luchando por darse a conocer, hacerse oír, como lo diferente, lo ignorado, lo desplazado. Quisimos (¡y lo hicimos!) participar de un acto central que creíamos unía a todas las agrupaciones de mujeres y de todas las edades, orientaciones sexuales, etc. Nos fue bastante mal y pudimos ver nuestras diferencias con el resto de las organizadoras y decidimos encarar eventos de/por mujeres rebeldes que quizá centralizara a personas que podrían tener algo más en común con nosotras”. ¿Qué pasó ese 8 de marzo que las distanció de las agrupaciones de mujeres? Patricia explica: “Después de que editamos un simple con Fun People llamado El aborto ilegal asesina mi libertad, las organizaciones de mujeres nos invitaron a tocar a todas partes, en contra de la violencia hacia la mujer, por la despenalización del aborto y demás. Tocamos muchas veces en la plaza de la Facultad de Medicina para agrupaciones de mujeres. Pero en 1999 nos invitaron para el Día de la Mujer el 8 de marzo y fuimos, no demasiado convencidas, para probar algo diferente. Propusimos que también tocara Penadas por la Ley, un grupo punk medio cabeza... los fans de ellas empezaron a hacer pogo violento y las viejitas feministas volaron por el aire. Querían cortar todo, y las Penadas, que son bravas, se calentaron. Cuando llegó nuestro turno empezó a llover y por poco nos electrocutamos en vivo, se desarmó todo, y no nos llamaron nunca más. Igual, ya teníamos decidido no tocar más en esos actos, porque no tenemos nada que ver con la forma en que hacen las cosas: tenés que ceder para compartir cuestiones con personas con las que en realidad no compartís nada. Mejor hacer lo de uno y sentirse cómodo”.
El aborto ilegal asesina mi libertad, editado en 1997 como un split (temas de dos bandas diferentes en un mismo disco, en este caso en compañía de Fun People), causó mucho revuelo, incluso dentro del movimiento punk. Cuenta Patricia: “Cuando hicimos la presentación en Cemento, lo que sucedió fue que inesperadamente (o no tanto) muchos grupos de chicos vinieron al festival con volantes donde criticaban la decisión de un aborto llamándolo asesinato, y desde el mismo escenario una banda boicoteó nuestro lema, que era la despenalización del aborto, sin que nosotros lo supiéramos. Desplegaron una escenografía de bebés de plástico dentro de bolsas, y dieron un discurso. Resultó que la escena hardcore estaba llena de nenes y nenas muy (mal)criados por sus padres o colegios católicos que habían visto esa peli con la maldita escena de la madre pinchando y matando a un bebé con forma, cerebro, nombre y todo. Pero fue una experiencia buena porque despertó la discusión y ésa es la intención con que personalmente hago todo: que se discuta, que se disienta, es la única forma de cambiar. Igual fue más un tema de los hardcore y straight edge: los punks en su mayoría adhieren a la libertad de decisión. Recibimos pilas de cartas discutiendo el tema. Después de un par de años nos llamaban a todos los actos y cuestiones que tuvieran que ver con el tema de aborto. Nos especializamos. Pero quisimos desligarnos un poco, porque todos nos asociaban con eso. En seguida te meten en un molde, como si fueras un flan”.

Un volante vivo
Desde 1984, Patricia escribe su propio fanzine, Resistencia, donde arma, tipea, edita y traduce notas, todo en fotocopias, todo con máquina de escribir porque es el estilo que más le gusta. Pero lo va a cambiar, ahora que se cumple el vigésimo aniversario. “Voy a hacer una revista, porque sé que puedo ocupar ese espacio.” Los fanzines de Patricia son atesorables: las notas traducidas que aparecieron en los últimos veinte años de Resistencia son virtualmente imposibles de conseguir en cualquier otra parte, y la suerte de diario íntimo que fue escribiendo en las columnas a través de los años recorre desde encuentros anarquistas en el Uruguay hasta la experiencia de las asambleas barriales post-12/01. Durante mucho tiempo ella traducía notas interesantes y se las cambiaba a editores de fanzines por una botella de vino. Su estilo personal es inconfundible. Así se despide en el último Resistencia, editado el año pasado: “Yo sirvo más para editar un reportaje movilizador u organizar Belladona que para ir todos los jueves a una asamblea barrial. Cada uno elige su lugar (si puede) y el mío es éste. También mi lugar es componer canciones y emocionar de alguna manera, expresar mi visión del mundo (pequeño, retorcido y limitado mundo el mío), y que todos tengan la posibilidad de hacerlo. Yo voy a tambalear (seguro), dudar y perderme en fatalidad cotidiana, pero cuando tengo mis buenos días sé que debo aprovecharlos, y estoy en eso justamente ahora”.
Resistencia es también una minieditora que publica “Libros de lectura punk”: entre sus muchos títulos está Best Before 1984, compilado de letras y notas de la mítica banda punk-anarquista inglesa Crass, Gore Gore Feast, compilado sobre cine de horror y clase B, Take Back Your Life, una guía de salud para mujeres y ahora dentro de poco Angry Women in rock, traducción de entrevistas a mujeres rockers y punks como Chrissie Hynde y Joan Jett.
Pero su trabajo de agitación permanente nunca se quedó sólo con la palabra escrita. En 1985, estaba tocando con Sentimiento Incontrolable, banda mítica del punk porteño. “En esa época yo era muy politizada, me tomaba todo con mucha seriedad. Nos considerábamos una banda política, y lo fuimos por tres años. Con eso me alcanzó. Estábamos muy influenciados por un grupo que se llamaba Million of Dead Cops, que hacía discursos sobre el escenario, y los imitábamos: yo escribía discursos y el cantante los leía. Tenía la cooperativa de músicos independientes, estaba a full.”
La militancia, en aquellos años, se concentraba en el enfrentamiento con la policía, y la lucha por la derogación de los edictos policiales. “Sufría mucho el tema policial: empezamos con las marchas en el Congreso, pidiendo la derogación de Averiguación de Antecedentes y 2º H, y después ya la abolición de la institución. Yo estaba con Raúl Eugenio Zaffaroni en la comisión por la derogación, él me explicó mucho sobre la policía, y me regaló un reglamento de contravenciones. Armaba volantes basados en ese reglamento y los repartía en la marchas: creía que si la gente se enteraba de lo que decían las contravenciones, nadie iba a querer que existieran.” En 1991 los edictos fueron derogados, y lo vive como un triunfo personal.
Patricia estuvo detenida más de sesenta veces por averiguación de antecedentes, y bastantes más, no se acuerda cuántas, por edictos. “Entre el ‘84 y el ‘87 caía dos o tres veces por semana. No estaba muy producida, nunca tuve cresta ni nada, en esa época era muy The Clash o andaba de traje negro, pero la policía era terrible: tenías una cara o una actitud, y caías, caías por llevar un pin o una muñequera, te ponían ‘desorden en la vía pública’ sólo por andar por la calle.” Hay una detención que Patricia recuerda más que cualquier otra: “Una vez estuve presa seis días, por desorden en vía pública, ebriedad, desacato a la autoridad e invasión de propiedad privada. Tenía para treinta días, pero salí antes. Empecé una huelga de hambre al segundo día de detención, y cuando mi mamá me visitó le dije que había empezado la huelga por lo injusto de la situación. Le pedí mi libro de Malatesta, me acuerdo. Estaba detenida con una campera de corderoy negra que tenía una A roja en la espalda y la consigna ‘anarquía y libertad’... En esa época yo era un volante caminando, tenía toda la ropa llena de consignas”. Después de Sentimiento Incontrolable, Patricia entró como bajista en Cadáveres de Niños –86/90–, que después se acortó el nombre a Cadáveres, hasta 1995. “Fuimos muy influyentes: todas las bandas killer o garage de hoy eran público de Cadáveres, hay una escena de ese estilo. Pero en aquel momento fue jodido, nos sacaban a pedradas de todos lados, no le gustaba a nadie.” Los shows de Cadáveres eran intensos: una vez el cantante, Marcelo Poca Vida, se cortó el abdomen con una botella y tuvieron que llevarlo al hospital: recibió veintisiete puntos. A Patricia le gustaba la banda, pero cree que los muchachos eran muy bravos. “Yo soy brava, pero quería cantar, y en Cadáveres no podía ni me dejaban poner mis temas; eran muy blandos, decían. Los chicos eran demasiado retorcidos.”
Para entonces conoció a Pilar Arrese, editora del fanzine queer Drag!, y quiso tocar con ella. Completaron formación con Lula y armaron She Devils. El grupo, que creció muchísimo desde entonces y hoy es uno de los mejores del under local, editó un disco, La piel dura (Bésotico, 1999), que tiene canciones preciosas como “Horas Muerta”: “¿Sabías qué hacía en la estación de Tapiales un martes a las tres de la mañana?/ ¿Por qué me perdí, por qué me perdí?/ Durante horas, durante horas muerta/ Un día de sol me desperté/ Por los golpes de mi cabeza/ Contra la ventana del colectivo/ Ida y vuelta, ida y vuelta/ Durante horas muerta”. Otra canción, “L’ultimo gesto di liberazzione”, está dedicada a Soledad Rosas, la chica argentina okupa que fue detenida en Italia, acusada de ecoterrorismo, y que acabó suicidándose en su arresto domiciliario. La canción fue editada en un compilado italiano contra la violencia del Estado en la marcha contra el G8 en Génova (2002). “Seguí su historia por los diarios, y pensé en poner parte de una carta suya en una canción que compusimos con Pilar y Lucio. También investigué sobre su vida, y me llegaron fanzines de sus compañeros italianos. Siento una gran identificación con sus vivencias en Italia, con el encuentro con una forma de vida que buscaba. Me pasó algo parecido, no sabía qué hacer con mi vida hasta que me di cuenta de que el activismo en mi pequeño mundo era lo que quería.”
Después del disco, She Devils participó de Perversos, desviados, invertidos, simple de vinilo que editó el pequeño sello Sebo Discos, primer compilado nacional homocore, o punk-gay (otro gesto pionero). También participan de los festivales Homocore que organiza Rafael, editor del fanzine Homoxidal. “Hay un prejuicio que supone que, si sos gay, te gusta otro tipo de música, cuando la historia del rock siempre estuvo muy ligada a la cultura homosexual.” También organizó los Rock-o-rama Shock Festival (en octubre del 2000 y diciembre 2001), recitales de hombres rockeros: “Para mí fueron recitales en los que si She Devils no nos poníamos en el cartel, no teníamos chance de que nos llamaran. Tocaron Killer Dolls, Satan Dealers y Motosierra de Uruguay, además de las Devils. La idea original era juntar bandas de killer rock garage: pero al último fue muy poca gente, y me quedé en la ruina. Fin de los rock-o-rama por el momento”. Hizo radio junto a Marcelo Poca Vida, Irene Fasta y Lula en “Frecuencia Zombie”, programa en FM La Tribu que, cuándo no, también organizaba recitales acústicos. Los últimos proyectos de la infatigable Patricia son Bambolinas, un grupo de garage pop donde puede canalizar su costado más dulce, junto a Irene Schnabel, Pipo D (guitarra) y Andrés (batería), y pronto la edición de un nuevo disco con She Devils: por ahora tienen un E.P. de edición bastante casera con canciones nuevas que se llama Ninguna línea recta, ningún camino fácil, grabado sólo para llevarlo a Uruguay y tener un material que le sirviera de presentación a Inés, la flamante baterista. Y Garageland, su local en avenida Santa Fe, disquería-videoclub y demás sobre cultura punk y rock ultraunderground. También seguir con las clases de inglés, su entrada de dinero más o menos fija, y los pins (“tengo precios accesibles, soy puntual, hago pins de lo que sea”). ¿Nunca se cansa? No, pero a veces siente que su entusiasmo y su capacidad de trabajo es intransferible: “Siempre soy la más entusiasmada, yo alucino con un reportaje, con un disco, y por ahí nadie le da bola.Pero siempre hay alguien que se engancha. Aunque sea uno. Hay receptores, a veces los menos pensados. Por eso vale la pena seguir adelante”.

Para contactarse con She Devils
e info sobre Belladona:
www.iespana.es/shedevils
[email protected]

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