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Viernes, 14 de marzo de 2014

VIOLENCIAS

Librada a su muerte

Librada Haedo tenía 52 años y había realizado ocho denuncias contra su esposo Ramón Angel Aráoz. Sin embargo, apareció quemada en su casa de Corrientes y la comisaría dijo que se trataba de un suicidio. Recién cuando viajaron sus tres hijos desde Buenos Aires cambiaron la carátula por homicidio agravado por el vínculo. Ella agonizó, hasta que finalmente murió. Ahora piden justicia y la aplicación efectiva de un protocolo para víctimas de violencia de género.

 Por Luciana Peker

No tomaba mate. La acidez la hacía pasar de la ronda. Pero no del ritual, de todas las mañanas y las tardes, de preparárselo a su hija y compartir ese ir y venir de las palabras y la compañía en donde parece que el tiempo no sopla y lo único que importa es estar juntas. Viviana Aráoz, de 28 años, recuerda, con la voz quebrada, cuando su mamá le preparaba mate, cuando jugaba durante horas en el piso con sus nietos de cinco y dos años y cuando prefería quedarse con ellos para que no tomen frío cuando Viviana tenía que salir a hacer un mandado, en Punta Alta, provincia de Buenos Aires.

“Era la mejor madre y abuela”, se enorgullece con la tristeza atragantada. Todavía no encuentra palabras para contarles a sus hijos que Librada ya no va a ir a visitarlos. No puede procesarlo. Pero sí tomó una determinación: en el 2014 va a emprender el desafío de cambiarse el apellido. No quiere llamarse Aráoz, el apellido de su papá, Ramón Angel Aráoz, el hombre acusado de homicidio agravado por el vínculo contra su mamá, quiere ponerse Haedo como ella, Viviana Haedo. “Por más que lleve la sangre, quiero que sepa que me cambié el apellido porque a él lo que más le molestaba era que quisiéramos tanto a nuestra mamá. Aunque sea nuestro padre biológico, nos quitó lo más preciado que teníamos”, resalta.

Librada Haedo, de 52 años, había realizado ocho denuncias contra Aráoz en la comisaría 11a. Pero no pasaba nada. Desde noviembre de 2012 hasta agosto de 2013 dejó la casa seis, de la manzana seis, del Barrio Pujol, de Corrientes y se fue a vivir con su hija en Punta Alta. “No llames más porque ella está viviendo acá, es feliz”, le decía Viviana a su padre cada vez que hacía sonar el teléfono y una catarata de injurias sobre su madre. Pero él logró contactar a unos amigos en común y llegar hasta Librada con el discurso típico de los violentos en la fase luna de miel. Le dijo que había cambiado, que tenían que envejecer juntos y que para empezar de nuevo había que olvidar el pasado. Incluso, le prometió que a su llegada la iba a estar esperando con un pescado a la parrilla. Su hija hizo todo lo posible para que no volviera. Librada le dijo que hacía treinta años que estaban juntos y tenían tres hijos en común. Dudaba. Pero él la seguía acosando con llamados hasta que ella viajó el 29 de agosto pasado.

Después, cuando Viviana la llamaba, notaba que tenía que hablar en altavoz o que le decía que estaba todo bien y el relato parecía simulado. Hasta que el lunes 2 de diciembre Librada llamó desesperada a su hija y le dijo que se quería volver. Viviana le dijo que al otro día le mandaba los pasajes. Esa noche, a las cinco de la mañana, la llamó su papá y le dijo que su mamá se había quemado, pero que no era nada porque ella misma se había levantado para ponerse en la camilla. Viviana le dijo “fuiste vos”. Viviana viajó desde Punta Alta y sus hermanos Nicanor y Matías llegaron desde la ciudad de Buenos Aires. Se encontraron con su mamá agonizando en el hospital. Sólo tenía bien la cara y el pelo, que había llegado a cubrirse con el fuego que la consumió sin que ella pudiese defenderse. No había investigación, sino un expediente por suicidio. Cuando fueron a la casa, encontraron los bolsos que Librada ya tenía armados con sus fotos, sus zapatos y sus cremas para escapar de la violencia. Quedaron como evidencia frente a la Justicia. Murió el 7 de diciembre. Tenía el 94 por ciento del cuerpo quemado. “Nos sacó hasta la posibilidad de vestirla con su mejor vestido para que se vaya al cielo. Eso es terrible”, se lamenta Nicanor. “Lo hizo para hacernos daño a nosotros. Logró destrozarnos”, enfatiza Viviana.

La querella la llevan adelante sus hijos con el patrocinio del estudio del abogado Andrés Sebastián Vigay. Aráoz ahora está detenido en un sector del psiquiátrico San Francisco de Asís en Corrientes capital. Por esa misma institución había pasado dos veces. “Pero queremos que lo juzguen como a alguien normal, porque si le habían dado el alta ahora también tiene que enfrentar en esa condición el proceso”, sostiene Nicanor. El apunta contra los médicos que no realizaron una junta médica para controlar la conducta durante su liberación que estaba, supuestamente, a cargo de un vecino.

“Es un héroe de Malvinas, no podemos hacer nada”, le dijeron a Nicanor alguna vez los policías. Aráoz es suboficial retirado de la Armada Argentina y trabajó en la Base Naval de Puerto Belgrano. No se sabe qué papel tuvo en la dictadura militar por algunos indicios que dio Librada Haedo y de los que sus hijos se enteraron hace poco tiempo. “El chapeaba con eso. Se sentía con más poder por ser militar”, cuenta Viviana.

Por su parte, Orlando Gustavo Pascua, combatiente de Malvinas y coordinador nacional de la Red Compromiso Social por Malvinas, escribió: “Ante el dramático femicidio de Librada Haedo, cuyo autor es el cabo principal Ramón Aráoz, sobreviviente del hundimiento del Crucero General Belgrano, es imprescindible dejar en claro que ser ex combatiente de Malvinas no da impunidad” (...) y que “al hablar de los protagonistas del conflicto bélico de 1982, que en lo referente a los caídos no a todos se les puede considerar héroes, ya que hay aquellos que fueron responsables de delitos de lesa humanidad y que quienes regresamos con vida somos ciudadanos con mayor responsabilidad aún”.

Matías enfatiza: “Además de justicia, solicitamos que se aplique un protocolo de actuación en casos de violencia de género, para que situaciones como las que sufrió mi madre no le pasen a ninguna mujer más”.

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