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Viernes, 5 de septiembre de 2014

ARTE

Memoria de la pared

Una retrospectiva de su obra y un planteo que se reinventa a través de la mirada de otrxs artistas en la última muestra de Alejandra Seeber.

 Por Flor Monfort

El espacio abre la pregunta. Además de los cuadros, ¿qué son esas marcas en la pared? Un rectángulo de marco negro en el blanco de la pared de la galería convive con las obras de la artista. Y esos cuadros también plantean el dilema: son escenas íntimas, interiores donde a su vez cuelga un cuadro que inyecta la pregunta ¿qué hay ahí?

Alejandra Seeber se mueve en las dualidades del interior y el exterior desde el vamos. Pasó su infancia en Tierra del Fuego, se formó como artista en Buenos Aires y yiró por Europa como toda artista joven después de ganar la beca Kuitca. Vive en Nueva York desde hace quince años, pero confiesa que fue la escolaridad de sus hijos la que la puso frente a frente con el exilio. Está allá y está acá, como toda exiliada, pero además rasca en la identidad como quien raspa con la uña la pintura de su casa para ver qué hay debajo. Justamente, de eso se trató su trabajo con empapelados sobre empapelados que guardaban las huellas de las vidas pasadas de una casa, y de eso también se trata ese estar acá y allá, contrastando prácticas que enuncian también el estado del arte y el quiénes somos cuando merodeamos por el mundo. ¿Europeos en América? “Terminando con esa mentira, el hecho de vivir afuera me hizo confrontar y construir mucho mas fuertemente mi identidad como latinoamericana, en una ciudad donde convivimos personas de todos lados, pero donde de alguna manera tu origen hace que representes de donde venís. En ese sentido, me interesa contrastar las prácticas: la disciplina estricta del norteamericano con la laxitud argentina, por un lado me enerva aquello de medir el arte por productividad, pero por otro lado esa exigencia (yo a las 8 y media am puedo estar en el taller trabajando) hace que la metáfora tenga menos espacio, y seamos más estrictos con los sentidos”, dice como primer disparador de una muestra que recorre como si ya no le perteneciera. Es que esos rectángulos en la pared representan la propuesta de Cuadro por cuadro que diseñó con la galería Miau Miau: tenía tanta obra que le propuso a otros artistas que la fueran curando, pero dejando testimonio de cada curaduría con las geometrías marcadas. “Ahí había un cuadro”, señala el blanco, pero ahora no hay nada y ese marco inquietante reflexiona sobre la tela en blanco de cualquier artista y las marcas de los cuadros en la pared cuando se descuelgan después de muchos años. “Me interesa cómo afecta el cuadro en la sala: el cuadro dentro del cuadro y así al infinito que incluye lo que está alrededor”, dice y señala We were so modern, esa pieza que dialoga con los interiores que Seeber pinta con obsesión desde el ’96, y que tan bien documentados estuvieron en la muestra Entra, acomodatti, donde los objetos hablaban de quienes estuvieron allí, en su orden y despliegue: la mesa, la cama, la lámpara, el escritorio. Muebles listos para ser usados y reutilizados. El disco rayado de la obra de Seeber son variaciones del tema de los interiores: espacios domésticos, cuartos de hotel, esquinas de un hogar. Lo que pasa fuera de la obra y pasa adentro.

Participaron Horacio Dabbah, Valentina Liernur y Daniel Joglar, quienes eligieron diferentes obras de épocas diversas de la artista, siempre con el signo de su devoción por el blanco, el que la expulsa al momento de dar por terminada la pintura, cada vez más, según dice, con contundencia. “Trabajo con la primera energía que me lleva a la tela, si tengo que explicar o afinar, me canso o voy hacia el mismo lugar de siempre”, dice, y señala otro de los cuadros de la segunda “colgada”. Todos remiten a un espacio cerrado donde hay un sistema familiar que asiste la escena, pero desde afuera, como un monstruo que mira desde lejos el modo de organizar el mundo. Seeber le saca punta a esa arista del lenguaje de la pintura sin perder de vista ese acá y allá con el que convive y que confiesa, cada vez la tiene más agotada. Le gusta volver porque eso le permite también poder irse y mirar desde lejos, pero también el reecuentro con amigxs, esos que inspiran y renuevan la energía de la artista en tránsito.

Cuadro por cuadro, galería Miau miau, Bulnes 2705, CABA.

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WE WERE SO MODERN, OLEO SOBRE TELA (2013)
 
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