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Viernes, 27 de octubre de 2006

CONSEJITOS DE MARU BON BON

Lo que hay que saber antes de poner su boca en esas partes

Como todo en esta vida, queridas amigas, asomarse a la entrepierna de un compañero/a/e sexual con la boca dispuesta a hacerle pasar un momento agradable puede traer sus trastornos si una no está bien preparada. Nadie está exenta/o/etc. de la arcada inoportuna, el chapa chapa que deja la secreción excesiva de líquidos o el nada sexy disloque de la mandíbula que ha hecho poner pies en polvorosa a más de uno/a/x en busca de un componedor que vuelva las cosas en su lugar. Por eso, antes de ubicar su linda boquita en la zona indicada, medite, prepárese y no se lave los dientes (que para eso habrá tiempo después).

Caso 1:

Usted le ofrece placer oral a una mujer. ¿Y entonces por qué no abre los ojitos? ¿Qué es lo que teme descubrir? Deje de lambetear en vano, vaya al punto –o al clítoris, digámoslo–, se ahorrará usted tirones de pelo, indicaciones propias de cartógrafos y gemidos fingidos que nunca son tan jugosos como los verdaderos –he ahí una buena manera de diferenciar unos de otros–. Además se abrirá frente a sus ojos un mundo nuevo plagado (o plegado) de caminos diversos que harán las delicias de su compañera.

Caso 2:

Usted le ofrece placer oral a un hombre. Y ya que se lo está ofreciendo ¿qué necesidad hay de que él le empuje la cabeza al peor estilo bonaerense (es decir, submarino seco)? Le sugerimos dos cosas: o bien luce un corte inexpugnable –no más de medio centímetro de pelo– o bien se detiene, sube hasta la altura de los ojos y pone las cosas en claro. Ambos van a ser más felices y sabrán a qué atenerse.

Caso 3:

Usted es una mujer y recibe placer oral. Vamos, amiga, déjese llevar, guarde la culpa por el tiempo transcurrido para otro momento. Las chicas somos así, necesitamos paciencia y constancia y es usted y sólo usted quien puede hacérselo saber a su amante. La vagancia debe dejarse de lado junto a la ropa interior. Y el falso pudor, por favor, antes de cruzar la puerta que sea.

Caso 4:

Usted es un hombre y recibe placer oral. No sea artero, no hace falta caer en bajos artilugios, no escupa su simiente en la boca de su amante si antes no existió una conversación previa. Así evitará devoluciones anticipadas, clausura abrupta de la mandíbula –con su parte pudenda dentro– y rotundas negativas en el futuro que, sin duda, empobrecen una linda relación.

Por último, amigas, un consejo universal: si quiere llegar viva al final del acto, ¡deténgase cuando sea necesario! Hay registros de buenos/as seres que han quedado azules por no quitarse de la boca ese pícaro pelillo que, ubicado en la amígdala, puede arruinar cualquier goce.

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La muchacha de marras oculta su propia boca para marcar otros caminos.
 
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