las12

Viernes, 27 de octubre de 2006

TALK SHOW

 Por Moira Soto

Sólo quiero que me amen

El hombre pez, sobreviviente de tiempos remotísimos, habitaba en las aguas y los alrededores de la Laguna Negra, en situación de celibato, a mediados de los años ’50. Pero hete aquí que llega al lugar, siguiéndole la huella, con intenciones de capturarlo, una expedición científica. Hace calor, puesto que estamos en Brasil (es decir, en Florida, Estados Unidos), y la bonita expedicionaria Julia Adams, científica ella, se calza su traje baño blanco para darse un chapuzón en aguas no tan oscuras. La criatura anfibia, que del tema sabe un montón, admira el estilo de la nadadora, la sigue a distancia buceando, sin dejarse ver. La tensión erótica se activa y el monstruo ya enamorado le roza el tobillo con una de sus largas uñas a la bella que se deslizó en su territorio y despertó sus instintos básicos...

Uno de los monstruos más idolatrados por los fans del género fantástico, The Creature from the Black Lagoon (1954), forma parte de esa legión de seres que van contra el orden regular de la naturaleza, mitad humanos, mitad animales, que tanto han fascinado en todas las épocas y culturas, al punto tal que muchos dioses y muchas diosas tuvieron esa característica, tan ligada a la zoofilia, obviamente. El monstruo de la Laguna Negra, como se llamó acá el venerado film de Jack Arnold, suma a esa hibridez, ya de por sí perturbadora, el hecho de venir de aguas profundas (se dice que el productor se inspiró en una leyenda brasileña acerca de un hombre pez, que había oído ¡en casa de Orson Welles!), detalle que siempre ha atizado la imaginación (piensen sin más en las criaturas marítimas combinadas de la mitología griega) y que sigue sugestionando en nivel popular (cada tanto, se reactualizan noticias sobre el monstruo de Loch Ness o de otros lagos, sobre pulpos y calamares gigantes, bichos éstos completamente animales). Todo lo cual no es de sorprender si se considera que las aguas cubren los dos tercios de la superficie terrestre y aun no han sido totalmente exploradas. En consecuencia, también la literatura, el comic, el cine han convocado a estas temibles bestias acuáticas, desde cosas del pantano arropadas con algas a tiburones tan ávidos como inteligentes, empeñados en arrasar tranquilos veraneos familiares en algún pueblito de Nueva Inglaterra.

La semilla que hizo germinar a la criatura de la laguna fue un título, The Sea Monster, y una breve línea argumental que el productor William Alland (el mismo que había escuchado sobre la leyenda) pasó a Bud Westmore, a la sazón jefe del área de maquillaje de la Universal, para que le diera forma física. Por otra parte, el gran director Jack Arnold, ya incorporado al proyecto, reconoció en una entrevista que mirando la estatuilla del Oscar de la Academia había empezado a imaginarle agallas en la cabeza, aletas en la espalda, membranas en las manos, grandes escamas... En el diseño de la criatura, que llevó ocho meses y 18 mil dólares, participaron otros tres artistas, y el detalle curioso es que trabajaron con el único busto humano con que contaban, el de la actriz Ann Sheridan, que fue cubierto con varias capas de arcilla con la que se modeló la bocota (tan parecida a la de algunas colagenadas de hoy), se hizo desaparecer la nariz, se agrandaron y rasgaron los ojos. Después hubo que confeccionar el enterito escamado de goma, dos en verdad: uno verde luminoso para las incursiones en la laguna, y otro más oscuro para las travesuras al aire libre, como raptar a la chica de la recatada malla blanca y llevársela a una gruta para que la viniese a rescatar el chico bueno y normalito.

Por cierto –¿hace falta decirlo?–, ésta es otra vuelta de manivela al mito de la Bella y la Bestia, que no inventó Madame de Leprince de Beaumont (pero sí le dio buena forma literaria), donde casi siempre la bella es muy humana, aunque en Cat People (1942, del maestro Jacques Tourneur) es una chica conflictuada que se desdobla en pantera. Como otros monstruos pasionales (King Kong, El Jorobado de Nôtre-Dame, El Fantasma de la Opera), la criatura de la laguna sólo quiere que la amen. Pero ni Julita Adams en la primera entrega, ni las dos rubias que la reemplazaron en el corazón del hombre pez –en The Revenge of the Creature (1955) y The Creature Walks Again (1956)– ni siquiera besaron a esa bestia enamorada, sin órganos sexuales a la vista, faltaba más... De modo que nunca se sabrá si el amor correspondido habría humanizado del todo a este monstruo verdolaga, en el que incluso quizás anidaba un príncipe con todas las de la ley.

El monstruo de la Laguna Negra se emite el martes 31 a las 19.20 por la señal de cable TCM.

Langostinos en Portofino

La chica que quería ser actriz y estuvo en algunas series populares de TV, pero terminó convertida en exitosísima cantante pop con todos los chiches, volvió del cáncer de teta mejor que antes de la operación y los tratamientos intensivos. Es decir, así de luminosa —más allá del perfecto maquillaje nacarado—, clarificada, como despejada —y no sólo de oropeles exteriores—, se la puede ver a Kylie Minogue en el especial que estas noches se pasa por la señal de cable Cosmopolitan. Se trata de la primera nota que la estrella australiana dio después de salir sin células cancerosas del tratamiento principal —ahora prosiguen los controles— a la cadena británica Sky One.

Entrevistada por Cat Deelly, quien desgrana entre mohínes y gestitos con las manos un cuestionario previsible, evidentemente muy armado y consultado, Kylie Minogue suena sincera, jovial, reflexiva, discreta, apacible. Al emocionarse en algunos tramos del reportaje (“no me hagas llorar”, le pide a Deelly), Minogue se esfuerza por retener las lágrimas que hacen brillar aún más sus bonitos ojos claros. Y lo logra, aunque quizás en la edición hicieron desaparecer los pañuelos, lo que habría sido una decisión acorde con el tono general del reportaje, filmado permanentemente en primeros planos que apenas dejan ver los hombros de Kylie, el pelo cortito aclarado, pendientes de diamantes por único adorno, un vestido color champaña del que apenas se ven los breteles y una especie de solapa. Y hay que reconocer que la intérprete de “I Should Be So Lucky” y “Can’t Get You Out of my Head”, demuestra que es capaz de sostener por sí sola la atención durante una hora, independientemente de algunos breves inserts de shows, visitas a hospitales, encuentro con la gente de Sri Lanka afectada por el tsunami, entrega de unas flores a su hermana, también cantante, después de un recital en Londres, en la primera aparición frente al público después del alta.

Sin subrayados, con mucha síntesis, KM pasa revista a los sucesos del año pasado cuando, con un pie en el avión para iniciar una gira, se conoció el diagnóstico de cáncer de mama en etapa inicial: la incredulidad, el día de gracia en la playa junto a su novio —el francés mal actor y buen mozo Olivier Martínez—, el posterior anuncio a la prensa, la decisión de operarse en su país y hacer la quimio en París, lo bien rodeada y protegida que siempre se sintió, aunque “se trata de un viaje personal, por más gente que tengas alrededor”. Apenas quiso mencionar los días malos en que no podía levantarse de la cama, en que no quería que nadie la viese (“no deseo contarlo, es un lugar muy oscuro para estar que hay que atravesar, como lo saben quienes pasaron por esto”). Kylie Minogue está convencida de que valió la pena hablar públicamente de su enfermedad, dejarse ver con un pañuelo visitando un hospital de niños cancerosos (“cosa que siempre he hecho, pero ahora ellos sabían que yo sabía de qué se trataba”) o alentando a la gente de Sri Lanka, donde enseñó a los chicos a nadar y se subió a un elefante: “Por lo que me dicen los médicos, hay personas cuyas vidas potencialmente se salvaron por haber escuchado este llamado de atención. No se trata de asustar a nadie, sólo pedirles que estén alertas. Decirles a quienes nos están mirando: pueden lograrlo”.

“No puedo creer que estoy aquí, que puedo hacer lo que se me dé la gana, hoy, mañana”, sonríe a full KM. Y cuenta algunas de las cosas que se anotó mentalmente para hacer en esos momentos en que pensó que quizá le quedaba poco tiempo: “Volver a Portofino a comer aquellos langostinos –ya fui–, disfrutar realmente del momento, reírme, darme muchos besos y abrazos con la gente que quiero...”.

La estrella pop que se rapó antes de que se le cayera el pelo y que se adelantó a los paparazzi (“mi cabeza tenía un precio”) que esperaban que se le volara el pañuelo, dejando que su novio le tomara algunas fotos (sin producirse, el pelo más oscuro, cortísimo), que luego entregó a la prensa, ha retomado su carrera con mucha energía, pero sabiendo que acaso no cuente con recursos que antes daba por seguros. Con sensatez, piensa que los cambios de vestuario en el show que se anuncia para el 2007 no serán tan rápidos. “Y tal vez haya una silla en el escenario. ¿Por qué no?”

“The Kylie Minogue Interview”, por Cosmopolitan mañana sábado a las 20, el 25, a las 21; el 29 a las 22 y el 30 de octubre a las 23.

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