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Viernes, 17 de febrero de 2006

INUTILíSIMO

Usar airosamente el abanico

Todavía en pleno estío, estamos a tiempo de recuperar –las que no lo tenemos en la cartera– ese adminículo tan elegante, femenino, práctico que es el abanico. Es cierto que hoy en día se ha expandido el empleo del aire acondicionado, incluso en casas de familia, pero ello no es razón suficiente para que dejemos de lado el abanico, porque siempre surgirá una ocasión de usarlo –y lucirlo–, incluso al aire libre, en esos días sofocantes en que no corre ni una brizna de brisa. Según el Anuario de la mujer (Buenos Aires, 1933), “una verdadera dama se reconoce por la gracia y oportunidad con que maneja este implemento, que tanto puede ser una primorosa reliquia familiar como una sencilla adquisición realizada en una buena casa del ramo”.

Primero y principal: el abanico debe estar a mano en el bolso, tener su lugar fijo (una divino o un bolsillo apropiados) porque “resulta chocante ver a una señora revolviendo el contenido, sacando guantes, pañuelito, vanity, binoculares si está en el teatro”, hasta por fin dar con el famoso artefacto. Algunas mujeres prefieren llevar el abanico en coqueta funda de seda o terciopelo, pero el Anuario opina que queda más garboso extraerlo directamente de la cartera con gesto discreto y un poquitín nonchalante, y abrirlo con un quiebre sutil de muñeca, un movimiento que a la inversa servirá para cerrarlo con femenino encanto. “Porque el abanico, además de virtudes de ventilación y refrescamiento, es un recurso de seducción que muchas señoras no valoran debidamente.” Por otra parte, no hace falta ser una geisha ni recibir un curso especializado para aprender a acercarlo a la cara tapando la boca para musitar una confidencia, o dejando ver solo los ojos con aire pudoroso. Desde luego, no resulta chic abrir y cerrar permanentemente el abanico haciéndolo sonar, mucho menos si se asiste a la ópera.

El español Jorge Llopis en su Manual de la mujer moderna, que tituló irónicamente ¿Quiere usted ser tonta en diez días?, dice con el tono chancero que lo caracteriza algunas verdades: “El lenguaje del abanico fue inventado por nuestras abuelas, por eso el abanico es un semáforo del amor”. Este idioma, dice Llopis, posee la ventaja de no tener verbos irregulares. Para practicarlo hacen falta básicamente, un abanico, una señorita y un caballero. He aquí algunas claves de respuestas “según la posición en la mano de la bella”.

Abanico cerrado: que no; abierto: también que no; entreabierto: lo pensaré, sostenido por el centro: que lo volveré a pensar pero que no; abanico vertical: que me compres patatas fritas; abanico en la región escapular: ¡que todos los hombres sois iguales!; abanico en la cabeza: ¡hemos terminado para siempre!; manejado a la manera goyesca: ¡que te zurzan!; abanico usado a la manera que os dé la gana: ¡quiero más patatas fritas!

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