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Lunes, 29 de marzo de 2004

FúTBOL › POR EL DEFICIT QUE LO OBLIGA A VENDER JUGADORES Y POR LAS ENCUESTAS

Aguilar vive haciendo cuentas

Según su presidente, River está obligado a vender por valor de ocho millones de dólares anuales para poder sostener unas 80 actividades entre deportivas y culturales que le provocan déficit. Mientras tanto, algunos opositores ya le apuntan a su sillón y le hacen saber al dirigente, amenazas incluidas, que están dispuestos a todo para desbancarlo.

 Por Gustavo Veiga

La radiografía de un club como River no puede arrojar diagnósticos parciales. Todo se vincula con todo, aunque en apariencia las obras de una institución pujante estén disociadas del rendimiento futbolístico. Cuando José María Aguilar ya traspasó dos de sus cuatro años de mandato, se impone un balance sobre la actualidad deportiva, económica e institucional. El presidente parece estar preocupado más por las acechanzas que devienen de su propia interna, que por la campaña irregular del equipo, por ahora muy bien en la Copa y no tanto en el campeonato local, pese al 5-0 sobre Arsenal del sábado. Un extraño candidato se ha lanzado al ruedo para desbancarlo, el ex dirigente Ricardo Grosso lo amenaza y agravia por teléfono y algunos pares que lo acompañan en la comisión directiva resoplan por lo bajo que es personalista.
Mientras tanto, la Libertadores es la asignatura pendiente que puede disparar o no la próxima crisis y el déficit que originan las inversiones en infraestructura o el sostenimiento de ochenta actividades implican desprenderse de jugadores a razón de ocho millones de dólares por temporada. En Núñez, pese a estos problemas latentes, se cortan cintas para inaugurar un estacionamiento destinado a 1670 vehículos y se le pinta la cara de nuevo al Monumental. Aunque claro, si los éxitos no acompañan al plantel de Leonardo Astrada, las acciones de gobierno bien pueden volverse inocuas. Ese fue siempre el doble desafío de River: hacer, sí, pero también ganar.
Por estos días, el doctor Aguilar oscila entre cierta intranquilidad y un comportamiento risueño. Ese estado de ánimo, en apariencia contradictorio, viene a cuento de algunas presencias inquietantes que, con idéntico afán, quisieran verlo alejado de la presidencia que ocupa.
Enemigos
variopintos
Uno de esos hombres es el embajador de la Soberana Orden de Malta en la Argentina, una organización católica que aún conserva su tradición militar. Fue fundada en Jerusalén en 1050 y tiene en el mundo unos 11 mil miembros. Se trata de Antonio Manuel Caselli, el hijo mayor de Esteban “Cacho” Caselli, el ex embajador designado por Carlos Menem en el Vaticano. Este estrambótico personaje ha repetido ante un puñado de socios dos breves sentencias: “Quiero ser presidente de River” y “tengo plata para todo”. Quien lo escuchó azorado y luego describió sus intenciones ante otros directivos, es el actual prosecretario, Jorge Francisco.
Cuando Aguilar se enteró del propósito de Caselli, primero hizo una mueca y luego ató cabos con lo que considera una campaña de desprestigio liderada por el periodista Eduardo Feinman. El presidente ya tiene en su poder la desgrabación de un comentario que éste realizó en Radio 10 y donde lo trata de “ladrón”. Esa cinta la utilizaría para demandarlo ante la Justicia. La relación entre el diplomático de la Orden de Malta y la emisora de Daniel Hadad alertó al máximo dirigente de River. El vínculo se remonta a mediados de 2001, cuando Radio 10 y Caselli (h.) firmaron un convenio para “concienciar (sic) al público de Argentina sobre las condiciones de extrema pobreza y malnutrición que muchos niños viven, especialmente en los suburbios de Buenos Aires y en algunas regiones del interior del país...”, según reza en la página web de la Orden.
A diferencia de Caselli (h.), a quien prácticamente no lo conoce, Aguilar sí sabe en detalle quién es Ricardo Grosso: aquel vocal de River que, cuando gobernaba el club Alfredo Davicce, se preguntó en un reportaje del diario Clarín: “¿Y el atorrante, el sinvergüenza, el chorro siempre fui yo? ¿Cómo? ¿y él?”, en referencia al ex presidente. Ahora resulta que Grosso, según pudo comprobarse mediante grabaciones que serían presentadas ante un juez, amenazó por teléfono en dos oportunidades a Aguilar. Y lo conminó a abandonar la presidencia tras la caída de River con Cienciano enla final de la última Copa Sudamericana. Los exabruptos de aquél, consistentes en una serie de insultos, figuran en una denuncia penal que está a la firma del actual presidente. Incluso, el texto reproduce comentarios discriminatorios y racistas hacia el vocal titular Mario Israel, el hombre más cercano a Aguilar en la conducción.
En este ambiente que tenderá a caldearse todavía más a medida que se acerquen las elecciones de diciembre de 2005, reaparecieron dos ex presidentes: el propio Davicce –quien no tiene plafond ni siquiera en su propia agrupación, hoy controlada por el doctor Jorge Carullo– y Hugo Santilli, quien está representado de algún modo en la comisión directiva por su hijo Darío, vocal titular y responsable de los populares campeonatos de fútbol interno que se desarrollan en el club.
Aguilar, por si las moscas, ya ha dado pasos hacia delante buscando la reelección, más allá de algunos titubeos: con cierta periodicidad le encarga encuestas a la consultora de Julio Aurelio para medir la popularidad de las medidas que adopta y, además, el próximo 12 de abril, la Agrupación Cruzada Riverplatense lanzará su respaldo al joven abogado por un nuevo período en la presidencia.
Números
y obras
En el extenso informe de la Comisión Fiscalizadora de River que consta en el último balance cerrado el 31 de agosto de 2003, se menciona: “Aumento del gasto y por consiguiente del déficit mensual, el mismo ha pasado de 1.200.000 pesos mensuales a principio del ejercicio a 1.900.000 pesos en los últimos meses. Esto nos permite inferir un déficit anual no inferior a 23.000.000 pesos, es decir un equivalente a 8.000.000 dólares”. Por este monto determinado en dólares, el club necesita vender jugadores para mantener a raya el desajuste mensual que le provoca su megaestructura. Esta consiste en casi ochenta actividades entre deportivas y culturales, un complejo educativo de 1200 alumnos que tiene hasta un instituto terciario, 800 empleados, obras que se habían programado desde hace tiempo y que están en su apogeo, además de, por supuesto, la sangría que implica el fútbol.
“River se puede dar el lujo de mantener semejante estructura, llevar adelante estas obras y tener este plantel profesional, porque existe una lógica donde se venden jugadores que le permiten hacer esas cosas. Si se cerraran los mercados del mundo por algún arbitrio del capitalismo triunfante, el club, seguramente, debería cambiar su forma de administración.” Las palabras de Aguilar resumen de qué modo gobierna y los riesgos que elige correr. Lo demás se encuentra explicado en el balance, que arrojó un superávit de 3.492.763 pesos, casi un millón y medio menos que en el ejercicio cerrado en agosto de 2002.
Algunos datos de la memoria y balance que el presidente de River le entregó en mano a este cronista señalan: en el estado de flujo de efectivo –al 31 de agosto del año pasado–, el club cobró en concepto de televisación de partidos, 11.753.923 pesos; por transferencias de jugadores, 37.415.454; por publicidad y sponsors, 10.450.847 y por recaudaciones de torneos, 5.330.598. Y, en cambio, pagó: al personal, cargas sociales, premios y acuerdos de fútbol profesional, 33.367.980 pesos (todo en un rubro), préstamos por 9.976.812 y adquisiciones de futbolistas por 8.743.852.
De una lectura más detallada del movimiento económico, se desprende que River afronta el juicio de un pibe que jugaba en sus divisiones inferiores –como consecuencia de un accidente que sufrió en 1997– y que le reclama el pago de 1.643.687 pesos a esa fecha. Por otra parte, la demanda de un espectador que se lesionó en el Monumental durante la celebración del campeonato de 2001 podría costarle al club 512.500 pesos. El destino de estos juicios, según los abogados de River, es “incierto”.
Pero del mismo modo que avanzan procesos judiciales en contra, a Núñez también llegan unos cuantos pesos extra. Es curioso el caso delresarcimiento que cobrará la institución por la formación de Hernán Crespo en sus divisiones inferiores. Porque lo vendió hace ya varios años al Parma de Italia por la magra suma de 4.000.000 de dólares y en agosto de 2003, cuando el goleador fue transferido por el Inter al Chelsea de Inglaterra, este club aceptó abonarle 3.007.200 pesos o su equivalente de 960.000 euros.
Ese ingreso que figura en el estado de recursos y gastos es módico comparado con los 4.500.000 dólares que, de contado, River recibió por el pase de Osmar Ferreyra, transferido a comienzos de este año al fútbol ruso. Cuando Aguilar cuenta que aquella suma se acreditó en la tesorería del club de una sola vez, abre los ojos como asombrado. Sin embargo, la transferencia de ese pibe convertido en uno de los mejores valores surgidos en el fútbol argentino durante 2003 reafirma el destino exportador de River que, con creces, ha pagado un costo elevado: sus sucesivas frustraciones deportivas en el plano internacional desde 1997 hasta hoy. Y que, además, se amplifican por los éxitos en serie que Boca, su rival de siempre, cosechó en el mismo terreno.
“Pienso que la Copa Libertadores es un torneo importante, pero no debe ser casual que River la jugó como 40 veces y la ganó solamente dos. Y en otros, a nivel nacional, que también son jerarquizados y complejos, haya ganado treinta y uno. Si se analizan a los campeones de la Copa, no son aquellos que se caracterizan por el juego más vistoso. Nosotros estamos otra vez con la ilusión renovada, pero si el equipo tiene el carácter, la templanza y las calidades suficientes para ganarla, nos vamos a enterar muy pronto”, describe el presidente, como si intuyera cuál es su talón de Aquiles. No obstante, parece un político a tono con los tiempos que corren. Sostiene que encuentra sosiego en otro tipo de resultados: son los que arrojan las encuestas y que le devuelven, según él, una imagen positiva muy superior a la de cualquier futuro contrincante.
A River lo han hecho grande su fútbol, sus jugadores, los títulos que cosechó a lo largo de su prolífica historia y, por supuesto, sus obras. Entonces, habrá que determinar si a José María Aguilar le alcanza sólo con estas últimas para gobernar tranquilo los veintiún meses que le restan de su mandato (como sugieren las encuestas de Julio Aurelio) o si también necesita que le extiendan una mano Leonardo Astrada y sus muchachos.

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