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Lunes, 6 de noviembre de 2006

CONTRATAPA

Te llevo en el alma

El nacimiento de una pasión es el nombre de un instructivo y ameno libro que con la firma de Alejandro Fa-bbri acaba de editar Capital Intelectual. La publicación, que forma parte de una colección dirigida por Ezequiel Fernández Moores, lleva como subtítulo “Historia de los clubes de fútbol” y de eso se trata, precisamente: de una prolija recorrida por el nacimiento y algunos puntos centrales de la vida de más de 50 instituciones, desde Boca y River hasta Ben Hur de Rafaela y Argentino de Quilmes. Con su habitual rigor, citando variadas fuentes, Fabbri encaró una investigación que produjo un libro con muchos datos engarzados con brillantes y curiosas joyitas. Aquí se reproducen algunas.

Tigre

Señala la historia que para jugar su primer partido los pibes que fundaron Tigre necesitaban sus camisetas y aún no habían definido los colores. Que fueron a un negocio de ropa y que pagaron 9 pesos con 90 centavos y el dueño de la tienda les fió el resto porque no alcanzaba. Las camisetas eran azules con cuellos y puños rojos. (...) El nuevo estadio muy pronto fue objeto de una leyenda que nunca pudo ser confirmada. La cancha fue conocida como “del lechero ahogado” porque, según se contaba, un lechero cargado con tarros de leche recién ordeñada se desbarrancó y murió ahogado en las oscuras aguas del río Las Conchas (...). Una explicación más razonable indica que, con mucha suerte de su lado, pudo ganar varios partidos y a los “suertudos” se los llamaba “lecheros”, que tienen “mucha leche”. Por eso cuando los de los otros cuadros ganaban de visitantes, decían que habían “ahogado al lechero”.

Argentino de Quilmes

(...) Un grupo de estudiantes argentinos del Nacional Buenos Aires, residentes en Quilmes, deciden fundar un club cansados de la discriminación que sufrían en el Athletic Club. (...) A partir del ingreso de Guillermo Jordan, su delegado en la Asociación Argentina, se resolvió adoptar en forma definitiva el uso del idioma castellano para los documentos públicos. La costumbre de agasajar a los contrarios con mate cocido y bizcochos caseros les hizo ganar rápidamente el sobrenombre de “mates”.

Chacarita Juniors

(...) Para llegar a la máxima categoría Chaca ganó por 2 a 1 a la intermedia de Boca con Eduardo Pibona Alterio en el equipo. Justamente fue Alterio, tío del excepcional actor Héctor Alterio, quien tuvo el alto honor de ejecutar el primer penal en la historia del profesionalismo. Lo hizo en 1931 contra Tigre y se lo convirtió al arquero Savarro, quien decidió quedarse inmóvil junto a un poste en señal de protesta por la sanción del árbitro.

Argentinos Juniors

(...) No son muchos los que saben que Argentinos Juniors, como Atlanta, se fundó en Villa Crespo. (...) Allí se juntaron dos equipos de la zona Mártires de Chicago y Sol de la Victoria y fundaron la Asociación Atlética y Futbolística Argentinos Unidos de Villa Crespo. (...) Luego hubo que reducir el nombre y quedó Asociación Atlética Argentinos Juniors. Tal como lo deseaban sus fundadores socialistas, Argentinos no nació como un club sino como una Asociación Atlética (...). El diario Clarín los llamó muchos años después “bichos colorados” y el desaparecido diario El Líder habló de “El tifón de Boyacá”, denominación que todavía su hinchada corea.

Nueva Chicago

(...) Una chata lerdona pintada de verde con rayas negras que transitaba desde avenida Campana (hoy Eva Perón) hacia los nuevos mataderos hizo exclamar a uno de los fundadores: “¡Ahí van nuestros colores!”. (...) El baldío de Tandil y Tellier fue el primer lugar para jugar, con arcos que estaban hechos con maderas duras, las mismas que se utilizaban para aguantar la embestida del ganado que pronto iba a ser sacrificado en los mataderos.

Ferro

(...) Con origen ferroviario y británico, en una época –comienzos del siglo XX– en la que todo tenía aroma inglés, les decían “los ferrocarrileros” y poco tiempo después eran conocidos como “la murga de Languasco”, en referencia a un mítico delegado que había impuesto el color verde, harto de perder partidos con otros colores (...). En 1974, con el recuerdo fresco del Holanda subcampeón del Mundo, Ferro jugó con una camiseta naranja con un caballito negro en el pecho y le ganó 3 a 2 a Central en la cancha de Newell’s.

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