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Lunes, 7 de julio de 2014

CONTRATAPA › EL SERBIO SE IMPUSO EN LA FINAL DE WIMBLEDON ANTE EL SUIZO FEDERER

Djokovic, campeón y número uno

Nole demostró una vez más que no hay dificultad física, anímica o tenística a la que no se pueda sobreponer, y derrotó por 6-7 (7), 6-4, 7-6 (4), 5-7 y 6-4 al tenista de Basilea y cortó la racha de tres finales de Grand Slam perdidas.

 Por Tomás Rudich

Elástico como un gimnasta, resistente como un maratonista y luchador como un gladiador: el serbio Novak Djokovic demostró ayer una vez más que no hay dificultad física, anímica o tenística a la que no se pueda sobreponer. Su victoria por 6-7 (7), 6-4, 7-6 (4), 5-7 y 6-4 sobre el suizo Roger Federer en una emotiva final no sólo significó su segundo título en Wimbledon, y su regreso a lo más alto del ranking mundial, sino también una enorme inyección de necesaria confianza. “Gracias por dejarme ganar hoy”, le dijo Djokovic a Federer en la ceremonia de premiación. Una broma con trasfondo serio, porque haber perdido tras desperdiciar una ventaja de 5-2 en el cuarto parcial hubiera sido devastador para el serbio.

Tres finales de Grand Slam consecutivas perdidas, la última de ellas ante el español Rafael Nadal en Roland Garros, su asignatura pendiente, eran una carga pesada para alguien tan acostumbrado al éxito como Djokovic. Y más si su último gran trofeo se remontaba a enero de 2013, en el Abierto de Australia. “Quiero ganar el título. Significaría mucho mentalmente para mí”, confesó el serbio antes de la final. “Debería haber ganado algunos partidos que perdí en finales de Grand Slam en los últimos años”, fueron sus sinceras palabras.

Con esa misión decidió acudir a la ex leyenda alemana Boris Becker tras finalizar su vínculo a tiempo completo con el eslovaco Marian Vajda, su entrenador de los últimos años. “Muchos jugadores querrían tener ese problema, pero él alcanzó tal nivel que le resulta normal llegar a una semifinal o una final de Grand Slam. Esto muestra que está buscando la manera de mejorar. Y es una de las razones por las que estoy aquí”, explicó Becker en una entrevista con la agencia dpa y otros medios durante Wimbledon.

Pero la confianza perdida no sólo se debió a las derrotas, sino también a una lesión en la muñeca derecha que le generó dudas desde el inicio de la temporada. El serbio debió ausentarse durante un mes en la gira sobre arcilla e incluso su presencia en Wimbledon estuvo plagada de interrogantes tras bajarse de una exhibición previa por los dolores.

“Cuando cambio de superficie, especialmente de la arcilla al césped, siento una sensación un poco extraña en la muñeca”, fue su explicación un tanto ambigua. El antecedente del argentino Juan Martín Del Potro, operado este año por segunda vez de una muñeca, no resultaba alentador. Pero no era la situación del serbio, que logró sobrellevar los problemas físicos y avanzar hasta las instancias finales en Londres, pese a no mostrar su mejor nivel.

También en la final dio Djokovic una muestra de su resistencia de acero. Tras un fuerte resbalón en el inicio del segundo set, se lastimó el tobillo derecho y debió pedir asistencia del trainer. El partido se presentaba doblemente cuesta arriba tras caer en la primera manga, pero el serbio se recuperó en ambos planos. Y lo volvió a hacer en el quinto set, tras haber estado a un punto del título y de la cima del ranking, y con Federer hecho un vendaval. “Después de perder el cuarto set no era fácil recuperarse, pero no sé cómo logré hacerlo”, confesó ayer el serbio entre lágrimas de alivio y descarga.

Quitado ya su estigma, y mientras se prepara para ser padre por primera vez junto a su prometida Jelena Ristic, el serbio llega a la segunda mitad de la temporada con la confianza renovada. Y listo para defender ante Nadal un primer lugar que ahora le pertenece.

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Djokovic, victorioso sobre el césped de All England.
Imagen: EFE
 
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