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Lunes, 30 de abril de 2012

SEPTIMA VICTORIA CONSECUTIVA DE SEBASTIAN LOEB EN CORDOBA

Las siete plagas del rally

El francés gana y gana, pero el nivel del campeonato mundial cae y cae. Fue uno de los rallies de Argentina más pobres de sus tres décadas de historia. Las órdenes de equipo facilitaron su victoria y agregaron más descrédito a una especialidad en decadencia.

 Por Pablo Vignone

Desde Córdoba

Figurita repetida: Sebastián Loeb se quedó, como cada año desde 2005 (y exceptuando 2010, en que no se corrió por el campeonato del mundo), con el Rally de la Argentina en Córdoba. Además, su 70ª victoria en un rally puntable. En condiciones normales, todo un logro. En el estado de pobreza competitiva de la especialidad, en cambio, fue algo para lamentar.

Desde que logró su primer triunfo, en el venerable Montecarlo, en 2003, se disputaron 136 rallies con esa condición puntable. El alsaciano se quedó con más de la mitad, exactamente el 51,4 por ciento de los triunfos. Un fenómeno, sí, pero frente a una oposición cada vez más pobre que sólo logra hundir la imagen de un campeonato que en los ’80 y en los ’90 brilló al nivel del automovilismo más popular y competitivo del mundo, y que ahora es una deshilachada silueta de lo que fue.

Un ejemplo sintético: en la primera etapa, el viernes, Loeb y sus ingenieros equivocaron la puesta a punto del DS3, produjeron una mala elección de cubiertas y el francés terminó haciendo tres trompos durante la mañana, toda una rareza, y perdió 20 segundos. El equipo cambió todo el tren trasero durante el servicio del mediodía, y al término de la etapa, manejando de la misma manera, ya era otra vez el líder del Rally.

Su principal rival, Petter Solberg, había roto la suspensión de su Fiesta. Apenas empezado este Rally endurance de 500 kilómetros, estaba resuelto. Especialmente cuando el sábado a la mañana, el equipo Citroën decidió que el 1-2 de Loeb y su compañero Mikko Hirvonen, que recién esta temporada arribó a la escuadra, no debía ser alterado por disputa alguna en el camino. Una decisión polémica que le quitó aún más interés a la prueba.

El francés se quejaba por lo bajo de que su compañero seguía yendo rápido; el finés se declaraba decepcionado. El rally ya estaba seis metros bajo tierra (y piedra y ripio). Hirvonen lo peleó en las Altas Cumbres (y se colocó a apenas dos décimas de segundo del puntero) pero las radios funcionaron a full entre la base y los autos 1 y 2, y el galo terminó superando por 15s2 al escandinavo; tercero fue el noruego Mads Ostberg (Ford), a más de tres minutos. Solberg fue sexto, el príncipe qatarí Nasser al Attiyah acabó noveno y el ex F-1 Eliseo Salazar llegó 12º.

El dominio de Loeb y Citroën es inobjetable, pero está matando al Mundial. “Necesitamos más equipos y más pilotos”, afirma Michele Mouton, la comisaria de la FIA en el Mundial de Rally (que fuera vicecampeona mundiales 1982, tras ganar tres pruebas para el campeonato: nunca una mujer llegó tan alto en la historia del automovilismo mundial), que cree que extensiones más largas en los rallies, como éste de 503 kilómetros de pruebas especiales que preparó el Automóvil Club Argentino, son necesarios “para que no gane siempre el mismo piloto” asegura, sin mencionar a su compatriota, porque no hace falta. A Loeb los especiales largos (como el de Mataderos-Ambul de ayer, de 66 kilómetros, el más extenso de todo el campeonato, que ganó Solberg en 38m16s, a 103,076 km/h) no le agradan en lo absoluto. Prefiere tramos cortos y de altísimo pero breve rendimiento. Quizás la insistencia de la FIA con los tramos extensos termine empujándolo al retiro: ya tiene 37 años, va en busca de su noveno título mundial consecutivo, y su contrato con la marca fenece a fines del 2013; quizá sea ése el efecto que se esté persiguiendo.

Está dicho: resultó la séptima victoria consecutiva de Loeb en Córdoba, pero también la octava en seguidilla de la marca francesa, que arrancó su hegemonía en 2004 con el español Carlos Sainz. Hace rato que Ford no está a la altura de los franceses: en 2006 y 2007 se repartieron los triunfos, ocho para cada marca; desde 2008 hasta ayer, Citroën se quedó con 41 rallies; sus rivales británicos, sólo con 16... Volkswagen arranca en 2013 (y su primer piloto, Sebastián Ogier, tiene madera de campeón) pero no será hasta 2014 que podrán pelear la punta; esta semana probarán el PoloWRC por los caminos de Córdoba para compararse con los autos actuales; se presume que Toyota, campeón en los ’90 con Sainz, podría retornar al rally. El sistema precisa con desesperación nuevos atractivos para mantener el interés de los fanáticos, algo que los Años Loeb disminuyeron a mínimos históricos.

“Queremos recuperar el millón y pico de espectadores que supo tener el Rally no hace muchos años”, se habían ilusionado los organizadores en la presentación de la carrera. No lo lograron. La falta de pilotos argentinos compitiendo en los primeros planos conspiró también. “Antes nosotros corríamos por la pasión”, reflexiona ante Líbero el mítico Gabriel Raies, un icono del rally en Córdoba, ahora titular de la Agencia Córdoba Deportes. “No digo que los de ahora no sean buenos, pero piensan mucho más en el dinero que nuestra generación.” Es cierto: la ausencia de una competencia tácita entre locales y europeos le quitó también un atractivo tradicional al rally. Marcos Ligato, el único cordobés en la pelea, sufrió nuevamente inconvenientes mecánicos en su Subaru del Grupo de Producción, esta vez con la dirección hidráulica, y su sueño de podio se pegó un montañazo. El de Río Ceballos terminó 15º, cuarto en su clase.

El rally se marcha de la Argentina con sus dramas a cuestas. Pocos equipos, ninguna sociedad autopiloto capaz de correr sostenidamente contra Loeb-Citroën, abiertas decisiones de equipo que le restan sabor, y acaso credibilidad, y una tendencia a la repetición que se transformó en monotonía. Las siete victorias de Loeb en la Argentina encuentran paralelo con las plagas que están azotando al Mundial de Rally, y no parece haber solución inmediata a la vista.

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