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Lunes, 30 de marzo de 2009

FúTBOL › OPINIóN

La base está, el equipo aún no

 Por Daniel Guiñazú

Con las tapas del domingo desplegadas sobre la mesa del desayuno y con las voces optimistas de los comentaristas del mediodía resonando en los oídos, aquel que no haya visto el partido de la Selección ante Venezuela podría concluir que, en un santiamén, Diego Maradona arregló todo y que lo único que debe hacer el equipo de todos de aquí al Mundial de Sudáfrica 2010, es sentarse a esperar cuál será su adversario en la final. “Partido perfecto” salieron a decir los voceros adictos. Nada más alejado de la realidad.

“Partido perfecto” hubiera sido un 4-0 ante Brasil, Paraguay o Chile o ante una superpotencia europea. Pero la goleada se produjo ante una selección timorata, que dio bastante menos de lo poco que de ella se esperaba, y que ocupa el antepenúltimo lugar en la tabla de las Eliminatorias, muy alejada de cualquier expectativa de clasificación.

Es cierto que hay un deseo muy fuerte de volver a tenderle un puente afectivo a un equipo de superestrellas que parecía haberse distanciado demasiado del corazón futbolero de los argentinos. Pero no debe sobrevalorarse la victoria conseguida en apenas 50 minutos. Al proyecto de Diego hay que apoyarlo honestamente, sin maniobras de distracción ni operativos de prensa. Diciendo lo que está bien y también lo que está mal, así de simple.

Lo que estuvo bien quedó a la vista de todos. Si Messi shockea el partido y al equipo en cada carrera, si Mascherano presiona arriba, presiona abajo, enciende a la tribuna, y además, la pasa redondita, si Tevez encara y gana por todos lados, si el resto acompaña sin desentonar a los solistas inspirados, y si Diego, en la semana y desde el banco, no interfiere y crea un marco de referencias simples que contenga el brillo de las individualidades y lo haga crecer en lo colectivo, la Selección puede ser el equipo de los sueños, pero no ahora, sino más adelante, cuando sean el día y la hora de la Copa del Mundo.

Lo que no estuvo tan bien, también quedó a la vista de todos. Si Gago se equivoca en la mitad de los pases cuando sale desde el medio, si Jonás Gutiérrez debe dar una vuelta de más porque tiene la cancha al revés (es diestro y juega por la izquierda), si la defensa complica las sencillas, si el toque paciente, seguro y prolijo del comienzo no es indicio de la convicción en un estilo sino de la impotencia para quebrar esquemas densos, la Selección va a tener problemas. Ahora, en lo que resta de las Eliminatorias, y más adelante, cuando sean el día y la hora de la Copa del Mundo.

Como principio, la goleada del sábado estuvo bien. Pero fue nada más que eso, un principio rumbo a algo más grande. El romance de Diego con la gente está intacto. Pero el amor de un pueblo por su ídolo máximo, no debe confundirse con la obra que ese ídolo está construyendo. Todavía no ha llegado el tiempo de encender los fuegos artificiales. La base está, el equipo, aún no.

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