libros

Domingo, 18 de abril de 2004

Rutas argentinas

FICCIONES ARGENTINAS
Antología de lecturas críticas
Grupo de investigación de literatura
argentina (comp.)

Norma
Buenos Aires, 2004
368 págs.

 Por Laura Isola

Que una antología de textos críticos pueda entrar en consideración bajo algunas de las definiciones que Italo Calvino planteó en Por qué leer a los clásicos parece una operación desviada de lectura. Aunque no tanto si se lee cuidadosamente el libro y se aprecia la estratégica construcción que el autor de Los amores difíciles hace de sus propias lecturas. No es ocioso recordar que en el comienzo de la obra despliega las catorce tesis sobre qué son los clásicos, cuándo considerarlos de este modo y qué implica su lectura como tal, entre otras iluminaciones sobre el asunto. Pero hay que detenerse particularmente en la número ocho, que dictamina: “Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima”. A continuación, Calvino ordena una serie de “lecturas” sobre los clásicos que, de algún modo, guarda una distancia irónica con este postulado y es, entonces, una nueva capa de polvo sobre la Odisea, sobre Borges, sobre Conrad.
Entendido de este modo, Poéticas del relato. Antología de lecturas críticas, el libro del grupo de investigación de literatura argentina integrado por Florencia Abbate, Aníbal Jarkowski, Adriana Mancini, Jimena Néspolo, Renata Rocco-Cuzzi, Graciela Speranza, Isabel Stratta y Patricia Wilson, trabaja con los sucesivos sacudones que los clásicos argentinos, parece, se han sacado durante años de encima y han conformado una montaña, tan vigorosa y robusta como la literatura misma. Sin embargo, no es éste el modo, risueño y contradictorio, el que interesa para apreciar un libro iluminador.
Porque no todo es escobillón y pala, y los artículos que este libro reúne pueden organizarse en tres columnas bien separadas para, luego, volver a unirlas casi como un delicioso rompecabezas del campo cultural nacional. En primer lugar están la narrativa argentina y sus autores consagrados invocados por las lecturas que de ellos se han realizado. Luego, por supuesto, los artículos, y otro grupo de autores, ahora sí, críticos literarios, que con sus trabajos hicieron que los textos narrativos se desviaran de su curso monótono y plausible. En este sentido, en la mayoría de los artículos críticos que este volumen compila se puede comprobar cómo la crítica literaria opera sobre los textos con una variedad sorprendente de estrategias: el rescate al borde del olvido, la salvación en el momento justo para no caer en las aguas de la indiferencia, la reanimación al ponerlos a funcionar con otras series y otros autores, la decisión de discutirlos hasta resucitarlos, y una cantidad más de operaciones que suenan tan parecidas a una serie de emergencias médicas que ponen en riesgo a la comparación misma.
En último lugar, y de ahí el valor agregado de esta edición, los que ponen en relación ambas series, la literatura y la crítica, y razonan los procesos que las han acercado tanto. Por eso es que en este índice nominal Macedonio Fernández, Borges, Arlt, Marechal, Bioy Casares, Silvina Ocampo, Cortázar, Viñas, Di Benedetto, Walsh, Puig y Saer son presentados por igualmente célebres (igualmente “clásicas”) intervenciones de Barrenechea, Piglia, Sarlo, Viñas (el mismo, yendo y viniendo de un lugar a otro), Jitrik, Mastronardi, Rest, Rivera, Pizarnik, Molloy, Pezzoni, Schmucler, Rosa, Masotta, Bajarlía, Roa Bastos y Gramuglio. Pero para que estareunión sea perfecta el grupo de investigadores a cargo del volumen opera como un anfitrión inmejorable.
Los artículos, extirpados de la ominosa circulación en fotocopias y devueltos a una presentación prolija, perenne y debidamente referenciada, están acompañados por un comentario contextualizador y aclaratorio. Al pie de página, en una nota al pie tal como la que Rodolfo Walsh imaginó para su cuento, robusta e importante, los investigadores trazan con líneas precisas el devenir de cada crítica: desde los datos sobre su publicación original hasta el recorrido que ese artículo describió en el campo de la cultura argentina. En su brevedad está todo, ya que además de la lectura que hace Piglia sobre Borges, gracias a estos comentarios, se puede saber cómo es la máquina de lectura que el autor de Respiración artificial pone a funcionar en la década del setenta. O bien, reparar en el arte de acercar nombres dispares que tiene Beatriz Sarlo o valorar nuevamente la precocidad de Jitrik para reconocer la importancia de Adán Buenosayres. También es posible entender cómo y por qué Jaime Rest ubica su lectura de Bioy Casares en las coordenadas de la literatura inglesa o recordar hasta qué punto Piglia es el primero en descubrir la radicalidad del programa de Puig, entre tantos y tan perspicaces trabajos de los críticos de la crítica.
Aunque la comparación con una pequeña historia de la crítica literaria parezca la más efectiva para entender este trabajo, pensar en la cartografía tal vez rinda sus frutos. La silueta del libro dibujada como mapa, donde la literatura y la crítica son atravesadas por las paralelas de un pensamiento nuevo, el que reflexiona sobre ambas, y las deja en las mejores condiciones para ser leídas nuevamente. Ya lo dijo Calvino: “Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos”.

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