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Domingo, 4 de diciembre de 2005

J. G. BALLARD: "FURIA FEROZ"

Asesinato en el country

Con una trama digna de Los vengadores, Minotauro rescata en edición bolsillo la extraña novela de J. G. Ballard que funciona como bisagra entre sus primeras novelas catástrofe y su última etapa sobre la clase acomodada.

 Por Martín Pérez

Furia feroz
J. G. Ballard
Minotauro booket
142 páginas

Una mañana de julio, todos los habitantes de un exclusivo barrio ubicado a unos cincuenta kilómetros al oeste de Londres, aparecen asesinados. La policía calcula que los treinta y dos adultos de Pangbourne Village –un country de lujo, sin ningún vínculo real con la cercana localidad del mismo nombre– fueron masacrados en apenas treinta minutos. Sus trece hijos, niños y adolescentes, desde entonces están desaparecidos. Con el correr de los días, las autoridades confiesan estar desconcertadas y la prensa se hace un festín. Las teorías más diversas comienzan a acumularse alrededor del caso: ¿Será obra de un asesino solitario? ¿Un ejercicio militar mal dirigido? ¿Terrorismo internacional? ¿Comandos secretos de las fuerzas soviéticas respondiendo a una orden incorrecta? ¿Un proyectil de gas paralizante experimental caído accidentalmente? ¿Visitantes del espacio exterior? Pero el Dr. Richard Greville, asesor psiquiátrico adjunto de la policía de Londres, tiene otra teoría. Convocado a interiorizarse del caso dos meses después de sucedido, es a través de sus diarios forenses que J. G. Ballard –auténtico protagonista de Furia feroz, una breve y olvidada nouvelle del autor inglés que Minotauro acaba de editar en castellano, directamente en edición de bolsillo– elige contar la historia de la Masacre de Pangbourne.

Publicada en 1988, entre esos dos particulares volúmenes autobiográficos que fueron El imperio del sol (1984) y La bondad de las mujeres (1991), Furia feroz –titulada originalmente Running Wild, algo así como “Volviéndose loco” o “Descontrolando”– aparece como una suerte de eslabón perdido dentro de la bibliografía de Ballard. Esta crónica de un enigma policial que resultará ser en realidad una rebelión no contra la opresión, sino contra el despotismo de la bondad –“para liberarse de una tiranía de amor y cuidados”–, se ubica estratégicamente entre aquellas novelas-catástrofe de la primera época de Ballard, y su último ciclo de revueltas de la clase acomodada: una trilogía integrada por Noches de cocaína (1996), Super Cannes (2000) y la reciente Milenio negro (2003). Incluso no es difícil imaginar al personaje del asesor psiquiátrico Greville como un claro antecedente del psicólogo David Markham, que en las páginas Milenio negro se infiltra entre los rebeldes habitantes de Chelsea Marina, una comunidad llamativamente similar a la de Pangbourne. Tratando de no adelantar nada sobre su desenlace, se puede decir que Furia feroz es una especie de El Señor de las moscas en reversa, y en medio de la abundancia y no de las carencias. Un relato cuyos interrogantes aparecen como inquietantes en un principio, pero cuyas respuestas resultan serlo aún más.

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