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Domingo, 19 de febrero de 2006

El optimismo de un demócrata

 Por NORBERTO CAMBIASSO

Mundo libre
Europa y Estados Unidos ante la crisis de Occidente
Timothy Garton Ash
Tusquets
376 páginas

El historiador británico Garton Ash goza de un merecido reconocimiento gracias a su manifiesta capacidad para encontrarse siempre en el lugar correcto en el momento justo. Durante los ’80 se dedicó a rastrear con genuino interés el arduo resurgimiento de la sociedad civil en algunos países de Europa del Este. El testimonio último de esa evolución aparece reflejado en We Are the People, excelente retrato de primera mano de las revoluciones contra el comunismo que marcaron el final de una era. Ash no sólo presenció el colapso de los regímenes burocráticos de Alemania, Polonia, Hungría y Checoslovaquia, en el brevísimo margen de unos pocos meses, sino que se las ingenió para atestiguar tanto los debates de los dirigentes revolucionarios como la efervescencia popular.

Tiempo después fue objeto de una acalorada controversia, cuando accedió a los informes que la Stasi –la policía secreta de Alemania Oriental– guardaba sobre su estadía en Berlín a partir de 1978. Enfrentó a sus informantes de antaño y narró la experiencia en otro libro titulado El expediente.

Mundo libre, su opus más reciente, está escrito al calor de la encendida polémica que provocó la invasión a Irak por parte de los Estados Unidos. Su tesis refuta con energía la postura de los eurogaullistas –que cuenta no sólo con Chirac sino también con destacados intelectuales como Habermas y el difunto Derrida entre sus portavoces más locuaces– en pro de una Europa fuerte y unida que pueda contrarrestar la indiscutible hegemonía norteamericana. El argumento de Ash –de que eso terminará por generar una Europa aún más dividida– es, cuanto menos, atendible.

Más difícil resulta compartir desde una perspectiva latinoamericana, como él mismo admite, su optimismo respecto de la capacidad estadounidense de renunciar a corto plazo al unilateralismo en política exterior que caracteriza a la actual administración. Optimismo que, en su caso, proviene de una peculiar conjunción de circunstancias: la tradicional postura británica –que Ash analiza como escindida entre su cercanía geográfica con Europa y sus históricas relaciones carnales con EE.UU.–, la visión favorable que sus amigos del Este –antiguos disidentes que hoy ocupan posiciones clave en la administración de las nuevas democracias– han tenido siempre de la capacidad regenerativa de la democracia norteamericana, y el hecho de que el autor sea un liberal a la vieja usanza –más interesado en la extensión de las libertades políticas que en la supuesta pureza del mercado–, una especie que hoy parece en vías de extinción.

Lo cierto es que Ash considera la crisis de Occidente como una oportunidad inmejorable para que una Europa unida y unos EE.UU. despojados de sus veleidades hegemónicas extiendan la democracia, generen un auténtico mundo libre y ayuden a resolver los acuciantes problemas actuales: la crisis de Oriente Medio, el terrorismo, un libre comercio que renuncie a las subvenciones agrícolas para ayudar al desarrollo del Sur pobre, la reinserción de los inmigrantes en las democracias europeas y el compromiso de los países poderosos con el equilibrio ecológico del planeta.

Muchos dirán que semejante optimismo es infundado, pero la prosa ágil y certera de Garton Ash –que puede leerse en su columna quincenal del periódico británico The Guardian– está plena de observaciones pertinentes y análisis parciales, disfrutables aun cuando no se compartan sus tesis más generales.

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