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Domingo, 9 de julio de 2006

LIBRO CHICHE

Uno y Otro, de María Wernicke

Libros para los más chicos

 Por Sandra Comino

Seleccionar libros en el campo de la literatura infantil, en épocas donde pareciera volver el boom editorial, es una tarea ardua sobre todo porque los criterios de selección de la edición tienden a centralizar (no siempre, pero sí a menudo) temas que interesen o sirvan a la lectura escolar. En los últimos años ha crecido la producción del libro álbum o el libro ilustrado, y el recurso de la lectura de la imagen, que narra más allá del texto, es tan aceptado como los títulos que apelan al doble receptor, porque se sabe que será el “grande” quien comprará o elegirá el libro para el “chico”. Los álbumes, en general, se despegan del uso utilitario escolar y se llevan las de ganar a la hora de la innovación en la edición.

Dice la investigadora española Teresa Colomer, acerca del material que debe llegar a los más chicos: “Un libro semanal entre los cinco y los quince años supone poco más de quinientos títulos leídos. No son muchos para desperdiciarlos en lecturas que no son nada”. Y lo afirma para que en lo posible se descarte la mediocridad en el corpus elegido para las lecturas de infancia. Los llamados “libros de calidad” podrían definirse a grandes rasgos como los que ayudan a desarrollar la imaginación, no caen en estereotipos, incitan a pensar, no dan recetas ni consejos, tampoco se “fabrican” a pedido. Uno y Otro integra sin duda ese tipo de libro: para que exploren y disfruten los que aún no leen, los que leen y los grandes que deseen hacerlo. Lo curioso es que, casi en su totalidad, está elaborado en blanco y negro y el relato es muy breve; aun así garantiza la atracción. Los personajes tienen nombres de pronombres, pero también son seres anónimos y el lector, gracias al poco texto, tiene la libertad de construir su propia interpretación. “Uno tiene su mundo” y “Otro tiene el suyo”. Uno camina sobre un puente, es blanco y el fondo es negro. Otro es negro, su camino sinuoso, y el fondo blanco. “Todos saben que un día Uno y Otro se encontraron.” Allí asoman (en principio sólo para espiar) Todos, que observan a Uno (que se sintió perdido) y a Otro (que se perdió). Luego una serie de suposiciones los enfrenta, y Nadie le sopló un secreto a Uno. Y suponemos que Nadie habló en colores porque desde su boca salió un collage fucsia y amarillo que salpicó los dos mundos. Sin embargo, el secreto no es tal porque “Todos escucharon y le soplaron a Otro” y Todos, cambiaron de posición, crecieron, dijeron y esperaron. Uno y Otro perdieron espacio, luego se mezclaron e igualaron y ahora sí, los invadió el color. Nadie (más chico) cuenta que fue un sueño, mientras atrae o suelta un globo de enigmas; pero Alguien lo niega “en realidad”.

Es un libro que a pesar de contener el espacio dominado por la imagen tiene todos los permisos para fantasear con la palabra y se presta para la reflexión, la discusión y el juego. Tinta china, acrílicos, lápiz y pincel son los elementos que utilizó María Wernicke para entrar como autora integral (de texto e imagen) al mundo de la literatura infantil. Como ilustradora trabaja desde 1994 y algunas de sus pinturas se pueden ver en Candelaria y los monstruos (Griselda Gálmez), La señora Zapiola (Sandra Filippi) y Hans Grillo y otros cuentos(texto de su padre Enrique Wernicke).

Uno y Otro está editado en Argentina por Judith Wilhelm de Calibroscopio Ediciones y pertenece a la colección líneas de arena.

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