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Domingo, 30 de julio de 2006

NOTA DE TAPA

Ghost Story

Tras seis años, Bret Easton Ellis vuelve al ruedo con un libro por demás llamativo: Lunar Park (Mondadori) es una novela tan autobiográfica como puede serlo una historia de fantasmas. Concebida en principio como homenaje a Stephen King, está protagonizada por alguien llamado como el autor, un hijo acosado por el espectro de su padre. En esta entrevista, un relajado Easton Ellis recrea su constante tirantez con la crítica y los medios cada vez que asoma la cabeza.

 Por Diego Salazar

Bret Easton Ellis ha vuelto. Seis años después y con el libro que nadie esperaba: una novela de fantasmas, donde el cuco mayor no es otro que su propio padre, quien –confiesa el Bret Easton Ellis que protagoniza las páginas de esta divertidísima Lunar Park– inspiró al asesino serial protagonista de American Psycho.

Bret Easton Ellis ha escrito una larga y, por supuesto, falsa confesión, en la que abjura de sus pecados de juventud, de los excesos y las drogas y su ambigüedad sexual y la supuesta misoginia y ultraviolencia de su libro más famoso. Pero no sólo eso. En Lunar Park rinde un sentido homenaje a su admirado Stephen King pero, como siempre ocurre con sus novelas, la broma no queda ahí. La broma crece de la mano de una de las plumas más dotadas para la parodia que haya dado la reciente narrativa norteamericana y en esta ocasión alcanza registros nuevos, desde un hilarante repaso a esos años en que se convirtió en lo más parecido a un rockstar literario, pasando por una acerada reflexión sobre las relaciones paterno-filiales, para llegar, en un tono desconocido hasta ahora, a ese final elegíaco y enternecedor que tanto ha sorprendido a crítica y lectores.

De paso por España, afrontó esta entrevista con una copa de agua en la mano, la risa fácil y dispuesto a conversar de todo.

Pareciera que Lunar Park, sobre todo en la primera parte, es la novela acerca del Bret Easton Ellis que la gente cree conocer. ¿La concibió así?

–En realidad, al principio concebí ese capítulo inicial como el relato sobre este hombre cuya vida es un verdadero desastre y que, en un momento, para huir de esa vida de desenfreno, glamour, drogas y fiestas a la que se ha hecho adicto, decide aceptar la propuesta de esta mujer que ha tenido un hijo suyo y está dispuesta a salvarlo yéndose a vivir a los suburbios, como una pareja normal. Esto siempre formó parte del libro, cuando aún no se llamaba Bret Easton Ellis y era sencillamente ese hombre. Fue mucho más tarde cuando pensé que sería mejor poner a un novelista en este lugar, pero ni siquiera ahí pensé en llamarlo Bret Easton Ellis, ni en incluir detalles autobiográficos explícitos; sencillamente quería un personaje que compartiera algunos rasgos conmigo, nada más. Pero una vez que tomé esa decisión se me hizo tremendamente divertido jugar con mi imagen pública, ofrecer a mis críticos más furibundos el peor escenario posible acerca de quién es Bret Easton Ellis como persona. Sí, fue deliberado, e increíblemente entretenido.

¿Decidió darles lo que querían?

–Así es, les di lo que querían e imagino que mi intención era cabrearlos un poco también, pero ese capítulo inicial –de otra manera, claro– formaba parte de la novela antes de esa decisión y no era más que una forma de sacar a este personaje de la gran ciudad y meterlo de lleno en la historia que realmente yo quería contar, una novela de fantasmas, deudora de Stephen King. Lo que ocurre es que esto cambió por completo la novela, la convirtió en una experiencia completamente distinta para el lector, ya no era sólo esa novela à la Stephen King que yo quería escribir sino este libro raro acerca de lo que le pasa por la cabeza a Bret Easton Ellis.

Su colega Jay McInerney no se tomó demasiado bien su aparición en el libro.

–Jay McInerney se lo tomó muy mal y ni siquiera me lo dijo, tuve que enterarme por otra persona. Recuerdo que yo ya estaba preguntándome por qué Jay no me escribía mails todos los días, por qué no me llamaba por teléfono. Luego, un día, cuando cenaba con su novia en Nueva York, Jay estaba de viaje, ella me dice: “Jay está muy molesto, tengo que decirte que le dolió mucho leer esa escena en la que ustedes están en una fiesta hablando sobre chicas universitarias, metiéndose una raya”. Juro que me pareció tan gracioso yo creía que era una escena muy divertida, además Jay es algo así como el soporte moral de mi personaje, es él quien queda bien en esa escena, Bret Easton Ellis queda como un completo idiota. Siempre he visto a Jay de esa forma, siempre ha sido mil veces más responsable que yo, siempre ha sido una especie de hermano mayor para mí y yo creía que lo había dejado claro en ese fragmento. Pero, bueno, Jay ahora quiere respetabilidad, quiere ganar premios, quiere que lo vean como a un autor serio, un gran escritor norteamericano. Algo que nunca va a ocurrir, claro. Está en un período de su vida en el que clama por respetabilidad de tal forma que piensa que algo así va a minar su prestigio. Un día lo confronté, tuvimos una larga cena, lloramos, nos abrazamos y nos reconciliamos. Pero me sorprendió mucho que Jay no viera esto con humor, porque es un tipo muy divertido. Me dijo también que ahora era padre, qué iban a pensar sus hijos si en diez años leían esto. Para empezar, con casi toda seguridad no lo van a leer, los niños ya no leen; y luego están sus propios libros, no es precisamente un boy scout en esos libros.

¿Cómo decide hacer este homenaje a Stephen King? ¿Por qué escribir una novela de fantasmas?

–Siempre quise escribir historias de terror, incluso cuando era niño escribía historias de fantasmas, hacía unos libros pequeños bastante tenebrosos. Pero un buen día decidí escribir una novela de terror, como una novela de Stephen King, recuerdo el día exacto. Fue en 1989, la última semana de diciembre, acababa de entregar el borrador final de American Psycho, me encontraba en Alco, Nevada, habíamos tenido un almuerzo familiar en un rancho, toda la familia invitada por mi abuelo. Estaba dando un paseo y pensando: “¿Ahora qué, qué voy a escribir ahora?”. Y se me ocurrió que quería escribir algo sencillo, algo divertido, algo fácil de hacer. Pensé en tomar todos los elementos de un thriller con espías o una novela de terror y hacer lo que me diera ganas con ellos. Y eso fue todo, así de simple, fue una cuestión emocional, quería escribir un libro que me recordara a los libros que amaba cuando era pequeño. Y yo amaba los libros de Stephen King, era un gran fan suyo.

¿Y ha quedado contento con su novela de Stephen King?

–Estaba contento al terminarla, antes de que se publicara. Supongo que hay gente que se echó para atrás en la segunda parte del libro, cuando descubren todos esos elementos sacados de un libro de Stephen King, los cazafantasmas, los demonios, etcétera. Pero, honestamente, ésas fueron las cosas que más disfruté escribir, que más me divirtieron. De una manera algo extraña fue muy gratificante de escribir porque se trataba de imitar a uno de mis héroes. Fue algo muy divertido de verdad. Pero, claro, la gente tiene problemas con los monstruos, no les gustan. A mí sí, a mí me encanta leer libros con monstruos, hay gente que cree que un libro se vuelve un sinsentido cuando aparecen monstruos en él. Yo pensaba que todo el mundo adoraba los monstruos y que todo el mundo iba adorar a ese pequeño monstruo peludo de mi libro, pero aparentemente no ha sido así.

¿Lee críticas a su obra? ¿Le importan?

–Sí, claro que las leo. Y nunca me importaron hasta hace muy poco. Hubo una en el New York Times, escrita por A.O. Scott, que me enojó muchísimo. No era una mala crítica, era una crítica regular, era una crítica importante, sí, la primera página del NYT Review of Books, lo cual nunca pensé que ocurriría porque esto suponía que me tomaban en serio como escritor cuando hace quince años intentaron destruir mi carrera. Y no tuve una crítica sino dos; la otra fue una crítica muy buena, además de un perfil muy halagador sobre mi persona. Han sido muy pro Bret Easton Ellis o lo han intentado, al menos. Creo que lo que ha ocurrido tiene que ver, sencillamente, con la edad. Casi todos los editores de New York Times ahora tienen mi edad, han crecido como escritores, editores y periodistas conmigo y probablemente piensan que nuestros mayores no nos prestaron suficiente atención, y ahora es la gente de mi edad la que decide qué merece ser cubierto. Más allá de que la crítica sea buena o mala, están recuperando el espacio. Lo que me molestó de A.O. Scott es que me gustan mucho sus críticas, suelo coincidir bastante con él y es un gran admirador de mi trabajo anterior, fue uno de los grandes defensores de Glamorama. No podía creerlo, ahí estaba la portada, con sus titulares relucientes y A.O. Scott escribiendo sobre mi libro y diciendo que el principio era deslumbrante y que no era un libro muy interesante, que el señor Ellis había perdido el coraje y que es muy narcisista, que tiene miedo a lidiar con verdaderos sentimientos que tiene que esconder detrás de esta novela de fantasmas porque él es tan cool. Lo siento, pero creo que no entendió el libro para nada.

¿Qué recuerda de todo el escándalo alrededor de American Psycho?

–Entregué la novela en diciembre de 1989 y recuerdo que, a principios de 1990, empezaron a oírse rumores acerca de mi editorial y el libro, algún periódico publicó que corría la voz de que Simon & Schuster no estaba demasiado contenta con el nuevo libro de Easton Ellis. Pregunté a mi agente y me dijo que no había ningún problema, incluso mi editor me aseguró que todo estaba bien. Y los rumores siguieron creciendo y oyéndose cada vez más fuerte. Recuerdo que no le presté demasiada atención, pero era evidente que tras bambalinas estaba ocurriendo una gran discusión y que nadie me estaba informando al respecto. Luego recuerdo que estaba en Vermont ese verano, haciendo una nota para Rolling Stone. Era agosto, estaba en la cola de la caja de un supermercado cuando abrí una Time y leí que el nuevo libro de Bret Easton Ellis se había convertido en un gran problema dentro de Simon & Schuster. Ahí pensé que esto estaba totalmente fuera de control. Un poco después mi agente llamó y me dijo: “No van a publicarlo”. Había tanta presión mediática, la situación se había ido tanto de las manos de la editorial, que no era tan sorprendente que no publicaran el libro, pero yo pensaba que al final pasaría por encima de toda la controversia. Recuerdo haber estado dos días encerrado en mi piso, sin atender el teléfono, ni salir a la calle, la prensa no dejaba de llamar. Recuerdo que un abogado contestaba el teléfono por mí. Me sentía bastante solo, bastante alienado, considerablemente solo.

Fue realmente curioso porque todo el mundo parecía estar en contra del libro, desde las feministas hasta los guardianes de la moral cristiana.

–Exacto. Todo el mundo estaba en contra. Tengo que decir que fue algo completamente delirante. Pasé unas navidades horribles. La polémica duró un año exacto. Recuerdo haber ido a San Francisco a visitar a mi familia, estaba en mi habitación de hotel, enciendo la tele, pongo CNN y ahí estaba Larry King hablando acerca de mi libro. No hice ninguna promoción del libro, rechacé hacer cualquier tipo de prensa. Quizás hoy en día hubiera reaccionado distinto, hubiera ido a Larry King, hubiera ido a Oprah, hubiera hablado al respecto. Pero, literalmente, te despertás por la mañana, encendés la tele y lo primero que ves es a Larry King discutiendo con quién sabe quién acerca de mí. Mi reacción fue: ¿están realmente hablando de mí? ¿De mí? Dios, esto está mal, muy mal, están todos locos, está equivocados, no entienden nada. Y nadie entendió el libro, no entendieron mis intenciones, American Psycho se leyó tan mal...

“Cuando Norman Mailer escribió en Vanity Fair a favor de American Psycho, yo no lo conocía personalmente. Lo encontré diez años después en un ascensor, durante una fiesta. ‘Si escribiera la nota ahora, la haría un diez o quince por ciento a su favor’, me dijo. ‘Pero sólo un diez o quince.’ Yo le dije: ‘Gracias, señor Mailer’.” BRET EASTON ELLIS

Incluso Norman Mailer, quien le dedicó un largo artículo en Vanity Fair en el que intentaba defenderlo, leyó mal el libro. Terminaba pidiéndole una novela psicológica en la que comprendiésemos la mente del psicópata.

–Sí, así es. La verdad, me encanta Norman Mailer, adoro su trabajo. Yo tenía 26 años y cuando leí el artículo no podía creer que Norman Mailer escribiese algo de 10 mil palabras sobre mi trabajo, aun cuando estuviese equivocado. En su caso, creo, fue una cuestión generacional. El forma parte de una generación de escritores nacidos antes de la guerra, una generación anterior al pop y a Andy Warhol, sus ideas sobre cómo deben presentarse los personajes son muy distintas de las mías. Yo no veía a Patrick Bateman como un personaje al que hiciera falta explicar, era una idea, un símbolo, un personaje bastante conceptual. Para empezar, nuncapensé que Bateman tuviera una vida interior, así que no había razón alguna para adentrarnos en ella. Mailer, quien había escrito sobre algún personaje así, acerca de un psicópata que mata mujeres, bueno, pues él pensaba que cuando escribís acerca de alguien así tenés que llevarlo a las alturas dostoievskianas, si escribís sobre alguien tan horrible tenés que tener una justificación en la ficción. En nuestra vida real no es así. Hay muchísimos asesinos sin ninguna idea detrás a los que sencillamente les importa una mierda y que no tienen ningún tipo de vida interior. Me encontré a Mailer diez años después en un ascensor durante una fiesta. No nos conocíamos personalmente. Me dijo que acerca de la nota sobre American Psycho, si la escribiera ahora la haría un 10 o 15 por ciento más a mi favor. “Pero sólo un 10 o 15.” Y yo le dije: “Gracias, señor Mailer”.

Es un escritor bastante lento, ha escrito sólo seis libros en más de 20 años...

–Sólo he escrito seis libros en 23 años. Acabé el primer borrador de Menos que cero en enero de 1983. Casi todas las historias de Los informantes fueron escritas entre 1980 y 1985. Dejemos afuera esos dos libros y nos queda que sólo he escrito cuatro libros en 21 años. Lo que ocurre es que primero hay todo un año de pensar acerca del libro. En realidad, ¿quiero comprometerme dos o tres años con esta historia? Necesito pensar detenidamente en esto, no me toma una noche, ni una semana, me toma muchísimo más tiempo. Imagino que tiene que ver con que soy una persona tremendamente insegura, necesito meditarlo mucho, estar muy seguro y confiado. Y eso no ocurre de inmediato, en un principio, cuando una idea me toca emocionalmente, cuando pienso que algo puede ser interesante y empiezo a construir mentalmente la historia, siempre pienso que no voy a ser capaz de lidiar con ella, que no tengo idea de cómo hacer eso que estoy pensando. Una vez que supero eso, me toma mucho tiempo delinear toda la historia, hacer el bosquejo, antes de sentarme a escribir de verdad. Así soy yo, así trabajo. Una vez más, no hay instrucciones sobre cómo se escribe una novela. El otro día estaba en Alemania presentando el libro y un tipo, muy alemán él, en un tono muy dramático, me espetó: “¿Por qué tardaste tanto en escribir este libro?”. Era tan acusatorio, como los alemanes parecen ser, pero, ¿qué quería, que le pidiese disculpas? Me reí muchísimo y, sí, le pedí disculpas.

¿Le gustó la adaptación que Mary Harron hizo de American Psycho?

–Sí, me gustó. A ver... no, no me gustó, si se entiende. No pensé en absoluto “oh, cielos, cómo la cagó”. Para nada, tomó un libro muy difícil de adaptar e hizo una película muy inteligente, contenida, divertida y elegante. Lucía extremadamente bien, muy elegante y cara, cuando sólo costó 6 o 7 millones de dólares. Y lo pasó bastante mal en el proceso, fue un completo desastre, la despidieron, la volvieron a contratar, tuvo problemas de presupuesto y aún así logró hacer una película muy decente. Evidentemente, pienso que la novela funciona mejor que la película. La película se hace una experiencia bastante extraña, creo que no terminás de entender por qué estás viendo a este tipo hacer todas estas cosas. Imagino que el problema es que American Psycho fue concebida como una novela, no como un material filmable, que Patrick Bateman fue concebido como protagonista de una novela y no como una criatura cinematográfica.

¿Le gustó Christian Bale como Patrick Bateman?

–Sí, me gustó. Todos los actores en Hollywood querían interpretar a Bateman. Todos. Brad Pitt iba a hacerlo en la versión de David Cronenberg, en 1992. Ese proyecto se cayó, claro. Cuando Mary me dijo que había elegido a Christian Bale, realmente no terminaba de saber de quién me estaba hablando. Recuerdo estar en un restaurante en Los Angeles esperando a Christian Bale, alguien me tocó el hombro, me volteé y ahí estaba, vestido como Patrick Bateman y actuando como él. Era bastante perturbador; cuando llevábamos cinco minutos hablando y él seguía actuando comoBateman, le pedí que por favor se detuviese. “Ya tuve suficiente, sentate, ya entendí, me parece bárbaro, estás aprobado, no quiero seguir almorzando con Bateman.” Nos reímos mucho. Me encantó en la película, de verdad. Es muy divertido que luego haya hecho Batman. De Bateman a Batman.

Me gustaría decirle, para terminar, que las páginas finales de Lunar Park con las cenizas elevándose y esa rememoración poética, es de las cosas más enternecedoras que leí en mucho tiempo y sentí que, de alguna manera, estaba respondiendo a toda esa gente que siempre lo acusó de no saber lidiar con sentimientos en su escritura.

–Sencillamente lo sentí así; cuando lo escribí, sentí que eso debía ser escrito así. Y yo siempre supe que podía escribir de esa manera tierna, no sé si volveré a hacerlo, pero sabía que aquí podía y quería hacerlo, me sentía de esa manera cuando lo escribía. Y sabía que el libro me dirigía hacia ahí, desde que empecé sabía perfectamente que ésa iba a ser la escena final. Lo supe por muchos años antes de escribirlo.

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