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Domingo, 3 de septiembre de 2006

ALBERTO MANGUEL > NUEVO ELOGIO DE LA LOCURA

La letra íntima

Alberto Manguel continúa con su tarea de rescate y defensa de la cultura humanista, en nuevos ensayos eruditos y amenos.

 Por Mauro Libertella

Nuevo elogio de la locura
Alberto Manguel
Emecé
256 páginas

Imaginemos que tal vez de a poco, con algunos libros que relatan y buscan entender la cultura de Occidente, Alberto Manguel está escribiendo su autobiografía. El resultado de esa empresa serán las memorias de un hombre que nació en Argentina, vivió en Italia, Inglaterra, Estados Unidos, Canadá y que ahora reside en Francia. Lo que algunos llaman un “hombre de mundo”, siempre un extranjero pero también un agente interno de cada cultura. Por eso, Nuevo elogio de la locura puede leerse como el relato de un guía arrastrándonos de la manga por los grandes panteones de Occidente, que son también lo claustros de su propia vida.

Si bien el título del libro parece buscar su tradición en el Elogio de la locura, las referencias al mítico texto de Erasmo son escasas, y la verdadera impronta, como lo muestra la sangrienta tapa y el desligue de un sinfín de epígrafes, está más bien en Alicia en el país de las maravillas. De este modo, Manguel parece estar planteando a la biblioteca universal y su estela de lecturas como un modo de hacerle revés a la locura, ésa del mundo contemporáneo y del día a día. Porque si algo nos revelan estos ensayos es que Manguel es un militante de la cultura, en un sentido humanista clásico de la palabra. Manguel cree en la cultura, y si bien los debates en los que se inserta pueden estar algo atrasados, no importa tanto la intervención crítica sobre lo cultural sino el ímpetu por llevar a la literatura y a otras expresiones artísticas a un público no especializado, amplio. En este sentido, hay una impronta docente en estos veintiún ensayos, pero siempre entendiendo la docencia –como quería Borges– como el modo de transmitir una pasión, un entusiasmo. Y quizá la palabra tácita y silenciosa que justifique y configure estos textos sea justamente entusiasmo: Manguel, a pesar de su erudición y su vasta bibliografía, parece siempre sorprenderse ante el mundo, como si en cada momento lo escrutara por primera vez.

Uno de los ensayos más interesantes del libro, y el más rotundo intento de hacer autobiografía en Nuevo elogio de la locura, es “Sitio para la sombra”. En él, el autor repasa con una primera persona luminosa sus imposibilidades y sus deseos por escribir literatura desde joven. Otro artículo interesante es “En honor de Enoch Soames”, que es algo así como una reflexión novelada del problema del best seller y el debate en torno del libro como mercancía. Y a esta altura ya podemos afirmar que hay ciertas líneas que se repiten a lo largo del libro y que lo constituyen: un impulso historiador al estilo foucaultiano, pero siempre amparado por el molde de una pequeña narración; una búsqueda por encontrar el intertexto preciso que funcione como prólogo y como tradición para cada ensayo; un intento por escribir al mismo tiempo acerca de la cultura universal y de su experiencia personal. Podríamos decir que la escritura que practica Manguel es algo así como un nuevo periodismo pero enclavado en el siglo XIX. Porque hay algo anacrónico en Manguel, una sensación de que los tiempos en que un argentino se embarcaba en un largo viaje para luego contarnos las maravillas del viejo mundo no han terminado. Y también nos chocamos frente a una concepción de la cultura algo añeja: el despliegue de la erudición al estilo borgeano, el culto a un saber sólido, robusto, sin fisuras y sin márgenes. Así, Nuevo elogio de la locura es uno de los últimos vestigios de un modo de hacer y leer la cultura, pero por sobre todo es un pantallazo de aquellas expresiones que siempre han fascinado a este extraño autor.

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