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Domingo, 3 de diciembre de 2006

ENSAYOS DE INTENSA REFLEXIóN SOBRE EL ARTE, TRAS LOS PASOS DE ABY WARBURG.

Erudición y ambivalencia

 Por Mariano Dorr

Historia y ambivalencia
Ensayos sobre arte
José Emilio Burucúa
232 páginas
Biblos

José Emilio Burucúa, quien probablemente no necesite presentación, de todos modos, es autor de numerosos e importantes textos, doctor en Filosofía y Letras –UBA–, profesor titular de la Escuela de Humanidades de la Universidad de General San Martín, director del Centro de Estudios en Historia Cultural e Intelectual Edith Stein, entre otros cargos académicos. Su último libro es un conjunto de ensayos (algunos ya publicados en revistas especializadas en historia, filosofía y arte) cuyo punto en común sería el desarrollo y aplicación del concepto de Pathosformel –“fórmula expresiva”– del historiador del arte Aby Warburg. Precisamente, en el prefacio al libro, Burucúa presenta su propia definición del concepto, señalando que el propio Warburg no llegó a explicitarlo: “Un conglomerado de formas representativas y significantes, históricamente determinado en el momento de su primera síntesis, que refuerza la comprensión del sentido de lo representado mediante la inducción de un campo afectivo donde se desenvuelven las emociones precisas y bipolares que una cultura subraya como experiencia básica de la vida social”.

Warburg mismo descubrió y rastreó la Pathosformel de la Ninfa, revelando “hasta qué punto esa fórmula se encuentra en el núcleo de la experiencia humana que define el campo euroatlántico de las culturas de Occidente”. Las Pathosformeln se transmiten de generación en generación, construyendo “progresivamente un horizonte de civilización”, atravesando etapas de latencia, recuperación, apropiación y metamorfosis, explica el autor.

El libro comienza con un extenso trabajo sobre la noción de alteridad y la Pathosformel de Ulises: “la fórmula intelectual y emotiva del hombre viajero, que encierra un contenido fuertemente contradictorio y esquizoide, pues representa al infortunio del hombre desarraigado y destinado a vagar y, al mismo tiempo, la exaltación del aventurero a quien el contacto con otras personas, pueblos y costumbres convierte en un individuo sabio y tolerante”. El recorrido histórico de Burucúa en busca de su “fórmula expresiva”, de Boccaccio a Pierre Bayle, es francamente de una erudición apabullante. Otro ensayo (inédito hasta ahora), más breve, pero igualmente deslumbrante, vuelve a la historia de la Odisea, pero a través de un libro que escribió el abate Fénelon, en 1699: Las aventuras de Telémaco. Es el libro que, en versión castellana, permanece apoyado en el regazo de Lucía Carranza de Rodríguez Orey, en la pintura de Carlos Enrique Pellegrini, fechada en octubre de 1831 (hoy, en el Museo Nacional de Bellas Artes). Burucúa descubre, en el análisis del retrato, la cadena que conduce “de la fragilidad refinada y de la ensoñación épica de una joven que lee (...) al combate verdadero y sangriento entre los hombres”. El autor desentraña las razones histórico-políticas que llevaron a Pellegrini a pintar a Lucía con Las aventuras de Telémaco (un libro con consejos para príncipes y gobernantes).

Completan Historia y ambivalencia, entre otros, un ensayo sobre Giordano Bruno y la cuestión de la perspectiva y el infinito (brillante); otro sobre los objetos en la pintura de Cornelius Gijbrechts; un trabajo sobre la estética de Pierre Bayle; y dos ensayos sobre la pintura de Alejandro Puente y Guillermo Roux; este último, en el marco de una intensa reflexión en torno de la imposibilidad de representación (y de observación) de la Shoah, analizando en detalle el proceso de desintegración o estallido mismo de las Pathosformel ante el fenómeno histórico del Holocausto.

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El paño amarillo, de Guillermo Roux
 
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