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Domingo, 3 de diciembre de 2006

UNA NOVELA QUE VIENE DE BRASIL Y TRAE UNA FLOR ANARQUISTA EN LA MANO.

El amor es libre

 Por Sergio Kisielewsky

Un amor anarquista
Miguel Sanches Neto
Beatriz Viterbo Editora
244 páginas.

Una muchacha no percibe su belleza. En el casamiento, el sentido de la obligación anula el deseo. Las mujeres se comparten.

Con estos tres tópicos se inaugura una historia. Mejor dicho, una lección de optimismo por parte del escritor que apuesta todo a la concreción colectiva de un ideal, la fundación –a cargo de un grupo de inmigrantes italianos en Brasil– de una colonia anarquista. Ocurrió hace ya dos siglos, en 1890, pero la intensidad del abordaje la sitúa aún más cerca en el tiempo acortando toda distancia con sus personajes.

Se añora el futuro como la ausencia, y por eso se envían cartas a Italia. Se sueña con una madre que teje un vestido de flores. Toda anécdota está al servicio de un grupo de hombres y mujeres que realizan a diario sus sueños. La escritura salta la valla de las propias dificultades que presenta el nuevo país, sobre todo la puesta en práctica de las ideas anarquistas en el marco de una sociedad feudal.

En estas situaciones todo es difícil, pero el oficio del brasileño Sanches Neto se asemeja a la pujanza de un parto de estilo. Se atreve a crear ternura en la aridez de lo que cuenta, como cuando se arriesga a decir de un plumazo: “haber abandonado nuestra propia patria es lo mismo que matar al padre”. Y lo sostiene a lo largo de todo el texto sin que la trama pierda sentido. Allí está la imagen de Giacomo trabajando la tierra y llorando. El anarquismo es entonces un ideal creado por los hombres para que la vida tenga sentido. Pero ¿cómo hacer para que la colonia funcione?

Cabe recalcarlo: si todo funcionara la novela no existiría.

Es aquí donde la escritura exhibe su grandeza. Es como un punzón en un bloque de hielo, el filo es cálido y se transforma en lección del tono a elegir. El texto es un diálogo sobre la naturaleza del amor. Y en especial sobre su dimensión durante la adolescencia. Su carga de inexperiencia y sensualidad, sus límites y por fin sus zozobras, su propia desesperación.

En el cuerpo del texto hay por momentos una sobrecarga de nombres y personajes que no apunta a volver más nítida la idea matriz: la colonia anarquista ya en su disolución debe ser revalorizada por su empuje inicial. En su derrota está el logro.

Todo circula sin parar: el amor a los hijos, la religión, el fin de la familia tradicional. “Ahora todo es pasado, miro las cosas y es como si ellos no existieran, me acuerdo de lo que pasé en ellas, de nuestras luchas, de nuestras discusiones, de los pocos placeres, pero todo eso pertenece a otro tiempo y yo estoy viviendo el futuro”, dice Giovanni Rossi.

Hijos que buscan otro destino y un final digno de los mejores relatos literarios. Una madre y sus hijas en el cementerio. Todo lo que no se dice, lo que se esboza, lo que se erige con el espacio en blanco. Y lo esencial corre por debajo.

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