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Domingo, 24 de diciembre de 2006

LA CULTURA DEL NUEVO CAPITALISMO, DE RICHARD SENNETT

En busca del alma perdida

A partir de tres conferencias dictadas en Yale, Richard Sennett analiza la nueva cultura neocapitalista y cómo plantarse frente a ella.

 Por Cecilia Sosa

La cultura del nuevo capitalismo
Richard Sennett
Editorial Anagrama
185 páginas

Hace algunos años, la Universidad de Yale pidió al sociólogo Richard Sennett que hiciera una presentación panorámica de su producción intelectual. La tarea dio lugar a tres conferencias pronunciadas en esa casa de estudios que ahora fueron reunidas en un libro, una pequeña gran obra que no llega a las 200 páginas pero que, en su novedad y originalidad, supera con creces la voluntad de compendio de 40 años de trabajo: La cultura del capitalismo.

Allí, el autor de las agudísimas El declive del hombre público y La corrosión del carácter (dos obras casi de culto para el pensamiento crítico contemporáneo) analiza de manera personalísima las instituciones que emergen de la nueva sociedad de “las habilidades”, desentraña sus nuevos miedos y desarma la teatral relación que se establece entre consumo y política.

Sin tintes nostálgicos y con una claridad envidiable, Sennett se embarca en el difícil oleaje de los días actuales y los surfea con elegancia infinita. El punto de partida es, cómo no, la década del ‘60, “aquella época fabulosa de sexo libre y de libre acceso a las drogas” en la que los jóvenes más radicales y más serios (donde el autor se incluye burlonamente) pretendían superar las burocracias, desmantelando instituciones para alcanzar comunidades donde reinara la confianza y la solidaridad cara-a-cara. Pero la fragmentación de las instituciones sólo trajo fragmentación de vidas. ¿Por qué? Básicamente porque la camaleónica cultura neocapitalista impuso al individuo desafíos imposibles. Que Sennett –con asombrosa capacidad de síntesis– condensa en tres puntos: 1) Sin instituciones que proporcionen marcos de contención, el individuo debe ser capaz de improvisar el curso de su vida personal, aun sin una firme conciencia de sí mismo. 2) En un mundo que persigue a gritos (y perversamente) el “talento”, debe desarrollar capacidades en constante mutación que, paradójicamente, están condenadas de quedar rápidamente obsoletas. 3) Y, por si fuera poco, debe renunciar a todo relato del pasado que pueda dar sentido a su vida presente. Con ironía, Sennett afirma que el perfil del hombre y la mujer ideal para enfrentar los nuevos tiempos es “–para presentar amablemente la cuestión– un tipo poco frecuente”.

Pero el tramo más interesante del libro llega con el particular análisis de Sennett sobre el consumo anclado en la cultura neocapitalista. Para ello, el autor se libra de todo puritanismo y compara la mercadotecnia de la política con... ¡la ilusión que genera comprar un iPod! Así como el atractivo comercial de la maquinita (con capacidad de almacenar y reproducir una cantidad de hits imposibles) funciona sobre la base de la identificación del comprador con sus propias potencias extendidas; así también la ilusión de elegir políticos como paseando en góndolas de supermercado, potencia una fantasía individual tan quietista como destinada a autoconsumirse. Sennett llega así a delinear las “instituciones MP3”, circuitos corporativos que centralizan y ordenan información, haciendo circular masas de datos ante receptores cada vez más pasivos y desvinculados de todo compromiso político.

Por eso, frente a los nuevos apóstoles que celebran una sociedad liberada de la “jaula de hierro”, Sennett se planta en sus trece. Las viejas instituciones burocráticas no sólo apresaban; también lograban enmarcar la convivencia de las personas y darles sentido a sus vidas. “La caja de hierro fue tanto prisión como hogar”, dice. Ahora, “fuera de la jaula”, con la transferencia del poder a las nuevas compañías, sólo se ha conseguido reinstalar traumas sociales como el “fantasma de la inutilidad” y una “inseguridad ontológica”.

Ahora bien, ¿cómo enfrentar a la nueva cultura neocapitalista asentada sobre la ilusoria potencia del consumo que parece no tener límites? Para Sennett, recuperando tres valores clave: el “relato”, un territorio emocional firme donde echar el ancla y volver comprensible el mundo; la “utilidad”, la sensación de poder aportar algo que interese a los demás; y el “espíritu artesanal”, ni más ni menos que el deseo de hacer algo bien por el simple hecho de hacerlo. Tal vez esa rebelión alcance para hacer historia, sugiere Sennett.

Sin sentimentalismos, el profesor de la prestigiosa London School of Economics propone los valores más simples para enfrentar la fragmentación de las vidas. Bienvenidos al Sennett vintage.

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