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Domingo, 23 de septiembre de 2007

RESCATES

La vuelta del Perito

 Por Jorge Pinedo

Aventura por partida múltiple la de Francisco Pascasio Moreno (1852-1919): a los 15 años inauguró su propio Museo Antropológico y Arqueológico en el mirador de su hogar en Balvanera; a los 21 emprendió una primera expedición a la Patagonia, que reiteraría en otras cuatro oportunidades, antes, durante y después de la (mal) llamada Conquista del Desierto. Discreto mas consecuente cuestionador de la política con(tra) el indio ("Tengo la seguridad de que pudo evitarse el sacrificio de miles de vidas; por supuesto muchas más de indios que de cristianos") visitó sus tolderías, participó tanto de sus penurias como de los excesos. Remontó en un mes, corriente en contra, el río Santa Cruz, bajándolo en un día corriente a favor. Descubrió a los 23 un lago al que llamó Argentino y un glaciar que hoy lleva su nombre. Padre no sólo de siete hijos sino de territorios a los que bautizó, a los 33 inauguró el Museo de La Plata; fijó los límites territoriales con Chile y, por sobre todo, extendió una mirada científica, sistemática en la convicción de que no hay más conquista que la que se formula sobre la ignorancia: "Nunca he podido comprender cómo una nación viril, que se dice dueña de extensísimas zonas, desde el trópico hasta el polo antártico, no se empeña en estudiarlas, para utilizarlas, que es lo que justifica su dominio sobre ellas". Difícil si no imposible cuando hay de por medio militares junto a la petulancia civil de agregar grados o títulos de nobleza por sobre la obra: de allí la urgencia póstuma de llamarlo perito, por la mera inexistencia, para la época, de la nomenclatura académica. Darwin, figura inspiradora de Moreno, tampoco fue doctor, marqués ni general.

Aventura multiplicada en la escritura –una hazaña en sí misma– cobra la forma del texto erudito impersonal y frío que va de la crónica expedicionaria al inventario del naturalista, al cuaderno de campo protocolar, al diario íntimo del viajero, a la reflexión subjetiva reposada en una prosa romántica, a la conjetura filosófica, al relato etnográfico. En fin, Moreno se sirve de cientos de escrituras en una, desplegándose en formas y estilos que saltan de la primera persona subjetiva al escepticismo científico de la tercera, proponen tantas ideas como escenas, que sorprende cómo el cine aún no las ha capturado en sus guiones, cuando los escenarios originales allí están. Fraseo exquisito, pendula entre Stevenson y Sarmiento, sus contemporáneos, basándose en las notas recabadas en el hábito de la "escritura portátil", técnica predecesora de la taquigrafía y el magnetófono, que le permitía tomar apuntes bajo el quillango o sobre la montura para luego redactar sus diarios, ensayos e informes científicos en cobijo más confortable. Artilugio literario mediante, Francisco P. Moreno construyó una gigantesca obra, entre la que se destaca la voluminosa relación de sus expediciones, en especial Apuntes sobre las tierras patagónicas de 1878 y Viaje a la Patagonia Septentrional, de 1882. También, Viaje a la Patagonia Austral (1876-1877), de donde surge la edición que hoy compila en dos tomos Ediciones Continente, bajo la curaduría de Nerio Tello.

Exploración de la Patagonia Sur narra los dos primeros viajes de Moreno y un periplo de aproximación para luego adentrarse en el reconocimiento del río Chubut, la remontada del Santa Cruz y sus celebrados descubrimientos. En el medio, las travesías marinas con Piedrabuena, los indios, las inmensidades, las penurias de un caballero que silbaba Verdi a los guanacos, con su traje de pana, gafas metálicas, pluma dotada y espíritu irrepetible.

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