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Domingo, 14 de octubre de 2007

SAINTE-BEUVE, SELECCIONES DE AMADEO MANDARINO

Los lunes, sangre

Una cuidada edición rescata la figura de Sainte-Beuve, el crítico literario más villano y mordaz de la literatura europea, experto en el arte del libelo.

 Por Rodolfo Edwards

Mis venenos
Sainte-Beuve
Selecciones de Amadeo Mandarino
124 páginas.

Dícese del señor Charles-Augustin Sainte-Beuve que era un gordito de mejillas coloradas con cara de picarón, dícese también que era petiso, de cuello grueso, que tenía un cráneo grande y reluciente y que se dedicó con fruición a la crítica cultural en la Francia decimonónica. Sainte-Beuve era una especie de abogado del diablo que hoy seguramente tendría un blog como atalaya de fuegos y venenos. Escribía una columna en un diario llamada Causeries du lundi (Charlas del lunes) donde redactaba extensos ensayos y no dejaba títere con cabeza. Esgrimista verbal a ultranza, no reprimía ninguna de sus polémicas opiniones por más laureles que portaran las plumas analizadas. Cayeron bajo su látigo Víctor Hugo, Balzac y George Sand, entre muchos otros. La importancia de Sainte-Beuve en su tiempo quedó demostrada por aquel seminal libro de Marcel Proust: Contre Sainte-Beuve. Por nuestras tierras tuvo un émulo: Lucio V. Mansilla, que desgranó desde sus Causeries de los jueves dimes y diretes de las letras y la política nacionales en las postrimerías del siglo XIX. Originalmente publicadas en el diario porteño Sud-América entre los años 1884 y 1891, luego fueron recogidas en el libro Entre-nos; Causeries de los jueves. En la línea de la miscelánea expresada a través de una escritura de alto impacto estilístico, hay dos ejemplos recientes (aunque bien diferentes): Museo del chisme, jugoso anecdotario de Edgardo Cozarinsky, y La marroquinería política de Jorge Asís. El arte del libelo exige un pecho a prueba de balas y una lengua afilada, siempre lista para el retruque florido e implica, además, quedarse con la última palabra: hay que dejar al circunstancial rival sin respuesta, mudo como una roca. Si bien Sainte-Beuve practicaba la crítica literaria, lo hacía utilizando peculiares herramientas metodológicas y abrevaba de diferentes campos epistemológicos como la filosofía y la fisiología. "Quisiera que todos estos estudios literarios pudiesen servir un día para establecer una clasificación de los tipos humanos. No soy un historiador, pero tengo rasgos de historiador", supo decir alguna vez de sí mismo.

Mis venenos es algo más que un conjunto de observaciones y pensamientos filosos sobre el estado de una literatura. Con mano de cirujano Sainte-Beuve supo adentrarse en el espíritu de los autores hasta encontrar las razones íntimas de producción de las obras. El libro se publicó recién en el año 1926 (a más de cincuenta años de su muerte). La edición incluye una detallada biografía de Sainte-Beuve a cargo de Jorge Salvetti, que también se encargó de la traducción del texto.

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