libros

Domingo, 20 de octubre de 2002

El amor y el espanto

EL AMOR CAMBIA
Carlos Dámaso Martínez

Alción
Córdoba, 2001
142 págs.

POR MAX GURIAN

En su última colección de cuentos, más que registrar la persistencia de un sentimiento espurio, Carlos Dámaso Martínez pretende atisbar las inflexiones de una alteración fundante: el sutil desplazamiento de la epifanía amorosa hacia el horror.
Sobre las matrices del policial y del fantástico, el escritor cordobés traza una serie de relatos que indagan, desde la ficción, las relaciones peligrosas que aúnan el ámbito íntimo del amor con el espacio público de la historia y la política. De tal modo, dos órdenes (caóticos) colisionan y en su encuentro se perfila lo siniestro: una infidelidad marital se yuxtapone al regreso del peronismo en los setenta; los coletazos de la dictadura militar irrumpen en la armonía estiva de una ciudad balnearia; un taxista partícipe de la represión y ex combatiente de Malvinas exhibe con orgullo las secuelas físicas y discursivas de su patriotismo.
Encadenados por el omnipresente tópico del viaje, los cuentos de El amor cambia construyen un otro fantasmal –en algunos casos, literalmente– que desvela la paranoia y la impotencia de la clase media bien pensante –un ejemplo: el relato “Saint Denis”– y las cuentas impagas de la historia argentina reciente que, como los intereses de la deuda externa, continúan abultándose en la actualidad. Historia y amor se entrelazan en un vínculo signado por la violencia, un lazo crítico que la escritura clásica de Dámaso Martínez interpela con singular eficacia.
Como tributo, clave de lectura o sostén –cada cual es libre de elegir la opción que más le plazca–, numerosos epígrafes extraídos del canon occidental de la literatura enmarcan los cuentos. Si elijo la primera opción, merece entonces una mención aparte el relato titulado “El Kadmon”. Este autodenominado homenaje a “El Aleph” anhela actualizar su fábula y, por ende, se deleita en nombrar personajes en relación con la obra de Borges –Ulrica y Emma son aquí las mejores amigas de Elvira Vélez, antes conocida como Beatriz Viterbo–, y en reemplazar cartas por e-mails, sótanos por torres, premeditación por entusiasmo. Según dice el narrador, el Kadmon, figuración del universo, probablemente no fuera más que “un programa virtual de computadora”. Sin ánimos de parodiar el infierno borgeano, esta reescritura reclama lectores devotos, y tecnologizados. La ejecución certera de las restantes piezas del libro, y en particular del cuento “El secreto”, admite, en cambio, el agnosticismo.
La escritura de estos textos no surge de la ausencia del ser amado sino, por el contrario, de la presencia opaca del mundo. En este escenario refractario, el deseo descubre un obstáculo tan insidioso como su propia naturaleza: el contorno de lo real. Ante el espanto del vacío y los espectros del pasado, El amor cambia, una muestra apocada de las preocupaciones y logros estéticos de los que Carlos Dámaso Martínez ha dado muestra en otros libros, acecha las metamorfosis de la fatal imbricación de amor, muerte y literatura.

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