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Domingo, 8 de febrero de 2009

Ultimo round

Nacido en Estados Unidos y con varios años de residencia en la Argentina, Mike Wilson es, curiosamente, exponente de la nueva ciencia ficción chilena.

 Por Martín Pérez

El púgil
Mike Wilson Reginato

El Atico
132 páginas

Un boxeador cae de rodillas en el medio del ring al terminar un round de su pelea, y comienza a llorar ante un Luna Park repleto. “Abandona el combate y llora como un niño”, anuncia el diario del día siguiente, y Roque Art, sentado en su cama, lee la noticia como si le hubiese sucedido a otro. En su pequeño departamento de un ambiente apenas si hay una mesa y un par de sillas, y una pequeña heladera verde oliva, que apoda El Androide. La abre y saca un sifón, al que se queda admirando como el Mano de El Eternauta hace con una pava, creyéndola una obra de arte. Pero casi no hay tiempo para meditaciones en la vida de Roque Art, boxeador ya sin carrera y ex combatiente en Malvinas. Pronto creerá haber enloquecido al escuchar una voz fantasmal que proviene de su heladera. El Androide, nada menos. A las órdenes de Hal, como prefiere que lo llamen, Roque –al que Hal pasará a referirse como Major Tom– deambulará por una Buenos Aires que rápidamente devendrá apocalíptica, buscando las partes que le permitirán a su nuevo amigo (¿amo?) completar su transformación antropomorfa.

Pequeña novela balbuciente y veloz, El púgil se inscribe dentro de la reducida pero creciente escena de la nueva ciencia ficción chilena, que lentamente comienza a cruzar la cordillera. Tal vez por estar ambientada en una Buenos Aires deudora de la obra mayor de Oesterheld, quizá porque su autor, aunque resida en Santiago y haya nacido en Estados Unidos hace 35 años, creció y se educó por estos pagos, El púgil es la primera del género en buscar un lugar en el mercado local, aun cuando en Chile haya sido la última en sumarse a un movimiento que incluye a Jorge Baradit, el autor de Synco, Alvaro Bisama y Francisco Ortega, por nombrar a sus representantes más conocidos. Considerados como Realismo Mágico 2.0 por algunos críticos chilenos, en realidad lo que esta nueva CF trasandina hace es reescribir el cyberpunk que en los ’80 marcó el final de la revolución que puso a la ficción antes que a la ciencia dentro del género. Si en aquella época la tan activa vertiente local ignoró aquella contrarrevolución tecnológica, ahora que aquí no hay más que silencio, en Chile, una nueva generación post-cyberpunk une lo que queda de aquellas nuevas tecnologías con toda clase de retazos, empezando por el rock, terminando en el cine, pasando por el animé, videojuegos y todo lo que haya alimentado un género que se construye revolviendo el tacho de basura de la cultura.

Pletórica en escenas memorables y sugestivas, El púgil es un libro atravesado por una melancolía que con el correr de las páginas comienza a pesar demasiado, sin dejar jamás de fagocitar toda clase de referencias, con Joy Division como banda de sonido y la película I.A. de Spielberg como centro de un vórtice que devora todo lo que tiene a mano, desde Dick y Asimov, pasando por Bowie y Lewis Carroll, por qué no. Después de todo, Major Tom y Alice huyen por una Buenos Aires devastada, perseguidos por androides extraterrestres, mientras la novela termina encerrándose en agotadores círculos concéntricos, permanentemente puntuada por puntos suspensivos que le quitan disfrute a una lectura siempre acelerada, en la que su protagonista no puede dejar de preguntarse la clave del libro: “¿Cuánto metal hay que tener en la cabeza para que te digan robot?”.

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