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Domingo, 22 de febrero de 2009

MáS CERCA DEL ROCK PRIMAL QUE DEL EXPERIMENTALISMO FORMAL, LLEGA UNA NOVELA CLAVE DE LOS ’80 BRASILEñOS.

Lo que no te gusta escuchar

 Por Luciana De Mello

¿Dónde andará Dulce Veiga?
Caio Fernando Abreu

Adriana Hidalgo
312 páginas

Alejado de la academia y resistido durante bastante tiempo por la crítica brasileña, Caio Fernando Abreu es una voz propia de su tiempo, colmada de retratos sentimentales del Brasil urbano. A trece años de su muerte, la publicación de ¿Dónde andará Dulce Veiga? es más que bienvenida: levanta la bandera que, según se dice aquí, llevó adelante una generación que “vio morir a sus héroes de sobredosis y a sus enemigos sobrevivir en el poder”. A pesar de haber sido emparentado con Clarice Lispector y Joao Gilberto Noll por su prosa fragmentaria y poética, la obra de Abreu está más hermanada a la poesía de Cazuza que a cualquier otro referente literario. Principalmente por su gesto de grito, de nostalgia por lo que no fue posible en los ‘70, por su mueca de ironía frente al presente pop de una tierra que raramente mira para atrás. El carácter autobiográfico está presente en gran parte de su obra. En 1968, en plena dictadura militar, Abreu fue perseguido por el DOPS (Departamento de Orden Político y Social) teniendo que refugiarse en la casa de su amiga escritora Hilda Hilst, en la periferia de Campinas, para luego vagar exiliado por diferentes ciudades de Europa. ¿Dónde andará Dulce Veiga? es, ante todo, la historia de una desaparición que, como tal, teje a su alrededor una necesidad desesperada de búsqueda. Dulce Veiga ha sido una cantante famosa que, en pleno apogeo de su carrera, un día se esfumó sin dejar rastro. Un joven periodista, cuyo nombre no se pronuncia nunca, acaba de ser abandonado por su amante y está sumido en la desolación. El periodista escribe una crónica sobre la cantante desaparecida y se lanza a su búsqueda, descubriendo en la obsesión por encontrarla el único sentido que le puede dar a su vida.

En la novela, y como es de esperarse que suceda en cualquier relato de viaje, el que busca encuentra. Y lo que encuentra siempre ha estado mucho más cerca de lo que se suponía. Sí, puede decirse que acá empieza el cliché del encuentro con uno mismo. Pero a estas alturas de la narración, el thriller ya no interesa y lo único que cuenta es el estallido de la prosa, del sentido. Hay, en toda la novela, una mirada intimista con la que los personajes van construyéndose a sí mismos y a los espacios desquiciados y frenéticos que los rodean. Tanto a puertas cerradas como en pleno centro de San Pablo o de Río de Janeiro. Lo que late por debajo de la cantante desaparecida, de su amante adicto a la heroína, y de su hija portadora de HIV, es la desesperación tediosa del que ya no puede contar. Ya sea por ausencia, inconsciencia o desolación. El camino que hace el cronista que busca a Dulce Veiga es el camino de quien va al reencuentro de su antigua voz silenciada.

¿Dónde andará Dulce Veiga? tiene su génesis, en la vida real, a partir de una crónica de Abreu que el director Guilherme de Almeida Prado toma como punto de partida para un proyecto cinematográfico que demoró casi veinte años en llegar a la pantalla, en el año 2007. Caio Fernando Abreu murió el 25 de febrero de 1996, tan sólo dos años después de descubrir y asumir públicamente que estaba enfermo de sida. En una carta a su amigo Zezim, fechada en 1979, Caio lo aconsejaba: “No hay ningún demonio interponiéndose entre la máquina y vos. Lo que te pasa es una cuestión de honestidad básica... Esa preguntita: ¿realmente querés escribir? Dejando de lado el tema del dinero, ¿todavía querés hacerlo? Entonces andá, buscá bien profundo, como dice un poeta gaúcho, Gabriel de Britto Velho, apagate el cigarro en el pecho / decite a vos mismo lo que no te gusta escuchar/ contate todo. Eso es escribir”.

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