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Domingo, 18 de octubre de 2009

Más mártir que comediante

Una cuidada edición española rescata unos textos en los que Jean Genet intentó desmarcarse de los bien pensantes y los conservadores.

 Por Alejandro Soifer

El niño criminal
Jean Genet

Errata naturae
96 páginas

En 1948, Radio Nacional Francesa le encargó a Jean Genet, quien por entonces ya era la luz de los ojos de la intelectualidad gala de izquierda, que escribiera un texto para ser leído y transmitido en el programa Carte blanche. El programa tenía la intención de darle esa carta blanca a diversos escritores franceses del momento para que se expresaran con total libertad. Pero eso no sucedió, ya que tanto el texto que escribió Genet (El niño criminal) como uno que presentó Antonin Artaud (Para acabar de una vez con el juicio de dios) fueron censurados. El texto de Genet fue publicado en 1949 en una edición muy limitada y posteriormente incluido en el tomo 5 de sus obras completas. Permaneció inédito en castellano hasta ahora, que la editorial española Errata naturae lo rescató junto con otro texto inédito (Fragmentos) en una delicada edición.

El prólogo correcto de Irene Antón restituye la historia de estos textos laterales y casi olvidados de Genet, y los posiciona como gestos de una obra que en sí misma se basó en la teatralidad de ciertas operaciones literarias para desarrollar un plan estético. Lo interesante es reconocer lo que parece como una desesperación de Genet por escapar de la condición a la que la simpatía que le tenía Sartre y otros lo habían llevado: una normalización que rechazaba. El grupo existencialista había hecho causa en la figura de Genet por su condición de delincuente e intelectual, y entre sus intervenciones por su libertad también había una reivindicación de su obra. El niño criminal entonces parece un intento desesperado de Genet por desmarcarse de ese peso normalizador y una reivindicación visceral del derroche, el gasto inútil y la destrucción gratuita, personificada en ese “niño criminal”. El texto tiene evidente intención de incomodar tanto a sus benefactores bien pensantes como a los conservadores: alaba el sistema carcelario tanto como la delincuencia, mientras se permite mofarse de aquellos intelectuales que se sienten cómodos con el descompromiso de gustar de la literatura maldita.

El segundo texto que integra el libro, Fragmentos, bien podría completar su título hasta ser homónimo del célebre Fragmentos de un discurso amoroso, ya que esta serie de trozos de texto están enhebrados por una desilusión del corazón. El objeto de amor perdido es Decimo, un prostituto italiano que se presenta como pura belleza cruel y filosa al punto que en una de las frases más punzantes que se desprende del torrente de palabras entrelazadas se dice: “Pronto no serás más que el recuerdo de tu belleza”.

Jean Genet grita contra el viento en estos textos, intentando una operación difícil justificada en su creencia de que “a fuerza de vergüenza, el respeto”.

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