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Domingo, 1 de noviembre de 2009

La Historia, madre de la historia

Una madre y su hijo son el eje de un relato tan lineal como circular y atravesado por los vientos de la historia, marcas de la más reciente obra de ficción de Edgardo Cozarinsky.

 Por Martín Pérez


Lejos de dónde
Edgardo Cozarinsky
Tusquets
168 páginas



Conoces la réplica del muchacho judío que decide emigrar a América a comienzos del siglo XX?”, pregunta uno de los personajes que pueblan la novela de Edgardo Cozarinsky. “En el mísero stetl de Galitzia o Betsarabia donde nació, su madre llora sin consuelo. Hijo mío, ¿por qué te vas tan lejos?”, se lamenta una y otra vez. El hijo, ya lejos de allí en el pensamiento, tal vez con un sentido innato de la relatividad, responde: “¿Lejos? ¿Lejos de dónde?”.

La anécdota aparece cuando el libro casi se está terminando, pero justamente por eso el lector ya está preparado no sólo para reconocerla como obvia referencia al título sino también como resumen de sus intenciones. Porque Lejos de dónde, novela del cineasta que cada vez más se ha ido transformando principalmente en un escritor, cuenta una historia llena de pliegues, pero que al mismo tiempo puede leerse como una línea recta: el camino que sigue una madre y luego su hijo en medio de la enrevesada historia del siglo pasado. O un círculo perfecto, en tanto y en cuanto la madre huye de Europa al comienzo de su historia y el hijo busca refugio justamente allí, una novela y medio siglo después. El sentido innato de la relatividad de esa respuesta en la anécdota se multiplica en la aventura que cuenta el libro, ya que la historia que narra no relativiza el hecho de estar lejos o cerca de algún lugar –llámese o no hogar– sino que más bien termina refiriéndose a la imposibilidad de estar realmente en algún lado.

Al menos eso es lo que terminarán viviendo tanto madre como hijo, que se pasan la voz en esta curiosa posta narrativa que es Lejos de dónde, que comienza hacia el final de la Segunda Guerra y termina casi una década dentro del nuevo siglo, prácticamente en el mismo lugar geográfico donde empezó. Algo que también se podría decir que sucede con la obra de Cozarinsky, ya que esta pequeña novela –que es prácticamente un largo prólogo de un cuento propiamente dicho, que es su exquisito y sutil último capítulo– guarda muchos puntos en común con el admirable relato que abre su decidida etapa dedicada a la escritura, La novia de Odessa.

En la obra de Cozarinsky, la Historia es la madre de la historia –con mayúscula primero y minúscula después, o viceversa–, y en Lejos de dónde semejante dialéctica se hace más que evidente. Dividida en cinco capítulos, la tentación de la simetría hace que se cuente los dos primeros para la madre y los dos últimos para el hijo, con un capítulo en el medio en el que uno deja paso al otro. Pero lo cierto es que el verdadero protagonista de los capítulos iniciales es la Historia con mayúscula, mientras que la minúscula es sólo la excusa para semejante escenario, con la derrota del nazismo y la lucha para sobrevivir de muchos de sus acólitos –y por lo tanto, el destino argentino– como tema principal.

No es nada casual que recién cuando aparece el hijo es que la historia empieza a tomar forma y se acelera, hasta desembocar en su admirable epílogo. Dicho esto, sin embargo, también hay que aclarar que, como sucedía en El rufián moldavo –la brillante primera novela de Cozarinsky–, en su poco más de un centenar y medio de páginas se asoman más peripecias y aventuras que en novelones que triplican su volumen. Pero porque allí yace una de las virtudes de los textos de Cozarinsky, siempre preñados de posibles, mirando la literatura de aventuras de frente, como avisando que se sabe el truco, pero que ése no será el camino a seguir. Ya que no hace falta recurrir a él, porque –como se cita a sí mismo el propio autor en uno de los tantos epígrafes que pueblan el libro– “los cuentos no se inventan, se heredan”. Y lo mismo sucede con la historia, sea en mayúscula o minúscula.

Por eso, además de mostrar cómo una madre cruza el Atlántico huyendo de la derrota del nazismo sólo para engendrar un hijo que terminará desandando el camino al escapar de los nazis vernáculos, en Lejos de dónde aparece y desaparece como admirable nota al pie la historia del fotógrafo Yevgenu Khaldei. Una suerte de Robert Capa ruso, que pasará de estar en la gloria a ser casi un perseguido sin necesidad de huir hacia ningún lado, sólo quedándose en el mismo lugar del mundo. Una y otra vez lejos y cerca de ningún lado.

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