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Domingo, 10 de noviembre de 2002

RESEñAS

Sin sentido

Sociedades sin destino.
¿América Latina tiene
lo que se merece?
Fernando c

Taurus
Buenos Aires, 2002
250 págs.

por Daniel Mundo
La época moderna consideró que la historia tenía una dirección y obedecía a una necesidad: el progreso era la figura que sostenía esta filosofía de la historia. Las dos guerras mundiales devastaron este imaginario, que hoy el intelectual se avergüenza de utilizar. López-Alves recurre a una palabra más enigmática: destino. La idea de destino comporta dos connotaciones que López-Alves desglosa. Por un lado –sostiene– da a entender “una suerte de escatología según la cual el futuro está predeterminado”: hay naciones e individuos que nacieron con la misión de gobernar, y otras que nacieron para obedecer. Por otro lado, el destino puede ser considerado como la última etapa de un viaje, el final de un recorrido. Si una nación, como un individuo, no sabe a dónde quiere llegar, no podrá mejorar sus condiciones de vida, ni la calidad de sus experiencias.
Sociedades sin destino no habla, entonces, de progreso, pero sí se vale del término que vino en su reemplazo: desarrollo. En lugar de desmontar el concepto, López-Alves lo naturaliza: el camino de la historia sigue estando pre-scripto. Por ello, resulta baladí ponerse a imaginar qué futuro se desea: la marcha humeante del futuro tiene como meta el ritmo del desarrollo. Tal vez, en todo caso, sería más importante preguntarse cómo, qué fuerza o poder en nosotros, puede imaginar algún futuro. ¿Acaso nuestro deseo responde a nuestra voluntad? Pero en Sociedades sin futuro no hay lugar para este tipo de interrogaciones; más bien propone una cartografía imaginaria del mundo que se viene. La lógica de la que se sirve para ordenar este mapa del futuro no está muy lejos de la que se necesita para tener alguna chance de vencer en ese juego bélico que animaba nuestra adolescencia. Sociedades sin destino proyecta las conquistas, los pactos, las traiciones que se tramaban sobre el cartón, a la totalidad del globo: “¿Qué estrategia”, se pregunta López-Alves, “deberían adoptar los Estados Unidos para evitar el declive de su poder global?”. Un T.E.G. planetario.
Con la caída del Muro de Berlín se inicia un nuevo tipo de historia, “más complejo, con más jugadores”. Estos jugadores, que tendrán una nueva fisonomía, “podrán vivir en un contexto controlado, seguro, divertido. Una confusa mezcla de realidad y fantasía”. López-Alves deja entrever que el modelo a seguir, en esto como en el proyecto cultural más amplio, es el norteamericano medio: una belleza cacofónica cuyos ecos ya influyen en discursos que supieron ser críticos. Como muchos papers académicos, con su estilo homogéneo e impersonal, este libro brinda abundante información, aunque no aporta orientación ni sentido. Hay libros escritos para no ser leídos, libros que no gustan pero tampoco ameritan discusión, y que a lo sumo causan una pequeña tristeza.

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