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Domingo, 29 de diciembre de 2002

ENTEVISTA

Se hace camino al andar

En La política está en otra parte, Hernán López Echagüe recorre los lugares donde se escuchan las voces de la solidaridad y los reclamos de igualdad. Como un viajero que va en busca de la historia, el periodista traza un mapa de los nuevos movimientos sociales.

Por Lautaro Ortiz
La política está en otra parte (recientemente editado por Norma) es hijo directo de ese periodismo que sabe observar, desde el lugar preciso, el desplazamiento de la historia. Presentado como un libro de viaje durante el cual Echagüe toma contacto con el funcionamiento de los distintos movimientos que se gestaron en el país poco antes del 20 de diciembre de 2001, este nuevo trabajo tiene la virtud de convertirse en las manos del lector en una gran caja de resonancia donde las voces de quienes reclaman un cambio político-estructural chocan con aquellas otras que siguen sin comprender los conceptos de solidaridad e igualdad.
Así, confesiones y reflexiones de piqueteros y obreros de todo el país (Lanús, Quimilí, Cutral-Có, Neuquén y General Mosconi) contrastan con repugnancia con las versiones oficiales del gobierno, los insustanciales cables de noticias, las pobres crónicas periodísticas y los comentarios tendenciosos de los grandes medios de comunicación: “El gobierno nos mea y los medios dicen que llueve”, sentencian los desocupados. En poco más de 230 páginas el autor reconstruye el verdadero mapa social de este último año, desnudando con crudeza la crisis Argentina: la identidad.
Desde su casa en Palmira (Uruguay), Echagüe explica: “Durante los largos días de trabajo me encontré con personas maravillosas que, advertí de inmediato, estaban desde hace tiempo entregadas a un gran viaje multitudinario. Un largo y sinuoso viaje que comporta descubrimiento, creatividad, compañerismo, solidaridad, entrega, incertidumbre, resistencia. Un viaje, a diferencia de Céline, hacia el comienzo del día, hacia los dignos resplandores de la vida. Y en este magnífico desplazamiento no sólo pude hacerme de robustos amigos, también he podido experimentar en lo más profundo de mi alma una rara sensación de libertad. Esa libertad que duele, de tan abierta y franca, de tan bulliciosa y carne pura. Libertad para pensar de la manera que se me antoje. Porque, como digo en el libro, estos movimientos han plagado el aire de interrogantes, y, como ellos, en la construcción diaria de respuestas también estoy embarcado”.
Entre las muchas puertas que abre este excelente trabajo, sobresale la crítica feroz al periodismo adocenado y al papel de los medios de comunicación: “Siempre rescato –sostiene Echagüe– la idea de que el periodismo no es un circo para exhibirse, sino un instrumento para pensar, para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta. Hay, entonces, un periodismo de saco, corbata, celular y secretaria que está al servicio del privilegio, periodistas que temen, y mucho, perder el espacio que se han ganado en los medios no a fuerza de talento, sino gracias al sometimiento de las reglas del consumo, del rating, de la aparición en la pantalla, del hacer de la firma de un artículo una cuestión ineludible. Y están los otros, los que desde el llano, desprovistos de remises, de apoyo empresario, lejos de luces y estrellas, trabajan a destajo con el único propósito de llevar adelante ese periodismo verdadero. Me causa náusea, por ejemplo, escuchar a tipos reivindicando a Walsh en tanto insultan a los piqueteros y los demonizan. No tienen la menor idea de que Walsh andaría en estos días sin empleo y recogiendo testimonios en un corte de ruta, visitando alguna fábrica tomada, mateando con organizaciones de campesinos. Con respecto a ciertos medios, me atrevo a decir que en estos momentos impera una desinformación fundada en la hipocresía, en la malicia, en intereses económicos y políticos, y, en algunos casos, en la holgazanería intelectual, como expreso en este libro”.
Finalmente, concluye: “Siempre he considerado al periodismo escrito como una suerte de rama de la literatura. Porque, ¿qué hace uno si no es contar una historia? Recuerdo que Vázquez Montalbán suele decir que el periodista comienza a bordear la literatura cuando se detiene más de diez segundos para reflexionar acerca del empleo de tal o cual palabra. Y eso me ocurrecontinuamente. No por un afán de hermoseo del texto, sino con el propósito de sumergir al lector en el mismo ritmo, en el mismo sitio, en el mismo clima, en la misma historia que he vivido. Pretendo, simplemente, que el lector siempre viaje conmigo a lo largo de la narración. No me divierte hacerlo solo”.

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