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Domingo, 7 de agosto de 2011

Cerrado por duelo

En un volumen de cuentos de 2003, Banana Yoshimoto plantea diferentes formas del duelo: cómo elaborar la infancia traumática, el abandono, el abuso y la muerte. Otra muestra de su fina percepción y su intimismo desolador.

 Por Mariana Enriquez

A mediados de los años ’80, cuando todavía era una estudiante universitaria, Banana Yoshimoto publicó la novela Kitchen, que la hizo muy famosa en Japón y la convirtió en la escritora japonesa más traducida y más conocida fuera de la isla. Aquella novela, en su primera edición, estaba acompañada por un relato llamado Moonlight Shadow que era extraordinario y revelaba un costado diferente de la narradora, con toques sobrenaturales y una inmensa melancolía. Yoshimoto siguió publicando relatos en esa línea íntima y desolada, con jóvenes mucho más preocupados por el duelo, la infancia triste y el futuro incierto que por la cultura pop o la cultura urbana de Tokio, temas con los que suele asociarse, un poco imjustamente, a la autora. En 1989 editó la colección Sueño profundo (publicada por Tusquets en 2006) y ahora llega Recuerdos de un callejón sin salida, libro de cuentos de 2003, época en que, según admite la propia autora en un breve posfacio, “últimamente sólo escribo tristes y dolorosas historias de amor”.

Recuerdos de un callejón sin salida. Banana Yoshimoto Tusquets 212 páginas

Los cinco cuentos de Recuerdos... son efectivamente melancólicos, reflexivos. “La casa de los fantasmas”, que abre la colección, es el encuentro entre dos jóvenes solitarios, hijos de dueños de restaurantes: Yoshimoto tiene una particular inclinación por la gastronomía; en su literatura la comida representa el placer en lo cotidiano, la calidez sencilla, el hogar. Los jóvenes se enamoran de a poco y sin pasión desatada y los encuentros ocurren en un departamento de un edificio a punto de ser demolido, un departamento embrujado por la pareja que solía vivir allí, dos ancianos que, mientras los jóvenes se enamoran, siguen con sus tareas diarias como si nada hubiera pasado, como si no estuvieran muertos. “¡Mamáaa!”, el segundo relato, es posiblemente el mejor: una mujer que trabaja en una editorial accidentalmente come un almuerzo envenenado en el buffet de la empresa y, durante su recuperación, tiene que lidiar con la desconfianza, la curiosidad morbosa de los demás y, sobre todo, los recuerdos fragmentados de su infancia, su madre violenta, el padre muerto. También la infancia es central en “La luz que hay dentro de las personas”, un sencillo y trágico relato sobre una amistad infantil truncada por la muerte. Y el relato del título, “Recuerdos de un callejón sin salida”, tiene el arco narrativo y la elaboración de personajes de una novela corta: una mujer joven, Mimi, sobrevive a duras penas al abandono de su novio –un cobarde a quien ella, sin embargo, perdona una y otra vez, hasta la negación– y la ayuda en su duelo Nishiyama, un barman hijo de un famoso novelista que, cuando era niño, sufrió abusos de su padre, que lo encerraba en una habitación y no le daba de comer.

Los relatos de Recuerdos de un callejón sin salida se vertebran alrededor del duelo: cómo sobrevivir a una infancia traumática, al abandono, a la muerte, al abuso (en “La felicidad de Tomo-chan” la protagonista es víctima de una violación en la adolescencia). Y ese duelo, casi siempre sereno, termina confundiéndose con la vida, con la experiencia. En fin, termina confundiéndose con la fascinación por la vida cotidiana que define la literatura de Yoshimoto y que sintetiza bien en “La casa de los fantasmas”: “Algún día desapareceremos sin dejar rastro, como la pareja de ancianos. Podría parecer una vida simple, pero en realidad pertenece a una inmensa corriente, no menos apasionante que vivir una aventura en los siete mares”.

Así es: con un estilo sencillo y puro, reflexivo pero jamás rebuscado, Yoshimoto escribe sobre enormidades, la muerte, el abuso infantil, el asesinato, el suicidio, el abandono y ese contraste resulta en una sensibilidad muy particular, elegante e ingenua, de extraña madurez.

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