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Domingo, 22 de noviembre de 2015

PATRICK MODIANO

LOS PASOS PERDIDOS

Aunque parezca paradójico hablar de un nuevo libro de Patrick Modiano, un escritor que más allá de la consagración máxima del Premio Nobel suele narrar más o menos la misma historia en una obra de indudable coherencia, las variaciones que plantea Para que no te pierdas en el barrio no son menores: esta vez, las pistas que persiguen el pasado, una mujer y el recuerdo del verano perdido conducirán al enigma del propio autor.

 Por Juan Pablo Bertazza

Hablar de la “última novela” de Patrick Modiano es siempre problemático. Y no tanto por ese chiste molesto según el cual si va a venir otra después significa que no es la última novela sino porque muchos de los libros de Modiano parecen ser el mismo.

Aun así, Para que no te pierdas en el barrio sí podría pensarse como una novela distinta dentro de la producción del, hasta ahora, último Nobel de literatura francés, un premio que, según el periodista Pierre Assouline, sería recordado algún día como el único consenso nacional en el contexto de la crisis francesa de aquel otoño de 2014 (Assouline no tenía en cuenta el principio según el cual todo puede ir peor): “y no se trata de un político, ni de una vedette de televisión ni de un mediático sino de uno de los novelistas más reservados que tenemos”, explicaba al comienzo de un hors-série que la revista Magazine littéraire le dedicó hace un año a Modiano.

El periodista incluso se preocupaba por la eventual incomodidad del escritor al brindar su discurso en Estocolmo teniendo en cuenta su dificultad para hablar ante un público de solo dos o tres personas. Pero todo eso hoy ya es historia y para todo aquel desprevenido que aún no conozca mucho de la vida de Modiano, recomendamos leer su casi autobiografía Un pedigrí. Y si bien en esta nueva entrega hay también objetos de un pasado remoto, enigmas, persecuciones y algunos personajes que, más que personas, parecen fantasmas, las novedades que trae Para que no te pierdas en el barrio (último libro que escribió antes de ganar el Nobel o, mejor dicho, la novela que vino con un Nobel bajo el brazo) son varias: en primer lugar, y a diferencia de casi todos sus libros anteriores, no trae dedicatoria, transcurre en un tiempo bastante actual (¡hay un teléfono celular!, toda una extrañeza para la literatura modianesca) y es una novela acerca del largo oficio de escribir, una reflexión en torno de ese exorcismo que también significa la literatura.

Jean Daragane es un escritor mayor, discreto, solitario y algo mañoso que sólo parece disfrutar con la lectura de Historia natural de Buffon y es consciente de que no le queda mucho tiempo por delante. Por eso atiende de muy mala gana un llamado telefónico en el que un extraño lo cita para devolverle, con un cierto tono de amenaza, una libretita de direcciones que casi ni se acordaba de que había perdido. El desconocido logra su propósito y lo termina citando en un bar acompañado por una mujer expectante. Pero no bien le devuelve lo que es suyo, le pregunta con insistencia por uno de los nombres que aparecen en la agenda: Guy Torstel que, para variar, el escritor casi ni recuerda.

Aun cuando este resumen no lo demuestre, se trata de un comienzo hipnótico por el tremendo contraste entre la desconfianza malhumorada del escritor, el descaro del hombre que encontró la libretita y el enigma que parece encarnar la mujer.

En un continuo juego de dobles opuestos y complementarios que funcionan a lo largo de toda la trama, el escritor se irá encontrando poco a poco con una foto casi irreconocible en la que aparece él de chico, un intenso y borroneado verano de su infancia, una casa en la ciudad de Saint-Leu que se le aparece en sueños y el recuerdo de una mujer que solo le permitía salir a la calle con un papel plegado en cuatro con un mapa y una frase (la que da título al libro) y cuyo nombre (Annie Astrand) no puede dejar de recordar.

Así, para que sea posible la irrupción de ese recuerdo de Daragane intervienen a manera de puentes tanto su vejez actual (con la presencia de una misteriosa y acaso decisiva valija que no puede abrir hace décadas por haber perdido la llave) como un momento crucial de la juventud en que, para escribir su primera novela, había volcado de manera inconsciente ese mismo episodio de su más tierna edad.

Y esa es la vuelta de tuerca que parece ofrecer como novedad Modiano: si en sus libros anteriores alguien seguía el rastro de una mujer enigmática y difusa, ahora esa búsqueda es solo una escala para encontrarse a sí mismo, como si se fusionaran las figuras del buscador y el buscado en una única y magnífica jugada que asegura el paso del tiempo. Porque si una de las características más destacadas de su literatura era la manera de indagar en los escombros del pasado para entender algunas claves pongamos de la ocupación de París (por citar uno de sus temas recurrentes) lo que demuestra este libro magnífico es, una vez más, que pasado y presente son nada más y nada menos que las dos partes del mismo cordón.

Es por eso que un fenómeno meteorológico del presente también puede arrastrar hacia el pasado: “Lamentó en el acto haberse portado de forma tan desabrida, pero le echó la culpa al calor que agobiaba París desde hacía unos cuantos días, un calor inhabitual en el mes de septiembre”. Cabe destacar que “verano indio” es el nombre que suele darse a esas pequeñas temporadas inusualmente cálidas y soleadas durante el otoño, que se dan entre mediados de septiembre y principios de noviembre como consecuencia de un marcado cambio en la corriente de aire desde el sur hacia el norte. La metáfora está clara: lo que intenta rememorar (o dejar de olvidar) Daragane son las vicisitudes de un verano inusual que marcará para siempre su vida.

Pero esto no quiere decir que todo cierre: tal como pasa también en muchas de sus novelas anteriores, al terminar este libro quedan más dudas que certezas. Las dudas tendrán que ver sobre todo con las circunstancias que llevaron a Daragane a estar donde está y las certezas con la poética de Modiano: porque ahí donde muchos hablan de simple repetición en todo caso habría que hablar de algo mucho más interesante como lo es la figura del palimpsesto: “las frases se enredaban y aparecían de pronto otras frases que tapaban las anteriores y desaparecían, sin darle tiempo a desentrañarlas”. Lo mismo, por supuesto, sucede en algunas ciudades: “las fachadas de los edificios y los cruces se habían ido convirtiendo con el paso de los años en un paisaje interior que había acabado por superponerse al París demasiado liso y embalsamado del presente”.

Para que no te pierdas en el barrio. Patrick Modiano Anagrama 149 páginas

Cada libro parece reafirmarlo: Modiano tiene el enorme mérito de ser el mejor narrador actual de París –de su arquitectura mágica, de su laberíntica fantasmagoría–, acaso la ciudad más impregnada de literatura del mundo.

Hoy, entre tanto bombardeo y atentado terrorista queda incólume una verdad: aun cuando no nos quede ni siquiera París, siempre tendremos los libros de Modiano.

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