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Lunes, 24 de junio de 2002

EN EL QUIOSCO

Los gozos y las sombras

EL INCONSCIENTE: EXISTENCIA Y DIFERENCIA SEXUAL
Jorge Alemán Lavigne y Sergio Larriera Sánchez
Síntesis
Madrid, 2002
223 págs.

POR JORGE PINEDO

Si el divague metafísico amenazó en su momento la continuidad de la filosofía, la monotemática teología academicista viene amagando con hacer lo propio con el psicoanálisis. De ahí que los filósofos zafaron de la erudición no menos que de los psicotrópicos avanzando hacia la cultura: ahí los tenemos a Zizek, a Agamben, a Vattimo, a Badieu y, más cerca, a Tomás Abraham, a José Pablo Feinmann, a León Rozitchner o a Nora Trosman. Por el rincón de la ciencia de lo inconsciente, Jaques Lacan sentó las bases para servir y servirse de la lingüística, de la antropología y del arte con tanto ímpetu como algunos de sus seguidores perseveran en cerrar esos senderos.
Precisamente en sostener la anterior confluencia, o apertura, reside la virtud principal de El Inconsciente: existencia y diferencia sexual, flamante entrega del binomio argentino radicado en Madrid compuesto por Jorge Alemán y Sergio Larriera. Psicoanalistas lacanianos ellos, incursionan en la escabrosa arborescencia heideggeriana sin la (demasiado habitual) vanidad de que un discurso brinde prístina iluminación a las tinieblas del otro. Muy por el contrario, el intercambio se desata mediante una concienzuda apropiación de ambos saberes de manera que se van contrastando en forma episódica. Tarea que exige, por momentos, aclaraciones que pueden parecer escolares. Como cuando embrollan los cuantores de la sexuación de Lacan o asumen la traducción del Es gibt (“Ello da”) de Heidegger como “se da”, con los correspondientes riesgos clínicos de amorosa oblatividad.
Inevitablemente, dado el encuadre de la articulación, el libro arranca con el recorrido de diez países en cinco días, como para que al lector no le quepan dudas de qué se está hablando. Lector idóneo, jamás neófito o ingenuo –circunstancia que se agradece, acostumbrado como está en estos menesteres a ser tratado como estúpido– encuentra el verdadero comienzo en la página 43, momento en que Alemán y Larriera formulan una hipótesis fuerte. Colocan, en efecto, a Heidegger y a Freud desmantelando al sujeto moderno mediante dos textos tan contemporáneos (1924) como mutuamente ignorados: Ser y Tiempo del primero, El problema económico del masoquismo, del vienés. Como Darwin y Wallace. Una vez constatada la perspectiva histórica, los autores se empeñan en articular sendos corpus teóricos sin escatimar herramientas metodológicas, privilegiando la topología lacaniana aunque sin hacerles asco a la literatura o a la escultura.
Inscriptos en la escuela psicoanalítica comandada por Jaques-Alain Miller, sin embargo, cometen la proeza de demorar ciento veinticinco páginas en aludirlo, lo que tal vez les valga la excomunión. Dichosos hablantes de la lengua castellana, su extensa radicación en Madrid les permite admitir sutilezas que en el porteñoparlante vulgar se escapan, como la vital distinción entre el goce y los gozos. Argentinos de origen, arrastran allende los mares algunos vicios, del estilo de otorgarle valor proposicional al giro costumbrista “tiene que ver”, evitar la referencia bibliográfica, ignorar que en otras latitudes hay quienes con idoneidad trabajan temas semejantes –Conmemorando a Martin Heidegger, AA.VV. (Buenos Aires, Letra Viva, 2002)–, cuando no idénticos. Pecadillos que se disculpan cada vez que se piensa en el fervor que exigen desarrollos de semejante densidad. En particular cuando dejan al lector pensando.

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