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Domingo, 13 de agosto de 2006

CARO LIBRO

El país de las palabras, de Mordzinski

libros de mucho(s) peso(s)

Imagen y palabra se llaman a gritos: la obsesión del fotógrafo profesional Daniel Mordzinski por retratar a escritores vuelve en El país de las palabras (después de Tierra de palabras, donde retrataba a escritores israelíes y palestinos, y La ciudad de las palabras, donde los escritores latinoamericanos se encuadraban en París). El país de las palabras vendría a ser un zoom atrás realizado por Mordzinski de aquel libro. Los escritores fotografiados ahora se reprodujeron en serie y ya no hablan sólo de París sino también de Francia entera. Y es necesario decir que el fotógrafo Daniel Mordzinski cumple con su objetivo. Porque los retratos y las voces de estos 71 narradores latinoamericanos (fotogénicos algunos, escritores los otros), entre los cuales están Héctor Bianciotti, Martín Caparrós, Julio Cortázar, Edgardo Cozarinsky y Juan José Saer, participan de un diálogo tan rico que resulta absolutamente incorrecto hablar de las fotografías como meras ilustraciones. Por ejemplo, la pose de César Aira en una bañadera o la silueta de Cabrera Infante sobre una pila de libros resultan mucho más elocuentes que los textos que acompañan la imagen.

Inclusive es probable que la cámara lúcida de Mordzinski constituya una especie de lente a partir de la cual las letras de los escritores se vuelven más luminosas y vívidas. Y a propósito de textos y pretextos, muchos coinciden en ver a Francia, y sobre todo París, como una mujer tan seductora como histérica, esto es, en perpetuo movimiento. De la fiesta de Hemingway a las nubes de Baudelaire, París es también el sitio conocido de antemano, ya sea a través de los mapas de algún estudio porteño o de la infinidad de canciones, novelas y pinturas que, de alguna manera, le sirvieron en bandeja a Cortázar el pasaje que desarrolló en “El otro cielo”. Pero lo notable es que muchos escritores coinciden en que el imaginario parisino suele corresponderse armónicamente con la realidad que se evidencia ante cada visita al país del glamour. Y, por otro lado, Francia es también el lugar del regreso: porque cada foto tomada genera una sensación de déjà vu y, sobre todo, porque ahí la despedida es imposible.

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