libros

Domingo, 13 de junio de 2004

EL EXTRANJERO

el extranjero

TRANSMISSION
Hari Kunzru

Hamish Hamilton
Londres, 2004
288 págs.

Digámoslo así: Transmission es una novela que podría haber sido escrita a seis manos por Martin Amis, William Gibson y Salman Rushdie. Pero no: la escribió con su diestra y su siniestra –con fría destreza y glamorosa perversión– Hari Kunzru. Nacido en Londres en 1969, hijo de indio e inglesa, Kunzru conoció la fama instantánea cuando se hizo público el millonario adelanto por su primera novela –The Impressionist, 2002, traducida por Alfaguara– y, enseguida, recibió críticas resplandecientes y ganó premios y se la definió como la más grande novela en su tipo desde Hijos de la medianoche. Y, sí: The Impressionist era muy buena, cumplía con creces sus ambiciones de saga histórica y de versión alternativa del Raj en los ojos de Pran Nath, un personaje camaleónico –un poco Barry Lyndon, un poco Julien Sorel– viajando y transformándose a lo largo de esa picaresca y mítica ruta que va de Bombay a Oxford. Pero, también, hay que decirlo: The Impressionist era una movida ejecutada con gracia y talento pero, también, previsible.
Ahora, The Impressionist se vuelve todavía más meritoria a la luz de Transmission: una novela que no tiene nada que ver con la anterior y que convierte a Kunzru en un escritor todavía más atractivo y mucho más interesante.
Para empezar, Transmission no es imperial sino milenarista y está protagonizada por Arjun Mehta: un paradigmático nerd todavía virgen a los veinte años, reclutado por los caza-talentos de Silicon Valley, y dispuesto a ser parte del Sueño Americano como parte del equipo de cyber-coolies trabajando para la firma Virugenix. Algo no demora en salir mal, el sueño muta a insomnio y Arjun se convierte en tecno-terrorista al infectar la red con un virus bautizado como Leela en honor a Leela Zahir, su actriz favorita de Bollywood: ese Hollywood azafranado de películas con canciones y dioses y vientres danzantes. La maniobra de Arjun –que no es del todo malintencionada– acaba resultando en una de esas novelas sobre la dislocación del ser donde hay lugar para la sátira clasista y envenenada (Martin Amis), la psicosis del héroe tironeado por varias culturas y cultos al mismo tiempo (Salman Rushdie) y la denuncia sobre los peligros y las seducciones de una sociedad tecnificada (William Gibson).
Así, mientras The Impressionist –según propia confesión del autor– “era un juego donde los personajes eran grotescos y el protagonista no tenía ninguna vida anterior”, Transmission –novela hija de sus tiempos; a Kunzru se le ocurrió volando rumbo a EE.UU. el 12 de septiembre de 2002 en un avión de línea americana donde “todos me miraban raro, como si yo fuera la peor de sus pesadillas”– aspira a algo más. Y, de algún modo, lo consigue y, de paso, vence a ese abismo más característico de la música pop que de la literatura: cómo superar un primer disco de mucho éxito. Buenas noticias entonces. Kunzru –quien meses atrás se dio el lujo de rechazar el premio John Llewelyn Rhiz patrocinado por The Mail on Sunday, periódico al que considera perseguidor de las minorías étnicas– ha optado por el camino más difícil: cambiar para seguir siendo lo que ya era, un escritor con talento del que, de aquí en más, cabe esperar lo inesperado.

Rodrigo Fresán

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