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Domingo, 8 de enero de 2006

EL EXTRANJERO

Misterios florentinos

Magdalen Nabb es una inglesa que se fue a vivir a Florencia e hizo un buen negocio. Primero se dedicó a la cerámica. Después inventó una original saga de policiales que le gustaban al mismísimo Simenon.

 Por Sergio Kiernan

Hay una inglesa feíta y ya madura que es feliz. Magdalen Nabb cumplió uno de esos sueños de las películas de Ivory & Merchant: nació en un pueblito perdido pero encantador, en las tierras bajas de Lancashire, una marca registrada de ese provincianismo inglés tan pintoresco y pacato. Luego se hizo ceramista, dio clases, y en 1975 pegó el salto y se fue a vivir a Florencia, donde encontró taller y amigos en Montelupo Fiorentino, otro pueblito casi medieval en las afueras de la ciudad donde se sigue haciendo mayólica y cerámica como hace siglos. Magdalen encontró otra cosa en el cerro de los lobos. Encontró un policía simpático que le contó historias y le mostró la geografía más negra de la región.

Poco después, Magdalen se puso a escribir un policial a la manera de su admirado Simenon: negro pero no mucho, pulcramente realista, exacto en la descripción de crímenes e investigadores, con personajes tridimensionales y llenos de manías. Su héroe era un policía, el Marechale Guarnaccia, de la policía de Firenze, un eco del amigo de Montelupo. Death of an Englishman fue un éxito de crítica, le encantó a Simenon –que le mandó una entusiasta carta a la derretida Magdalen– y disparó una carrera nueva. La cerámica quedó de hobby y la inglesa pasó a ser parte del folklore de la ciudad del David y otros tesoros.

Magdalen Nabb es una estupenda escritora dentro de la fórmula que eligió, con algunos buenos trucos en la manga, como el de retacear a su personaje, que puede casi ni aparecer en la trama, y el de crear un verdadero segundo relato con la geografía y las personas florentinas. En Death in Springtime, el “Marshal” Guarnaccia casi nos desespera con su ausencia. El breve libro cuenta la desaparición de dos amigas, estudiantes de italiano y muy jóvenes, que son secuestradas de modo incomprensible. Una, noruega y de clase media, es liberada en shock para que transmita el mensaje de rescate de la otra, norteamericana y de padre millonario.

El caso lo llevan el marechale del pueblito donde aparece la noruega, el capitano del departamento central de Florencia y un subteniente joven que, descubriremos de a poco, es un pajarón.

Guarnaccia está ocupado desesperándose por un pobre infeliz al que no pudo salvar de una condena por homicidio, que sólo logró rebajar a quince años, y que de inmediato intenta suicidarse. El capitano se alegra de que el pueblito le caiga en la jurisdicción a la comisaría del Palacio Pitti, donde reviste Guarnaccia, policía jovato, experimentado, intuitivo y, hay que admitirlo, bastante lerdo a la hora de pensar. Por ahí anda revoloteando un nuevo juez de instrucción –refrescantemente, el sistema judicial/policial italiano es muy parecido al nuestro– que se dedica a comer de lo mejor, fuma sin parar y no jode la investigación.

Como sospechosos, Nabb recluta a los campesinos cerdeñeses que, según parece, pueblan las colinas que rodean a Florencia. La inglesa va mechando en la acción la historia de qué hacen los cerdeñeses en Italia –perdieron sus tierras y se instalaron en las que dejaron los muy enriquecidos campesinos florentinos, mudados a las ciudades– y por qué sus maneras hurañas, casi gitanas, hacen que se dediquen históricamente al contrabando, la venta de drogas y el secuestro minorista. La resolución del caso es perfectamente creíble, sobre todo porque se basa en el millaje de los policías que lo llevan y no en tonterías periciales. En el camino hay algún amor contrariado, mucha vida italiana, bastante violencia y un Guarnaccia que se disculpa porque no se le ocurre nada útil, hasta que se le ocurre.

Nabb tiene una segunda línea de libros infantiles (algunos editados en castellano por Siruela), pero aunque su sitio de Internet afirma que sus Guarnaccias están en nuestro idioma, resulta imposible rastrear una edición. La presente (Soho Crime series, 2005) pertenece a una notable colección que incluye policiales japoneses, americanos, chinos y holandeses.

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