libros

Domingo, 9 de febrero de 2003

EL EXTRANJERO

Nicholson Baker vuelve a las andadas

A BOX OF MATCHES
Nicholson Baker

Random House
Nueva York, 2003
178 págs

 Por Rodrigo Fresán

Nicholson Baker (Nueva York, 1957) es uno de esos contados escritores norteamericanos que parecen haber surgido de la nada, que no se parecen a casi nadie, que plantan su obra fuera de toda tradición y que empiezan y terminan en sí mismos. Más fácil de relacionar con la cultura europea que con el Made in USA –lo mismo ocurre con Steven Millhauser, otro investigador de la mecánica de la Creación y de las criaturas–, se podría decir que Baker es un clásico modernista o un modernista clásico.
Baker comenzó a construir su obra con dos libros brevísimos y difíciles de clasificar. La entreplanta (1988) y Temperatura ambiente (1990) no eran exactamente novelas, pero tampoco eran ensayos y parecían flirtear, de manera novedosa, con métodos empleados por Sterne, Nabokov y Beckett, Gaddis, Perec y –ya que estamos y tal vez por encima de ellos– Andy Warhol. El primero de los dos –apoyándose en un exhaustivo andamiaje de notas al pie, gracia que tiempo después adoptó David Foster Wallace, tal vez su discípulo más evidente junto al primer Richard Powers y al actual Dave Eggers– narraba con obsesión microscópica y telescópica al mismo tiempo lo poco y lo mucho que ocurre durante la hora del almuerzo de un oficinista buscando cordones para sus zapatos y elevando toda esta empresa a la categoría de odisea homeriana. El segundo llevaba el procedimiento todavía más lejos a la hora de la inmovilidad absoluta: 116 páginas para contar cada uno de los veinte minutos en los que el “héroe” le da la mamadera a su hijita.
Vox (1982) y La fermata (1994) elevaron a Baker a la categoría de best-seller del porno-pensante, convirtiéndolo acaso en el autor ideal para los tiempos sátiros y satíricos de Clinton: una conversación telefónica hot y la variación X de un episodio de Dimensión desconocida, donde el protagonista descubre el poder para petrificar el tiempo y tomar a las mujeres-estatuas por asalto (entre las que se cuenta la escritora Anne Rice, no está de más mencionarlo). Brusco giro de timón y en 1998 llegó La interminable historia de Nory. Novela con nena que nada tiene que ver con Harry Potter y que consigue un atendible milagro al elegir no reflexionar sobre la infancia para revelarnos, en cambio, algo mucho más apasionante y secreto: cómo reflexiona la infancia.
Por el camino, tres libros de no-ficción tan atípicos como sus ficciones: U & I (1991)
examinaba a fondo la casi patológica relación entre Baker y su ídolo John Updike; The Size of Thoughts (1996) se dedicaba, entre muchas otras cuestiones, a desentrañar el significado secreto de la palabra “trastos” a lo largo de 148 páginas; y Double Fold (2001, ganadora del Book Critics Circle Award) narraba con pasión casi paranoide la quijotesca cruzada de Baker contra las bibliotecas norteamericanas empeñadas en “hacer espacio” reduciendo publicaciones originales a microfilms para después quemarlas.
El recién aparecido A Box of Matches –sólo en apariencia– devuelve a Baker al principio de su camino. Otra vez, la autopsia del tiempo a través del cuento y recuento de una serie de madrugadas en las que el narrador -Emmett, un editor de textos médicos que no vacila a la hora de definirse como “un monstruo de exactitud”– se levanta antes que su familia,enciende el fuego con sucesivos fósforos de madera, se sienta a mirar el fuego. Y piensa.
Lo que piensa Emmett es mucho y nada –como en La entreplanta y Temperatura ambiente, Baker registra aquí sonidos mínimos, objetos casi invisibles por su función rutinaria– hasta que, descubrimos, lo que en realidad piensa Emmett es poco y es algo: Emmett piensa en la mortalidad como valor absoluto. Emmett –entre idas y vueltas– insiste en pensar cadáveres, funerales, situaciones que tienen lugar sobre la mesa del forense y, con una sonrisa cada vez más melancólica, en la eficiencia de las fantasías suicidas para conciliar el sueño. Así, mientras las primeras investigaciones de Baker eran sobre el mundo que nos rodea, A Box of Matches es una investigación sobre la vida a la que ese mundo rodea, convirtiéndolo en el libro más oscuro del por lo general optimista y luminoso Baker.
La caja de fósforos de Emmet tiene 33 fósforos y A Box of Matches –que traducirá y editará Alfaguara, como ya lo hizo con buena parte de la obra de Baker– consta de 33 breves e inmensos capítulos. Treinta y tres crepusculares amaneceres en los que entra el mundo entero, una vida completa, y la posibilidad cada vez más próxima, cierta e inevitable del final de todo.
Las últimas palabras del libro, “I was done”, que equivalen tanto a “Había terminado” como a “Estaba acabado”, nos alcanzan como una de esas corrientes de aire gélido colándose por una puerta entreabierta, haciéndonos pensar que ahora que a Emmett se le acabaron los fósforos para encender, lo más probable es que, tal vez, seguro, empiece a buscar cosas para apagar. Y que es una suerte el no estar allí para verlo y leerlo. Por el camino, tres libros de no-ficción tan atípicos como sus ficciones: U & I (1991)
examinaba a fondo la casi patológica relación entre Baker y su ídolo John Updike; The Size of Thoughts (1996) se dedicaba, entre muchas otras cuestiones, a desentrañar el significado secreto de la palabra “trastos” a lo largo de 148 páginas; y Double Fold (2001, ganadora del Book Critics Circle Award) narraba con pasión casi paranoide la quijotesca cruzada de Baker contra las bibliotecas norteamericanas empeñadas en “hacer espacio” reduciendo publicaciones originales a microfilms para después quemarlas.

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