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Domingo, 23 de marzo de 2003

EL EXTRANJERO

EL EXTRANJERO

The Journals of Mary Butts
Nathalie Blondel (ed.)

Yale University Press
New Haven, 2002,
500 págs.

El diario íntimo es una práctica sigilosa, altiva, muy propicia para la vida en una isla. El “libro de la almohada” de la novelista inglesa Mary Butts (1890-1937) es un paradigma de la especie y nos hace testigos de un verdadero torneo de famas. Allí deambulan sus admiradores Virginia Woolf y Marianne Moore, Ezra Pound y Ford Madox Ford. Los acreditados extras Aldous Huxley, Aleister Crowley y Man Ray. Y su amigo, el ubicuo Jean Cocteau, con quien compartía una religión privada: el opio. “Siempre hay un momento en que nuestros amigos son buenos, mejores de lo que ellos mismos saben y, me gusta pensarlo así, en el que son su yo más verdadero”, apunta esta devota de lo oculto, sombra gemela de Anna Kavan y Jane Bowles.
El diario es también crónica de viajes. Mary Butts saltaba de Londres a París y de allí a la Costa Azul –su Peloponeso– con la desenvoltura de alguien decidido a quemar las naves de lo heredado pero no sus favores. Su apellido aparece por primera vez en una pieza de Shakespeare, y entre sus antepasados se encuentra el mecenas de William Blake. El padre murió joven y la madre remató los Blake y la venerada casa de infancia en la región de Dorset que le había encomendado un destino, “la suerte cuyo verdadero significado tiene que ver con la gracia”. Entre la primera y segunda guerra, Butts pasó de una fiesta a la siguiente y de una sustancia a otra y hoy fuerza la pregunta clave de todo cuaderno de bitácora: en qué momento escribía lo que no fuera el diario. Es decir, lo mejor de su obra, novelas como Armed with Madness y Ashe of Rings. Libros que cuentan con una maestría magnética encuentros iniciáticos y búsquedas del Grial de la mano de personajes fugados de El gran Gatsby.
Estos Journals recorren más de veinte años y lo sondean todo. La expectativa del ánimo favorable, la estrella oportuna de la escritura: “¿Puedes sentir cómo el tiempo se hace sonido y lo oímos y estamos fuera de él?”. La entrada de las lecturas al sistema nervioso: “El arte logrado es así: una asimilación completa, renacida como otra cosa”. El pasaje del afecto a la ficción: “Transmitir no sólo lo que he visto o a medias adivinado, sino también la exquisita sutileza de su modo de ocurrir”. Las efemérides como laboratorio casero: “Toda la vida es una continua liberación de la energía vital de las fuerzas que la inhiben”. Las napas subterráneas del estilo: “Un estado, una claridad del otro lado del perdón”. La fragilidad y constancia de una identidad: “Uno no descubre fácilmente aquello que no ha perdido”.
Mary Butts adoraba el movimiento del caballo en el ajedrez y su prosa elíptica y alambicada siempre trabajó el abordaje oblicuo, el ritmo y ángulo de la percepción. En los últimos años, la editorial McPherson & Co de Nueva York publicó una deslumbrante biografía de Nathalie Blondel y relanzó el resto de su obra: Death of Felicity Taverner, los cuentos de From Altar to Chimney-piece y las novelas históricas The Macedonian y Scenes from the Life of Cleopatra. Celosa diarista, isleña esmerada, Butts pasó sus últimos años cerca del mar, en Cornwall, al extremo suroeste de Inglaterra, fiel a simples observaciones como ésta: “La nieve que caía era miles de abejas blancas y silenciosas”.

Matías Serra Bradford

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