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Sábado, 16 de septiembre de 2006

LA MúSICA QUE CANTARON, SILBARON Y BAILARON LOS PORTEñOS

En el Museo de la Ciudad

El Museo de la Ciudad está festejando sus 38 años con una muestra permanente –afiches, puertas y objetos culinarios de su colección– a la vez que acaba de inaugurar otra de sus exposiciones temáticas. “Fonógrafos, radios y discos, la música que cantaron, silbaron y bailaron los porteños” tiene el humor al que ya nos tiene acostumbrados el Museo fundado por José María Peña en 1968, y una notable colección de aparatos musicales que van de lo insólito a lo reciente.

La muestra arranca a fines del siglo XIX con algunas máquinas realmente antiguas, pasa por las primeras muestras de electrotécnica y se detiene hacia 1960, con los combinados y los Wincofones. Hay joyas como una máquina grabadora de discos analógica, de las que literalmente “grababan” el sonido en un disco de metal blando, y varias máquinas para reproducir y grabar en cilindros de cera, la primerísima tecnología comercial. Y también un “combinado” que reúne televisión blanco y negro, tocadiscos de 33 rpm y radio.

También hay una suerte de historia de la radio, con aparatos que van de lo catedralicio –gabinetes enormes y con toques arquitectónicos– a las primeras semitransistorizadas, lo que equivale a un viaje de la madera al plástico pasando por la baquelita. Para los más jóvenes hay artefactos “históricos” como los discos simples, muchos con sus sobres de papel originales, e incontables partituras de la época en que en cada casa había un piano y alguien que sabía usarlo.

Como siempre, una visita a este Museo encantador tiene el placer agregado de recorrer sus dos casas interconectadas. Entrando por la Casa de los Querubines, sobre Defensa, se pueden ver la reconstrucción de un pacato escritorio de principios de siglo y de un dormitorio bellamente Art Nouveau, con una notable cuna, y parte de la formidable colección de juguetes del Museo. Por ahí nomás se pasa a la vieja sede, sobre la Farmacia de la Estrella, donde está la muestra temática. Es una de esas viejas viviendas que dejan al porteño del siglo XXI envidiando a sus bisabuelos, que podían vivir en semejante calidad de arquitectura. El museo que dirige Eduardo Vázquez hasta comenzó a dar clases de tango todos los jueves, usando grabaciones originales de época para enseñar los diversos estilos.

Museo de la Ciudad, Defensa 223, casi esquina Alsina. Informes al 4331–9855. Abierto todos los días de 11 a 19. Entrada, un peso; los miércoles, gratis.

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