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Sábado, 3 de noviembre de 2007

NOTA DE TAPA

El futuro es hoy

Luciana González Franco y Cristian Mohaded se abren camino vertiginosamente en el mundillo design ganando todos los concursos a su paso. Living Simplicity - Premio Vico Magistretti es el último y les llegó hace una semana en Milán.

 Por Luján Cambariere

En los últimos meses, todos los concursos de diseño los tienen como protagonistas. La mayoría de los locales (Siderar, Presentes, Museo de Arte Decorativo) y hasta internacionales (Designboom, Lápiz Amarillo). Si no es el primero, es el segundo lugar; lo cierto es que nunca se van con las manos vacías. De hecho, tan vertiginosa se ha vuelto la seguidilla de galardones que, estando en el podio de uno, casi simultáneamente, se enteran de que han recibido otro.

Hace una semana llegaron de Milán, donde Maddalena De Padova, reina de un imperio, marca emblemática del diseño internacional, les daba el segundo premio nada más ni nada menos que en concurso en honor a un grande: Vico Magistretti y su simplicidad. Living Simplicity in Furniture Design, un valor en alza que acompañó al maestro en toda su labor profesional y que parece ser también el don de esta dupla que a fuerza de frescura, rigor y sensibilidad se abre paso en la escena design antes de tener su título en mano.

Juntos son dinamita, aunque sus personalidades sean pura tranquilidad y dulzura. Luciana González Franco (26) y Cristian Mohaded (27) se conocieron en la Universidad Nacional de Córdoba. Luciana era de Buenos Aires, pero viajera itinerante desde los dos años por el trabajo de su papá. Y Cristian, un catamarqueño que llegó a la ciudad de Córdoba para estudiar. Ninguno de los dos tenía muy clara la elección de diseño industrial; de hecho, varias veces, cuentan, pensaron en abandonar hasta que en tercer año se empezaron a enganchar. Amigos en común y una inclinación por la gráfica los puso en contacto y empezaron a trabajar juntos, hasta el día de hoy de manera informal, sin dudas la más genuina de todas, signada por la afinidad personal.

“La simplicidad es una cualidad esencial del buen diseño y una de las cosas más complicadas de la vida”, expresaba Magistretti. Y no se equivocaba. En un mundo tantas veces banal, superfluo y excesivo, llegar a la simpleza es hoy más un camino que un inicio. Como también aclararía a su tiempo el maestro: “Uno tiene que quitar y quitar”. Pero así, según él, los productos obtienen un carácter distintivo. Un gesto, una señal que los hace únicos.

Justamente esto es lo que parece que les premian, desde el inicio de este camino recorrido a través de los concursos, a esta dupla de jóvenes estudiantes. Desde la primera apuesta juntos, las tarjetas de Navidad Blup que se alzaron con el primer premio del Concurso Nacional Hospital Garrahan, hasta el ahora multipremiado Teo –segundo premio del Premio Vico Magistretti Living Simplicity organizado por De Padova junto al portal Designboom en Milán; finalista In Book del D & AD Global Student Award 07 en Londres y Mejor mobiliario de los Premios Presentes 07, en Buenos Aires. Un simpático banquito de cartón fibra industrial recubierto en cuero reconstituido o PVC que seduce por eso: su simpleza. “Teo es el resultado de un proceso de experimentación. Se trata de un banco individual desplegable que se estructura por medio de broches a presión ubicados en su base. A partir del trabajo de una lámina de material flexible surgen líneas netas, pero a la vez ligeras, que denotan sencillez y economía de recursos”, señalan.

Y recientemente, el primer premio de la categoría estudiantes del Ternium Siderar de Diseño en Acero ‘07 por la biblioteca Rietveld. Una pieza modular de líneas netas y ligeras que surge a partir del trabajo con el material desde sus posibilidades estructurales, teniendo en cuenta el máximo aprovechamiento del mismo. “Modulable y combinable, este producto se orienta tanto al ámbito doméstico como a espacios de trabajo. Se trata de un producto de bajo costo y simple montaje, obtenido por punzonado interno y corte láser de una lámina de acero prepintado de 50x25 cm de 3 mm de espesor. Lleva un burlete de goma en el canto inferior interno, que sirve de superficie antideslizante y evita dejar marcas. El carácter laminar optimiza las fases de almacenamiento y transporte desde los puntos de venta, haciéndolo asimismo un producto con amplias posibilidades de exportación”, aclaran.

De cosecha personal, además, González Franco ostenta el segundo premio del Concurso Museo Nacional de Arte Decorativo Banco Galicia - Rediseñando un Mueble de Epoca por Floue, un abordaje muy original a partir de una silla de viaje (“Floue plantea una actualización de materiales y procedimientos, generando a partir de elementos no tradicionales una lectura diferente del objeto. Se desplaza el interés por el aspecto utilitario, abriendo la mirada hacia un universo más vasto, tomando como forma base la sección longitudinal del mueble original [generatriz], dando lugar a un espacio impreciso, paradójico: simple/complejo, estático/dinámico”, detalla).

Mientras que Mohaded fue 2º Premio “La Silla Latinoamericana” de Puro Diseño (2006) y finalista Premio Movelpar (2007) en Brasil por el banco mecedor Gula (diseñado junto a Ernesto Torriano); finalista del Premio Movelpar 2007 por la Biblioteca modular G.A.P.; mención Honorífica Fedema 2006 por el banco Bois y mención especial en el Premio Ternium Siderar de Diseño en Acero 07 por la lámpara Volta, entre otros.

–¿Cuál fue el primer proyecto de la dupla?

Luciana González Franco: –Las tarjetas de Navidad para el Hospital Garrahan, cuando estábamos haciendo Diseño 4 juntos. Nos divertíamos bastante con el tema de la gráfica, el armar los paneles, las presentaciones, compartíamos eso. Entonces se dio la posibilidad de participar del concurso y fue muy cómico porque sacamos cuatro tarjetas en una noche. Una ganó el primer premio y otra, una mención especial. Las hicimos bien naïf pensando que era un hospital para niños. La idea era que los animalitos hablaban entre ellos. Por ejemplo, un pez que en el fondo del mar enviaba: “Saludos desde lo más profundo”.

Cristian Mohaded: –Más allá de ganar un premio o la plata, la satisfacción máxima fue que las editaran.

–¿Qué los movilizó a unirse?

C.M.: –Que nos entendíamos conceptualmente. Los concursos eran y son para nosotros como un cable a tierra de lo que hacíamos todos los días. Tenían que ser desafíos que pudiéramos resolver rápidamente y de manera práctica.

L.G.F.: –La idea de las tarjetas surgió en un colectivo. Cuando llegamos, nos pusimos a trabajar y las sacamos. Después, en cuarto año, empezamos con los trabajos de tesis también juntos. Pero yo me fui a Luxemburgo y a París, así que empezamos vía mail y teléfono. El tema es que antes de volverme dejé mi dossier en una escuela de diseño, la Ecole Nationale Supérieure de Création Industrielle y a los tres meses, ya en la Argentina, me dijeron que estaba aceptada, así que me volví a París por un año.

C.M.: –Mientras ella estuvo allá, yo empecé con otros concursos como Heineken, Puro Diseño o Fedema. El tiempo libre era una posibilidad de probarme.

–¿Cómo reanudan la apuesta juntos?

L.G.F.: –Yo vuelvo de París en febrero de este año, pero él se va a Milán porque ganó otro premio que le daba esa posibilidad.

C.M.: –Igual, de febrero a abril, esta vez en el recreo de otra materia que teníamos que dar (Teoría), nace Teo. Queríamos que fuera algo práctico de hacer, que nos diera una respuesta rápida en el tema producción. Que fuera económico, para facilitarnos el tema del emprendimiento sin costo, ni tiempo, ni inversión. Surge la posibilidad de participar en el Lápiz Amarillo D & AD Global Student Award 2007 Furniture Design Vitra Home y nos mandamos. Así comenzamos a experimentar con cartón, investigando las posibilidades estructurales que surgían con este material de bajo perfil, dándole otro valor desde el diseño. Luego, en combinación con otros materiales, buscamos alternativas de colores y texturas.

L.G.F.: –Por mi parte, a la vez, en mayo, hice el workshop Satorilab Malba Niños. Un viernes, después de terminarlo, estaba tan triste y nostálgica porque había sido una experiencia increíble y dije ‘bueno, quiero entregar algo’, e hice lo del Museo de Arte Decorativo en un fin de semana. La consigna era rediseñar un mueble de época. Como a mí en realidad no me gustaba ninguno, elegí una especie de silla de viaje, tomé el perfil, lo trabajé de forma sistemática y lo iba rotando. Lo mandé, les encantó y lo tuve que producir. Igualmente, legado de la experiencia Satori, lo había pensado en tubos de polipropileno, materiales de la construcción, simples y a mi alcance, así que lo pude producir en unos días yo misma. Lo mandé y ganó el segundo premio.

–¿Cuál es el rol de cada uno?

C.M.: –Los dos hacemos todo juntos. Es como jugar, nunca es un camino recto. Teo fue absolutamente un juego con papeles. Creo que no hay ni dibujos de él. Y ahora pensando, el nombre Teo fue más que nada por la materia que estábamos estudiando, teoría. Porque en un principio le íbamos a poner Gaspar por el fantasmita, pero lo mirábamos y no tenía cara de Gaspar. Esas son otras cuestiones que nos divierten.

L.G.F.: –Igualmente, si bien los dos hacemos todo, por lo general para dibujar es mejor él. Yo soy más de las maquetas y papeles.

–¿Después del premio Presentes... Designboom?

C.M.: –Sí, era una especie de homenaje a Vico Magistretti organizado por el portal Designboom y la firma italiana De Padova junto a la que él había trabajado tantos años. Presentamos a Teo y la verdad que nos olvidamos. Al mes nos escriben que habíamos quedado entre los 140 preseleccionados de 5400 diseñadores de 98 países. Ahí mandamos fotos en alta y de nuevo nos olvidamos hasta que recibimos un mensaje de que habíamos ganado el segundo premio.

–¿Cómo fue la experiencia de viajar a recibir un premio en la cuna del design?

L.G.F.: –Increíble. La entrega de premios fue en el showroom de De Padova, lleno de periodistas, diseñadores. Estar con ella, Maddalena, que es algo así como la reina de Milán, y con otros popes fue increíble.

–¿Qué les señalaron de su diseño?

L.G.F.: –Básicamente, que estéticamente es muy agradable. La líneas son simples, parecen una esculturita, nos decían. Y a la vez tienen mucha presencia.

C.M.: –Yo le pregunté a Patricia Urquiola, jurado y una de mis diseñadoras favoritas, qué le había parecido y me respondió diciendo que “es lo que es”. “No me tengo que hacer problema por lo que la gente opine y si te querés quedar tranquilo –me dijo–, supimos que era uno de los ganadores desde el principio. Tiene presencia.”

L.G.F.: –Además, el tema del transporte, eso que se desarme al ser laminar, es importante por el tema exportación.

C.M.: –En Teo hay una búsqueda de ver hasta el mínimo detalle. Yo siempre me manejo con que haya un gesto en cada pieza. Me parece que ellos distinguen, identifican al objeto. En Teo es esa luz y sombra, ese vacío que se genera en sus pliegues. Esa seña particular qué él tiene, como tenemos cada uno de nosotros.

L.G.F.: –Todos decían “molto carino”, muy bonito.

–¿Y ustedes, a qué le acreditan su éxito?

L.G.F.: –Yo creo que es porque hacemos lo que sentimos.

–¿Y el trabajar en equipo?

C.M.: –Funciona porque nunca discriminamos qué puso cada uno. Yo trabajé en grupo con otra gente y los problemas surgieron justamente cuando empezamos a ver qué pata de la silla era de cada uno.

L.G.F.: –Los dos sabemos que estamos poniendo lo mejor de cada uno.

–¿La formación de la Universidad de Córdoba tiene algo que ver?

L.G.F.: –Seguro que sí, salen muy buenos profesionales de allá. Sobre todo porque siempre te están haciendo cerrar el producto. Pensar el concepto y la producción.

–¿El producto para Siderar también se sustenta en la simplicidad?

C.M.: –Y en la economía de recursos. Sabíamos que queríamos hacer desde el principio una biblioteca modular mediante una lámina en acero. Simplemente se calan los marcos, uno dentro del otro, para usar a full el material, lo plegás y ya. Ahí dicen que premiaron simplicidad, aprovechamiento del material y, de nuevo, que es eso: una biblioteca. Nada más.

–¿A futuro?

L.G.F. y C.M.: –Ahora, ya, terminar la tesis. Después ya veremos donde nos lleve el viento.

Luciana González Franco: [email protected]
Cristian Mohaded: [email protected]

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