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Sábado, 10 de mayo de 2008

PREMIO OBJETO BRASILEIRO

Buenas prácticas

Para el lanzamiento del Premio Objeto Brasileiro, la curadora Adelia Borges organizó en San Pablo una exposición retrospectiva de objetos de la producción artesanal nacida del vínculo con el diseño. Cerca de 20 objetos de los proyectos más emblemáticos desarrollados en Brasil en las últimas dos décadas.

 Por Luján Cambariere

Tal vez con la intención, siempre didáctica ella, de responder a la pregunta recurrente por los mejores ejemplos de diseño y artesanía, decidió encarar recientemente en el Instituto Tomie Otake en San Pablo una muestra que los contenga. Nos referimos a Adelia Borges, curadora de la exposición que reunió en un mismo tiempo y espacio algunas de las mejores prácticas –en un país que por otra parte es referente–. “Esta exposición tiene como objetivo presentar ejemplos de lo mejor que se ha hecho de la unión de la artesanía con el diseño en Brasil. Es una selección pequeña, pero representativa de un movimiento que aproximó dos campos que hasta entonces vivían separados trayendo beneficios para ambas partes. Las piezas fueron elegidas por criterios estéticos pero sobre todo éticos, en la medida en que son ejemplos de un tipo de aproximación respetuosa entre diseñadores y artesanos que ha llevado a una mejoría integral en sus vidas”, señaló Borges.

Muchas otras existen, y a ellas va dirigido el Premio Objeto Brasileiro lanzado en oportunidad de la muestra. Ambos por iniciativa de la institución paulista A CASA Museu do Objeto Brasileiro, que este año cumple diez años dedicados a la valorización, reconocimiento y revitalización de la producción artesanal brasileña contemporánea. Cerca de 20 piezas que encierran en sí mismas los diálogos, trocas al decir portugués, de estos nuevos escenarios donde el diseño no sólo proyecta objetos sino, y fundamentalmente, tiende puentes.

Y los nominados son...

Por supuesto, entre los que no podían faltar, Artesol, organización social brasileña con certificado Ifat de Comercio Justo, con el proyecto de la Asociación de Artesanos de San Vicente de Paula en Parnaíba (coordinado por Jacqueline Soares y con consultoría de Ana Márcia Moura). Utilitarios en carnauba, fibra obtenida de un tipo de palmera (del estado brasileño con mayor diversidad de ellas) para las que usaron los trenzados típicos pero en nuevas tipologías –centros de mesa, cestos, platos de sitio y bandejas–.

Otra que no podía faltar, por ser pionera en este tipo de acercamientos, fue Heloísa Crocco, con uno de sus primeros proyectos con team de lujo –José Alberto Nemer, Marcelo Drummond y los artesanos de Ouro Preto–. Un programa de revitalización de la artesanía a través de la piedra jabón (pedra sabão) y de la cestería, del que ya dimos cuenta en este suplemento. Detalles de la arquitectura de la ciudad y las obras de Alejandrino sirvieron de base a partir de los cuales desarrollar nuevos diseños. Objetos artesanales con un nombre, marca y embalaje propios, procedimientos hasta entonces inusuales en el sector de la artesanía. “Llevar a los artesanos a ‘lavar sus ojos’ para poder ver el lugar donde viven como si fuese la primera vez y así ser capaces de rescatar la riqueza que hay a su alrededor” es una de las etapas de la metodología que tiempo después desarrollarán a través del Laboratorio Piracema, equipo multidisciplinario capitaneado por la dupla Crocco-Nemer, de la que dio el presente el trabajo realizado en Inhamuns con la Asociación de Artesanos de Tauá y el Sebrae. Una colección de almohadones inspirados en la riqueza de las formas y colores de las casas de las artesanas de la región. “Cada una diseñó su casa, y de ese poético registro resultó la colección”, detallan.

Otro de los referentes femeninos y mayor promotora del sector, la arquitecta Janete Costa, con enseñanzas que hoy ya son tomadas por nuevas generaciones que apuestan a estas experiencias como la de “interferir sin herir”, participó con las luminarias realizadas en Riacho das Almas, en su estado natal, Pernambuco.

Del lado de los designers textiles y de moda, no podían faltar dos de los profesionales que con su enorme sensibilidad han hecho de las más bellas apuestas. Uno de los principales nombres en la revitalización del artesanato brasileño: Renato Imbroisi, quien con trabajos en varias regiones expone en la muestra el proyecto de tejidos en el que trabaja desde el ’86 en el poblado de Muquém, en el municipio de Carvalhos, en el sur de Minas Gerais. Gracias a sus talleres, las artesanas involucradas pudieron diversificar su producción antes restringida a mantas, incorporando diversos diseños de chales, bolsas e individuales. Además de mejorar la calidad de su producción a raíz de la sustitución de telares antiguos muy chicos por otros más largos, la incorporación de otros materiales (fibras vegetales o retazos de tela) y técnicas como el croché. Imbroisi logró garantizar la compra de los productos en negocios de todo el país, con lo que el número de artesanas involucradas hoy asciende a setenta. Debido al éxito de sus intervenciones, Renato fue invitado a trabajar recientemente en Mozambique. Allí, a través del programa Maciene, en la provincia de Xai Xai, en el sur de Africa, trabajó recientemente con fibra de banana, fibra de cajú y descartes para producir collares, y con lo extraído del cajú, teñir tejidos de las formas más diversas. Mientras que el reconocidísimo diseñador de indumentaria minero, Ronaldo Fraga, estuvo presente a través de trabajos que desarrolla con artesanos de las regiones de Divinópolis, Salinas y São João Nepomuceno, con los que se centra, al igual que en sus colecciones, en ahondar en la identidad, en este caso de cada región a través de su paisaje natural o arquitectura.

Dar un uso innovador a las técnicas o materias primas, mejorar la calidad de la producción, generar una identidad visual o un packaging, pero sobre todo abrir el juego a nuevas posibilidades –tan necesarias en nuestra región– son algunos de los frutos de estos nuevos escenarios. “Al contrario de otros países en que el diseño se desarrolló a partir de las habilidades y tradiciones artesanales (Italia y Japón), en Brasil y otros países latinoamericanos estas dos actividades siempre vivieron en mundos separados, situados en campos hasta opuestos. Seguramente, porque el origen de la enseñanza del diseño en nuestro continente enfatizó la corriente internacionalista, que resaltó las formas estandarizadas, originando un verdadero divorcio entre design y artesanía. Pero desde los ’80 esta oposición está dando lugar a este acercamiento. No más versus entre uno y otro campo. Hoy se trata de sumar. Esta exposición pretende mostrar algunos marcos significativos del resultado de esta aproximación”, remata Borges.

www.acasa.org.br

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