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Sábado, 22 de enero de 2011

Lo que pasa en Corea

Capital del diseño 2010, Seúl se erige como nuevo destino de diseño y proveedor de nuevo talento. Invitada varias veces, la editora de moda Simona Martínez Rivero cuenta su experiencia.

 Por Luján Cambariere

Corea está en la mira. Los más recientes concursos de diseño tienen a sus jóvenes postulantes entre los principales ganadores, así como muchas muestras alrededor del globo, posicionándose en el mercado mundial como unos de los países más prometedores. A fuerza de decisión y políticas de Estado, además de una mayor apertura de la sociedad, comienzan a trascender el Made in Korea que conocíamos hasta ahora y a jugarse por propuestas que abrevan muchas veces en sus tradiciones pero siempre reversionadas.

De hecho, el pasado 2010 fue el año de Seúl como capital de diseño y por eso se convirtió en punto de encuentro de los compradores internacionales más exigentes y de la prensa internacional. De este lado del planeta fue invitada especialísima en varias ocasiones Simona Martínez Rivero, reconocida editora de moda que publicó sus ensayos fotográficos como productora de moda en medios nacionales e internacionales. Realizó sesiones fotográficas y crónicas de moda en Nueva York, San Pablo, Río de Janeiro, Colombia, Londres, Los Angeles, México, París, Madrid, Barcelona y Milán. Como productora ejecutiva coordinó dos ediciones de Malbamoda, Panoramix en Fundación Proa y la presentación de Fashion now! de Taschen en Argentina. Actualmente prepara el lanzamiento de www.edicionremota.com, Casa Editorial de fotografía contemporánea), nos cuenta esta nueva realidad de primera mano.

–¿Por qué Corea?

–Me contactan en el 2008 porque iban a proclamar a Seúl, capital asiática del diseño en el 2010. Y entonces tenían programadas varias estrategias con el fin de promocionarlo a todo el mundo como el Prada Transformer, una de las primeras acciones, que consistía en una estructura desmontable enorme proyectada por Rem Koolhaas donde pasaban un montón de actividades culturales. Ahí Seúl empezaba a entrar en el escenario internacional. Yo nunca había estado en Asia, en lo personal, tenía un desconocimiento total acerca de Corea. Y la primera vez, tuve la oportunidad de viajar al Seúl Fashion Week 2008.

–Ir a Corea debe ser impactante...

–Una locura total. Primero por las 30 horas de viaje gracias a las que llegás con un jet lag que no ves. Más allá del idioma, que es absolutamente incomprensible, y los ideogramas, las proporciones de las cosas, los planos de los lugares son muy diferentes de como estamos habituados a movernos en Occidente. Tenés que usar la percepción en su totalidad. En Seúl la gente en la calle habla poco inglés, así que hay que habituarse rápidamente al GPS. Tienen una evolución impresionante. Un nivel de detalle y de respeto por el ambiente muy impactante. Tratan de que sea todo orgánico, está muy estimulado el tema del reciclaje de la basura. En las farmacias muchos productos están hechos a base de ginkgo Biloba, té verde, ginseng. Son muy cuidadosos en ese sentido, un espíritu de país recuperado recientemente luego de varias ocupaciones y una gran guerra. La mayor parte de la ciudad esta reconstruida y es gigante, atravesada por un río que se cruza por doce puentes diferentes. Aunque todavía permanecen intactos y de uso cotidiano en el barrio de Kungu-Ju, los hanok, la vivienda tradicional coreana construida a base de madera, paneles de papel de arroz y tejas de barro.

–¿Y el diseño empieza a florecer?

–Fue una decisión política de apuesta y también de apertura de la sociedad. Las carreras tradicionales dejaron de tener la presión familiar y empezaron a optar por otras como la moda, el diseño y la fotografía, que también evolucionó un montón en los últimos años. Por ejemplo conocí el trabajo de Park, fotógrafa y directora de cortometrajes que refleja con ironía y elegancia los cambios del paisaje urbano y socioculturales que atraviesa la gente de entre 25 y 30 años en Corea del Sur.

–¿Vos fuiste a cubrir el Fashion Week?

–Sí, tienen un nivel de producción muy alto. Es una semana larga donde hay 50 diseñadores que participan entre los cuales hay muchos jóvenes interesante. Sobre todo la moda masculina es muy original. Trabajan sobre la revisión de cortes tradicionales, aquimonados, envolventes y pantalones sarouel basados en la vestimenta tradicional. En la mayoría de las propuestas escénicas aparece esa sensación de que el mundo se está por acabar, dark o que un mundo se está recuperando permanentemente de hecatombes. Dentro de las femeninas hay dos que me encantan. La diseñadora Imseonoc, en sus comienzos vestuarista de teatro y danza, que en uno de sus últimos shows, Creando tu propio funeral, conceptualizó creencias culturales propias mediante un estilo híbrido mezclando prendas en tonos blanco y negro, para rescatar lo positivo del ritual, según sus palabras. Ella trabaja con paper touch, colores característicamente coreanos: el verde agua, rojo, blanco y negro. Con mucha referencia al manga y al teatro noh. Y el otro que me atrae es Kaal E. Suktae, arquitecto, que explora básicamente la conjugación entre el potencial tecnológico del material y las formas futuristas: puntas, hombros marcados, plegados. Su última pasarela fue en el espacio Mue, la tienda con la mejor selección de etiquetas de moda, que fue construido por el estudio coreano de arquitectura Mass.

–¿En diseño de producto?

–La revelación es un joven diseñador llamado Kwangho Lee. El cuenta que se crió en el típico paisaje rural coreano y por eso a partir de objetos e inspiraciones cotidianas de la naturaleza diseña y realiza sus muebles y luminarias. Tiene muchas experimentaciones con mangueras de riego, sogas y tubos de PVC, como la Obsession Series, muebles de cartón y papel, telgopor y del junco que se levanta en las plantaciones de arroz. Mi favorito: los sillones, los Styrofoam Sofa, hechos con espuma de poliestireno cortada con alambre caliente, lo que determina una superficie rugosa muy trabajada.

–¿Lugares de diseño destacados en la ciudad?

–Buena parte de la ciudad podría funcionar como el set perfecto para una producción de moda con espacios urbanos como el Museo Samsung Leeum, en el barrio de Hannam-dong, flanqueado por el principal río de la ciudad, el Hangang. Se divide en tres partes que fueron diseñadas por tres grandes arquitectos internacionales: el Museum 1 por Mario Botta, que alberga la colección de arte tradicional coreano; el 2 por el arquitecto Jean Nouvel, que contiene la colección de arte contemporáneo, y la tercera fracción del complejo, obra del holandés Rem Koolhaas. Otro sitio impactante es la galería de arte Platoon Kunsthalle, construida a base de contenedores, por donde pasan miles de eventos y actividades. Y el Complejo Cultural Kring, diseñado por la firma de arquitectos coreanos Unsangdong Architectos. Un edificio revestido en acero con varias formas circulares insertadas en la fachada para las ventanas y aperturas y en su interior una pasarela cilíndrica conecta varias zonas del complejo.

–¿Otras curiosidades?

–La belleza de las mujeres. Usan la BB Cream, una crema hecha a base de colágeno, protector solar y pintura blanca de kabuki, que deja la piel como porcelana. También los baños de vapor que hay por toda la ciudad, van hombres y mujeres a embellecerse, a relajarse, diariamente, los Jjimjilbang. Allí podés pasar la noche e incluyen karaokes, baños de vapor de jade, camas de sal caliente, piletas de carbón de agua helada, por la módica suma de 5000 wones, menos de 5 dólares.

–¿Otras características?

–Casi la mejor indumentaria la ves en la calle, más que en la pasarela. Hasta la ropa de trabajo es interesante: mamelucos XL de jean con aplicaciones de bandas flúo o los uniformes de colegio al mejor estilo Sailor Moon, o los hábitos budistas marrón caqui que pueden conseguirse en las tiendas del barrio JonRo-Gu o los increíbles Hanbok, vestidos de shantung de seda salvaje que pueden encontrarse en el mercado de Kwang Jang.

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