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Sábado, 21 de julio de 2012

OPINIóN

Una pérdida para el patrimonio porteño

 Por Susana Rinaldi *

Tuve un maestro de teatro, Antonio Cunill Cabanellas —sin duda, el padre del teatro nacional— a quien el amor profundo que sentía por la Argentina y sus circunstancias lo llevaba a opinar sin miedo a ser juzgado por extranjero. Demasiado había ofrecido a la cultura de nuestro país para ser señalado por una inmiscuición, como diría Cortázar, indebida. A fines de 1959, con la franqueza que lo caracterizaba, nos dijo a sus alumnos de teatro, en relación a las aberraciones que sufríamos, una frase que quedó fijada para siempre en nuestros comentarios: aseguró que el nuestro es el país del dedo en el traste. Como era catalán, exactamente dijo: “el país del dedo en el culo”, cosa que no me atrevo a decir por mí misma para que una vez más algún mal pensado diga que soy una persona altisonante.

¿Por qué traigo a colación de mi relato este anticipo? Porque en más de una oportunidad esta frase vuelve a mí como un cachetazo al plexo. Como me ocurrió el sábado, al leer e instruirme, gracias a Sergio Kiernan en m2, sobre desaciertos y deterioros edilicios que —entre otros— sufre nuestra Ciudad Autónoma de Buenos Aires. (No sabrá Sergio Kiernan, desde que soy diputada, las cosas que me ha ayudado a comprender y a valorar desde sus escritos...)

En ocasión de estar presa entre pañoletas y aspirinas, tratando de zafar en mi casa de una gripe desatada finalmente, me entero de un hecho sucedido en mi ausencia en la Legislatura que provoca, por lo menos, tristeza y desconcierto. Me refiero a lo ocurrido en la persona de Mónica Capano; quien, de la noche a la mañana, pareciera ser, quedó sin el lugar –que, doy fe, tenía por ganado en buena ley— en la Comisión para la Preservación de Patrimonio Histórico y Cultural.

Hace mención Kiernan al jefe de área de Planeamiento Urbano, Antonio Ledesma (estoy esperando que me responda por la casa de Alfonsina Storni desde el 14 de diciembre de 2011), quien, sin estar comprometido en la negociación, al parecer, bendice estas maniobras.

Es mi único deseo testimoniar el profundo reconocimiento que siento por la licenciada Mónica Capano, quien ha sabido responder a mis demandas y desvelos en relación a las “desatenciones” que la ciudad recibe en los distintos rubros urbanísticos, y que ha comprometido su palabra y su accionar para encontrar respuestas y posibles formas de hacer frente a los múltiples avasallamientos.

Sin entrar en detalles que me desautorizan por lógica falta de información, no puedo dejar de señalar la pena que me da no contar más con la sabia palabra de esta funcionaria, y con la atención poco común y frecuente de interesarse en acciones comunitarias para defender el patrimonio porteño.

* Legisladora por el Frente Progresista Popular.

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